En la terraza, cuando Liam me arrastro por los pasillos, no tenía ni idea de donde me estaba conduciendo y tampoco me importaba, lo que sí sabía era cual era su intención, la misma que la mía: dar rienda suelta de una vez por todas al deseo. Yo no tenía sentimientos por él, nunca me permití pensar de esa manera y él tampoco había puesto de su parte para que yo siquiera sintiera un mínimo aprecio, pero esa noche lo quería sobre mí, lo deseaba con todo mi cuerpo, quería que me tomara. Caminaba como un loco, por momentos supuse que se iba a echar a correr, llegamos a la puerta de una habitación, saco su tarjeta de ingreso y me pregunto: —¿Estás segura de que quieres entrar? Porque una vez que entres no estoy seguro de poder dejarte ir — su voz era ronca y cargada de pasión. Mierda, escuc

