Situación inesperada

1162 Palabras
Me toma del brazo para sacarme del auto, me aleja y cierra la puerta con cuidado, su mirada se posa en cada rincón de mi rostro, después recorre mi cuerpo, me pongo rígida de inmediato, poco después su mirada preocupada desaparece y me vuelve a mirar enojada. — Dania... ¿Qué haces en el carro de ese hombre? ¿¡Quién es!? Me quedo en shock, abro la boca para hablar, pero no me salen las palabras me he quedado en blanco, si le digo la verdad me espera un regaño aún más severo, pero antes de que pueda organizar mis ideas Dominic sale del auto y lo rodea para llegar a donde estamos, mi madre se para firme, intentando proteger mi cuerpo con el suyo. — Hola, disculpe, mi nombre es Dominic, miré a Dania salir de la iglesia cuando la lluvia estaba bastante fuerte, así que me ofrecí a traerla a casa, me costó un poco convencerla, pero aquí estamos. - él sonríe, mi madre también lo hace de una manera tensa, busca mi mirada, pero yo la aparto, no sé que decir, ese hombre acaba de mentir por mí. — Oh, entiendo... ¿Y de dónde se conocen? — Voy a comprar café a veces en la cafetería de Andrea, Dania me ha atendido algunas veces. — Conoces a Andrea... oh que grata coincidencia, te agradezco traer a mi hija a casa... ¿Te gustaría quedarte a cenar? Mi mirada viaja a mi madre, como se le ocurre invitar a entrar a casa a un hombre al que no conocemos. — No quiero incomodar, pero gracias. — No, para nada eres bienvenido, ven, es la casa de aquí enfrente. — De acuerdo... Él se encoge de hombros y acepta, ¿Me veré mal si pongo los ojos en blanco en este momento? Mamá me toma del brazo y comenzamos a avanzar a la casa en lo que Dominic, mueve el auto más enfrente. — ¿De verdad le parece bien dejar entrar a casa a un desconocido? Solo lo he visto un par de veces.- mi madre hace un gesto con la mano restándole importancia. — No pasa nada, basta con verlo nada más, tan elegante y educado, es un buen hombre, una buena persona. Ahora si pongo los ojos en blanco, entramos a casa en donde la calidez del aire condicionado me abraza, mi madre permanece en la puerta en lo que espera que Dominic entre. — Dania, dame tu suéter para meterlo a la secadora, está empapado... ¿Gusta que ponga a secar su abrigo también? — Si, por favor Él le da su gabardina a mi madre, después se gira para verme y mantiene su mano tendida en mi dirección, abro mucho los ojos y niego. — Voy a ir a mi habitación para cambiarme.- le digo y ella solo asiente, pero sigue tendiendo la mano — Está bien, pero dame el suéter de una vez - cierro los ojos, no puedo creerlo, pero evito mirar en dirección al hombre que espera en la entrada. — No traigo una blusa abajo mamá. — ¿¡Qué?! ¿Pero por qué? - pongo los ojos en blanco, ella se da cuenta y antes de que me diga algo le respondo. — Hacía calor en la mañana, no podría quitarme el suéter, ya que todas las blusas del armario me quedan muy... ajustadas, no me gusta - abro mucho los ojos y los bajo para que ella se dé cuenta de qué hablo, cuando por fin ata cabos levanta ambas cejas y separa los labios. — Ay hija, deberías de estar orgullosa de ese par, ya quisiera yo ese tamaño. — Mamá...- le digo con los dientes apretados sintiendo que el rostro me arde, ella parece recordar por fin que dejó entrar a un hombre a la casa. — Sí, sí... ya, ve a cambiarte. Me alejo y escucho como le dice a Dominic que espere en la sala en lo que ella regresa, con toda la pena del mundo subo a mi habitación para ponerme otra sudadera y zapatos. Voy al cuarto de lavado, pero mi madre ya no está aquí, detengo la secadora para lanzar mi suéter junto con la gabardina del hombre y la vuelvo a encender para ir a la sala en donde seguro esta mi madre con él. Doblo la esquina, al entrar unos ojos marrones oscuros se posan en mí mientras le da un sorbo a su café, mi mamá no está aquí, me veo tentada a dejarlo aquí solo. — Pensé que mi mamá estaba aquí. - digo y él separa la taza de sus labios. — Comenzó a sonar el teléfono en la cocina y se quedó hablando.- yo asiento firmemente en lo que me adentro a la habitación y me dejo caer en el sillón del otro lado, más alejado de él. - Tienes una casa muy bonita, no entiendo como tu madre logró tener intactos tantos adornos con una niña corriendo por aquí. - me hago pequeña en mi lugar. — No tiene ni un mes que vivo aquí. - él arruga la frente, parece que se acaba de quedar sin palabras, continuo hablando.—Desde muy pequeña me mandaron a un convento, acabo de salir hace poco y estoy intentando, integrarme al mundo exterior por así decirlo. Tiene una mirada que me consume, me analiza a detalle y me siento expuesta ante sus ojos, bajo la mirada; hablar de mi vida es algo que no me apetece, mi pasado considero que es triste y algo de lo que no me gusta hablar, la única razón por la que lo mencioné ahora es para que note en mi tono de voz que es algo de lo que no me gusta hablar, espero que capte la señal, por si a mi madre se le sale hacer un comentario al respecto él no intente seguir ese camino en la conversación. El silencio se ve interrumpido por el sonido de la puerta principal abrirse, levanto el rostro y me encuentro con mi padre, me levanto para ir a recibirlo, está quitándose el abrigo empapado, llevo una gran sonrisa en el rostro mientras me acerco, pero, no viene solo, Jerry entra tras de él, me detengo en seco y la sonrisa se me borra, cuando sus ojos color miel se posan en mí aparta la mirada de inmediato, como si no se tratara más que de un mueble más en la casa, por lo menos debo de darle méritos porque está cumpliendo su palabra alejándose de mí. Los zapatos de mi madre resuenan en las relucientes baldosas en lo que se acerca, por mi parte comienzo a retroceder, la atención de mi padre está en el hombre que lo acompaña, será una cena un tanto incómoda para mí, ahora nos acompañara un desconocido misterioso y un conocido que lo único que comparten en común es que yo no quiera sus presencias aquí.
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