—Andrés, cariño —toco la puerta de la habitación de mi hijo —. ¿Podemos hablar? Pregunto en el marco sin pasar. No es que no pueda hacerlo, parada nada. Es solo que estoy tan nerviosa que ahora me da por pedir permiso. Mi bebé asiente y dejando a un lado su libro de estudio me sonríe. —Hola mamá —Hola mi amor. Me siento en la orilla de la cama viéndolo a los ojos. —Andrés, cariño… yo… —esto es más difícil de lo que imaginaba—. ¿Recuerdas que una vez te dije que tu padre estaba muy lejos de nosotros? —Sí. Y no quise preguntarte más por qué te veías muy triste hablando de eso. Asiento con mis labios apretados. —Bueno mi amor, él ha vuelto. Tu padre ha vuelto y quiere… quiere conocerte más y estar en tu vida… si tú se lo permites, claro. Mi corazón está latiendo muy rápido por este m

