— ¿Cómo están tan seguras?— es lo primero que se me ocurre decir después de contarle a Valeria y a Alice todos y cada uno de los mensajes que me han llegado. La mesera ya nos ha traído nuestras malteadas y la expresión de Valeria parece haberse relajado un poco, aunque yo sigo sin poder olvidar el hecho de que fue a contarle todo a Alice sin siquiera darme la oportunidad de hacerlo yo. Quizás tuve muchas oportunidades. Quizás debería estar agradecida con Valeria porque me quitó un peso de encima; ella fue la encargada de decirle todo a Alice y yo no tuve que juntar el coraje para hacerlo. Probablemente no debería confiar en Valeria; toda su personalidad le da un aspecto macabro y aterrado, y no puedo dejar de pensar en la manera en la que simplemente se aparece en lugares como si supiera

