—¡Felicidades, no estas embarazada! —dijo la doctora. Me dejé caer en el asiento mientras Alonso seguía pálido y con la boca abierta. —¿Por dios por qué dijo eso? —preguntó Alonso confundido. —¿Decir qué? —preguntó la doctora igual o más confundida que yo. —¿No se supone que usted debe decir eso de felicitaciones cuando sí están embarazadas? —preguntó Alonso, en todo caso tenía razón por un momento creí que iba a decir que estaba embarazada. —Creí que para ustedes era al revés —dijo encogiéndose de hombros—. Son muy jóvenes para tener un bebé — Esa mujer es sabia (nótese el sarcasmo), por lo menos no estoy embarazada. Desde hoy usaremos protección siempre. —Sí doctora, gracias por todo —dije sonriéndole y levantándome de la silla. —Es mi trabajo —dijo sin mirarnos. Me quedé miran

