El día de mi supuesta boda con Vicenzo Rossellini, amaneció con un cielo gris plomizo, como si hasta el clima quisiera reflejar la farsa que estábamos a punto de representar. Me encontraba frente al espejo de un lujoso tocador, observando a una extraña con mi rostro vistiendo un elegante vestido blanco. Las manos me temblaban mientras intentaba ajustar el velo. —Déjame ayudarte con eso, querida —dijo una voz melosa a mis espaldas. Era la madre de Giulia, su sonrisa tensa contrastando con la frialdad de sus ojos—. Recuerda, hoy es el día más feliz de tu vida. Asentí mecánicamente, repasando mentalmente la absurda historia que habían fabricado para justificar mi liberación y este repentino matrimonio. Un ladrón, pruebas circunstanciales, un error judicial... y por supuesto, el florecient

