Esto es incómodo, es la primera vez que Jerry cena con nosotros y el hecho de que Dominic esté aquí eleva el nivel a un punto crítico, no estoy cómoda y no me molesto en disimularlo, estoy completamente sería picoteando mi comida que de pronto me sabe insípida, sé que mi padre se siente igual con el extraño, la única que se está encargando de aligerar el ambiente es mi madre.
— Fue muy amable de este caballero traer a Dania a casa, no quiero imaginar como hubiera llegado de empapada, mi pobre alfombra importada hubiera terminado estropeada por el agua cuando ella entrara...
"Lo está intentando"
"Se está esforzando... creo"
Pero por dentro no puedo evitar sentir tanta vergüenza de que mamá esté haciendo esos comentarios frente al desconocido, y enojo al notar que tiene más preocupación para ella una alfombra mojada que yo, cierro los ojos con fuerza unos segundos tomando una gran bocanada de aire y los vuelo abrir, cuando lo hago unos ojos castaños oscuros me observan fijamente, arrugo la frente al verlo, eso provoca que él ladee una sonrisa y siga con su comida.
— ¿De dónde dice que se conocen?.- mi padre le habla a Dominic, en tono un tanto áspero, sonrío un poco, ojalá lo haga sentir incómodo y se marche, el hombre frente a mí se sienta firme y le responde.
— Ella trabaja en la cafetería en la que voy a comprar café en las mañanas.- su voz es firme también, pero más relajada y confiada que la de mi padre.
— Son amigos entonces...
— No.- me apresuro a responder antes de que Dominic lo haga, siento todos los pares de ojos sobre mí, en ningún momento levanto la mirada, yo sigo con mi comida. - Él solo es un cliente habitual con el que me he encontrado varias veces, hasta hace apenas unas horas conocí su nombre y él el mío, así que podríamos considerarnos solo conocidos...
— Bueno, con más razón se le agradece lo que hizo por nuestra hija, es extraño de ver desconocidos que sean tan amables y buenas personas. - mi madre de nuevo a echarle flores al extraño.
— ¿Y a que se dedica? Si no es indiscreción preguntar.
De alguna manera siento que mi padre está analizando al sujeto, en como habla, se comporta y lo que dice, sus preguntas no son del todo cuestiones, tienen un ligero toque de orden en su voz, comienzo a sentirme aún más asfixiada, es como si en lugar de estar ofreciendo una cena de agradecimiento a un desconocido por traer a su hija a casa, estuvieran analizando a un futuro pretendiente que he traído, es más no sé ni para qué lo invitó mamá a cenar, sí, está bien me trajo a casa en una pieza, pero no me salvó de la muerte o un secuestro, con un simple "gracias, extraño" hubiera estado bien a mi punto de vista... "¿O Usted señor, cree que es muy mal agradecido de mi padre?"
— No para nada, soy dueño de una institución privada que imparte varios tipos de cursos, Esgrima, Ballet, Canto, clases de música con diferentes instrumentos, guitarra, chelo, piano, etc.
Volteo a ver a mi madre al instante que la palabra "piano" salió de la boca del desconocido, y como lo supuse estuvo a punto de hablar, ya podía escuchar él... "Dania sabe tocar piano" niego con la cabeza en su dirección y ella deja caer los hombros y hace un gesto extraño.
— Interesante...
Mi padre se limita a decir solo eso antes de continuar hablando de otra cosa, mi madre me hace un gesto con la cabeza para que la siga, arrugo la frente cuando la veo levantarse.
— Dania y yo iremos a la cocina por más crutones y aderezo para la ensalada.
Mi madre se lleva el aderezo y yo tomo el refractario en el que aún quedan unos pocos crutones y la sigo a la cocina dejando atrás el sonido de las voces de los hombres que están en la mesa, en cuanto cruzo la puerta que separa el comedor de la cocina mi madre me toma de los hombros, en sus ojos hay una chispa de emoción que no comparto y ni entiendo, por lo tanto la miro extraño.
— Es oro puro... - arrugo la frente, su voz suena muy emocionada y frenética.
— ¿De qué habla?.- sacudo los hombros para liberarme de su agarre y dejar el tazón en la barra.
— ¿Cómo que de qué? Ese hombre, Dominic... es un buen partido para ti linda.- siento que se me van a salir los ojos de tanto que los abro, me atraganto con mi saliva del asombro y toso un poco.
— ¿Qué? Debe de estar bromeando ¿Cómo es que está pensando en emparejarme con un hombre que acaba de conocer hace unas horas?
Ella sonríe de manera radiante en lo que se alisa la parte delantera de su vestido, me perturba darme cuenta de que no ve la gravedad del asunto como yo, el sentido común de mamá se fue de vacaciones hace mucho a lo que veo.
— No le veo lo malo, el señor obra de maneras un tanto extrañas para nosotros, pero estoy segura de que ese hombre lo mandó para ti, basta solo verlo para darse cuenta de que es un buen hombre, habló y me di cuenta de que es un hombre muy educado, además es exitoso, hija, es un pretendiente estupendo.
Me pellizco el puente de la nariz y cierro los ojos, no quiero iniciar una discusión y hago lo que jamás había intentado hacer, disimular mi molestia, me enoja mucho que quiera emparejarme con ese desconocido, porque eso es lo que es para mí, un desconocido.
— Mamá, no voy a salir con ese sujeto.
— ¿¡Que?! ¿Pero por qué no? Hija, esos hombres no los puedes dejar pasar así como así. ¿Tienes idea de lo difícil que es encontrar un buen hombre hoy en día?
— No, no tengo idea, porque en primera los hombres no forman parte de mis intereses por el momento, pensar en casarme no está en mis planes aún, además ni siquiera sabe si el hombre es soltero.- el rostro de mi madre cambia a tristeza en cuanto mencionó esa posibilidad. - Quizás él solo fue amable al traerme aquí, un acto de buena fe desinteresado, no vuele tan alto. Me iré a dormir, me siento algo mal, quizás por la lluvia, me tomaré unos antigripales para prevenir y me iré a la cama, discúlpeme con los invitados.
Me acerco a donde esta mi madre y poso mi mano en su hombro, en cuanto menciono que me siento mal su rostro cambia de inmediato a la preocupación, la punzada de culpa crece en mi pecho.
— Oh... si, claro, hija en el botiquín del baño de abajo están las pastillas antigripales, te daré agua, toma dos, son las pastillas azules.
Mamá rodea la barra para darme una botella de agua, me da un beso en la frente y se regresa a la mesa, salgo por la otra puerta que da al pasillo, no me sentía mal, solo quería un pretexto para no regresar a esa mesa, mentí de nuevo, y me siento preocupada de que esta vez no sienta tanta culpa como antes, estoy acostumbrándome a pecar.