Ella le devolvió el abrazo con fuerza, transmitiéndole su amor y determinación, aunque él ignorara eso. —Juntos podemos con esto y mucho más. Seré tu apoyo. No lo dudes. —Gracias… Dentro de la estancia, la luna llena iluminaba la estancia, evocando un sentimiento de amor que perseguía florecer a pesar de las adversidades. Ella se acostó mientras él arreglaba el sofá para descansar, ella se durmió casi al instante. La luz de la luna se propagaba por la ventana, impregnando la habitación en un resplandor plateado que parecía suspender el tiempo. Diego, con la mirada perdida en el cielo nocturno, sentía cómo la serenidad del espacio exterior se reflejaba en su interior, brindándole una paz inesperada ante la inminente confrontación. Mariana, que ahora es su compañera incondicional, yacía

