Sus manos tiemblan. Está a punto de desmayarse; está a punto de desmoronarse. Sabía que no podría con eso. Sabía que sería demasiado y aún así, lo hizo. Asesinó a Camila pensando que eso haría que se sintiera mejor; le quito sus suspiros y mientras se juraba que era lo que Camila merecía. Que todo estaba bien, pero definitivamente no lo está. Si todo estuviera bien, sus manos no estarían temblando. No estaría a punto de desmayarse. No estaría al borde de desmoronarse por completo. No estaría de pie tocando la puerta de la persona en la que más confía. Pero lo está. La puerta se abre de golpe. Su rostro se aparece y una sensación de satisfacción recorre su cuerpo; sabe que encontrará la ayuda que necesita. La calma que solamente ciertas personas pueden brindarte. — La asesiné— es

