Alice se levantó con rapidez, su corazón latía con fuerza mientras buscaba en los cajones de su cómoda. Sacó una pequeña caja y la miró por largo rato, murmurando palabras impregnadas de desdén. — "Debe haber una forma de lastimarte donde más te duela, hijo de mala madre" —pensó, sintiendo cómo la amargura retorcía sus labios en un gesto despectivo. Conocía bien la naturaleza cruel de Carlos; rápidamente concluyó que lo único que realmente amaba era el dinero. La frustración la envolvía como una niebla densa. “Debo dejarte arruinado”, se decía, mientras una sombra oscura nublaba su humor. Fue entonces cuando decidió salir a dar una vuelta. Un instinto reprimido la llevó hasta la clínica, donde esperaba un encuentro casual con ese joven doctor que tanto la atraía. Había algo magnéti

