De regreso a Seattle. Llegamos apenas hace un par de horas. Hoy es sábado, y aunque el día debería de estar animado, tengo un hombre malhumorado en alguna parte de la casa. No hubo manera de hacerlo cambiar de opinión. Ayer, luego de llegar al hotel y dejarme con las palabras en la boca, se ocupó en trabajar en total silencio. Me habló con respeto y cierta dulzura, nada más porque estaba Andrés presente, pero ambos sabemos que estaba simulando su molestia. Lo busqué en la noche, y nada más se limitó a abrazarme y listo. Y luego esta mañana en el aeropuerto de Nueva York, tomó mi mano, cuidó de mí, pero sigue distante. Ya a esta altura no sé qué pensar con todo esto. Todos ven algo malo en Nicolás ¿Por qué yo no? Él me apoyó, estuvo conmigo cuando no tenía a nadie, me aceptó con mis térm

