Ayer fue un día pesado. Desde la mañana me sentí fatal, apenas pude comer un sándwich y tomar un poco de jugo antes de volver a la cama. No recuerdo haberme sentido tan cansada en mucho tiempo. La idea de levantarme para cualquier cosa me resultaba agotadora. Recuerdo que tenía planes importantes para ese día. Quería visitar a mi madre y hablar con mi abuelo sobre Freddy, pero todo se desvaneció entre el sueño y el malestar. Me quedé dormida hasta el mediodía, cuando Jhon me despertó trayéndome algo para comer. —Amor, lamento lo de ayer. No quise gritarte. Te traje tu jugo favorito —me dijo Jhon con voz suave y preocupada. —No tengo hambre, Jhon. Dormí todo el día y aún tengo sueño —respondí con un bostezo largo, sintiendo la pesadez en cada palabra. —No está mal que descanses, cariño.

