Cuando me desperté, sentía que mi cabeza estaba a punto de estallar. Poco a poco comencé a recordar lo que había pasado. John, solamente en boxers, entró en la habitación con un gran desayuno y pastillas para el dolor de cabeza. Suspiré unos minutos porque mi entrepierna me ardía muchísimo, aunque no recordaba totalmente, era evidente que habíamos tenido sexo. —¡Feliz cumpleaños nuevamente, amor!— Él depósito un beso en mi frente —¿Amor? ¿En qué momento tú y yo somos novios...?— Pregunté confundida. —Por Dios, Aisa, ya eres mi mujer. Somos adultos y no necesitamos las tonterías de un noviazgo. — Espera un momento, John. No recuerdo haberte dicho que quería algo serio contigo —respondí, sintiendo un nudo en el estómago. John parecía confundido y un poco molesto. — No necesitas decir

