El calor del abrazo de Jhon me reconfortaba después de días tan agotadores. No había pisado la oficina en lo que parecía una eternidad, dedicando cada minuto al cuidado de mi abuelo. Me encuentro acostada entre sus brazos lo cual me reconforta. —Gracias por estar aquí hoy, Jhon. Significa mucho para mí —susurré, sintiendo cómo se aferraba a mí con un gesto cálido y protector. Él me acarició el cabello con ternura.— No tienes que agradecerlo. Estoy aquí para lo que necesites, siempre —dijo, su voz impregnada de sinceridad y cariño. El sábado había sido un pequeño oasis en medio del caos. Decidí tomarme ese día libre de las preocupaciones y responsabilidades, solo para estar con él. Jhon entendió mi necesidad de escapar por un momento de la tristeza y el estrés. —¿Cómo está tu abuelo hoy

