“—Ema, cállate de una maldita vez y camina. En todo el vuelo a casa no quiero escuchar tus malditos berrinches y quejas. Te subirás al auto en total silencio, al igual que en el jet. Tan solo una palabra que salga de tu boquita y te juro Ema que lo lamentarás—” Las palabras de Nicolás han quedado grababa en mi mente. Jamás me había hablado de tal forma, jamás me ha levantado la voz, ni mucho menos mirarme como me vio. Las paredes de ese casino fueron testigo del miedo que sentí en este instante ante su ira. Estaba colérico, airoso, endemoniado. No era el Nicolás que yo conozco, o solía conocer. Pero, aun con el temor en mi corazón, no me dejo. Para la muestra un botón. Cuando salí de mi estado de shock, le he dado semejante bofetada, peor y más fuerte de la que le di a Célibe aquel d

