El aire estaba impregnado de una dulce sensación de comienzo. Cada paso que dábamos hacia el coche era un paso hacia nuestro futuro juntos. Diego, con esa sonrisa que tanto amaba, reflejaba la luz del sol de la tarde, dándole un halo casi angelical. «¿Lista para nuestra nueva vida?» Su pregunta, simple, pero cargada de significado, resonó en mi mente mientras nos alejábamos de la oficina del abogado, ese umbral que habíamos cruzado juntos, dejando atrás la formalidad de los documentos y las firmas para adentrarnos en la realidad de nuestro compromiso. «Lista», mi respuesta fue un susurro, pero con la fuerza de una promesa. Los nervios y la emoción se entrelazaban en mi estómago, pero la presencia de Diego, firme y segura, disipaba cualquier sombra de duda. Su mano encontró la mía, y en es

