* Justo cuando terminé el jugo, él me preguntó: —¿Puedo venir por ti hoy? Asentí. Era mejor tener a Ryan que tener a cualquier persona soplándome de cerca, o a la prensa, esperándome. Cuando llegamos al imponente edificio de la Blackwood, le dije: —Gracias, hermano. Pero Ryan me agarró del brazo antes de que pudiera salir. —Luna, quiero que te quedes hoy en mi casa. Será más fácil. Me quedé pensando. ¿Su casa? ¿La única persona en mi vida que no me juzgaba? —¿Será que puedas? —me preguntó, notando mi duda. Lo miré y me rendí. —Está bien, Ryan. Pero mi ropa. Ryan sonrió, una sonrisa de victoria y alivio. —Tengo ropa nueva para ti. Una de mis empleadas me las vendió. Son nuevas. No te preocupes por nada. Sonreí, conmovida por su previsión y su intento de cuidarme. —Adiós —l

