No había logrado dejar de llorar durante toda la tarde. No podía dejar de pensar en Freddy y Gina siendo una familia, estando juntos con ese bebé, mientras yo me sentía destrozada. Cuando finalmente me sentí mejor, me duché, me puse un vestido corto y bajé las escaleras. Estaba a punto de hablar con mi abuelo en su despacho cuando lo escuché hablar con Ezequiel, su hombre de confianza. —Su nieta insiste en viajar a México, señor, y usted no puede impedírselo. —Claro que lo haré. Aisa no se irá a ningún lado. He hecho demasiado para tenerla aquí. Me detuve en seco, mi corazón latiendo acelerado. ¿De qué estaba hablando mi abuelo? —Aún recuerdo cuando pagó esa gran cantidad de dinero para que rechazaran su solicitud a la universidad o cuando... —continuó Ezequiel, pero mi abuelo lo inter

