Mis nudillos chocan con la puerta de la casa de Alice e inmediatamente el rostro de Frances se aparece del otro lado. Ella lleva una expresión de molestia pero en cuanto me ve se suaviza por completo. — ¡Charlie!— me recibe emocionada, dejando que sus brazos se enrollen alrededor de mi cuerpo— iba de salida, pero puedes quedarte con Amélie. — ¿A dónde vas?— me atrevo a preguntar. Antes de que Frances pueda decir algo, Amélie se aparece desde atrás de nosotras y gruñe por lo bajo. — A follar— me sonríe, algo incómoda. — Oh. La puerta se cierra de golpe y yo hago mi camino al interior de la casa— al parecer, vacía— de Alice. Mis piernas se deslizan hasta uno de los sillones y mi estado de ánimo rápidamente se va en picada; después de todo lo que sucedió hoy, tenía la esperanza de que Al

