Me encontraba encerrada en una habitación blanca con paredes acolchonadas, de esas para que bajo ningún punto de vista puedas hacerte daño a ti misma, solo me faltaba la camisa de fuerza. No había ventanas, únicamente rejillas de la ventilación y ubicadas bien altas, una luz blanca alumbraba el lugar. Años atrás había estado en este mismo sitio, la clínica psiquiátrica de tío Hugh. Había sido una tortura permanecer acá cuando volví a mis cabales, en las noches se escuchaba todo tipo de gritos, durante el día me cruzaba con personas que decían incoherencias todo el tiempo, desde una que se creía Abraham Lincoln hasta otra que me atacaba porque decía que yo era un vampiro que quería alimentarme de ella, prefería morir que volver a este lugar. Estaba hecha una bola con las rodillas pegadas

