A la mañana siguiente me costó un montón levantarme, tanto así que mi mamá me mojo la cara con agua helada para que despertara. Amo a esa mujer pero en ese momento pensé mil maneras de asesinarla. Me levanté peor que un perezoso y entre a la ducha, tenía la cara congelada con el agua fría así que cuando entre a la ducha de agua caliente fue el verdadero paraíso. Cuando baje a tomar desayuno ya todos estaban sentados y no falta decir que Alonso se veía malditamente caliente en esos vaqueros negros y la camiseta blanca y para agregar al impacto un gorro n***o. Suspire. —Hola hija —dijo mi mamá dándome un beso en la mejilla y sacándome de mis pensamientos sucios donde el protagonista era adivinen, si Alonso. Son tan inteligentes ustedes. —Hola mamá —dije —Buenos días Tamara —dijo Roberto

