Alfredo Mendizábal Estaba completamente enfadado con Gina. No podía creer la forma en la que estaba utilizando a mi hijo. Le pedí a Mateo que subiera a mi cuarto mientras intentaba calmarla. — Es increíble que tu obsesión por Aisa sea más grande que tu amor por nuestra familia, Gina. Ella no te quiere, jamás te ha querido. No es más que una niña rica y caprichosa. ¿Crees que dejará su vida por ti como lo he hecho yo?— Gritó Gina. —No pretendo que Aisa deje nada por mí. Yo le daré todo.— Advertí molesto. —No eres más que un muerto de hambre, Alfredo, y ella no tardará en darse cuenta — Me insulta Gina. —Si eso es todo, lárgate Gina. Solo te advierto que no usarás a mi hijo en mi contra.— Advertí — Ya consulté con un abogado para quedarme con la custodia completa. — Gina, tú no tien

