Dania.
3:15 pm... la misa ya ha iniciado y aún estoy aquí parada en la puerta esperando por, él... me siento estúpida, no entiendo como fui a creer que él vendría incluso me tomé más tiempo del siempre en arreglarme y verme mejor... no entiendo por qué lo hice y ahora que estoy parada como tonta, sola aquí en la entrada me siento... absurda.
No tengo ganas de entrar a la iglesia ahora, me siento tan molesta conmigo misma por creerle, por siquiera pensar en darle una oportunidad para que cambiara mi parecer respecto a él y más que nada, lo hice porque mi santidad me dictó que era lo correcto, se refirió a él mismo como una oveja en busca del buen camino, miré eso como una señal del señor para ayudarlo, pero...
— ¿Por qué me das señales tan confusas? En primer lugar no debiste ponerlo en mi camino... cuando te pedí más emoción en mi vida no esperaba algo como... él.
Hablo con el señor en lo que comienzo a caminar, hay zonas más allá que no he visto y ahora me mata la curiosidad por conocer, si me pierdo puedo usar esa cosa del GPS que me dijo Dulce que sirve para saber en donde estas, entro en la aplicación y observo lo que hay alrededor y comienzo a andar, estoy agradecida de tener esta cosa ahora.
Conforme avanzo me voy alejando de la zona de casas encuentro locales y edificios, comienzo aventurarme en zonas más transitadas, para no perderme solo comencé a caminar en línea recta una vez pasando el edificio del pecado para que no me fuera a perder.
A lo que he recorrido me he topado con una tienda de artículos varios, una florería, una tienda de ropa y un restaurante... el cielo comienza a perder brillo de repente, el color azul claro se ve opacado por el gris y comienza a soplar más viento.
"Creo que es hora de regresar"
Miro el reloj en el teléfono en lo que me doy la vuelta para tomar el mismo camino por el que llegué, faltan 15 minutos para las 4, así que alcanzo a regresar a la iglesia y llegar a mi casa a tiempo, meto el aparato en la bolsa delantera de mi amplia sudadera y sigo andando, de pronto una gota de agua me cae en la punta de la nariz, de esa le sigue otra en la mejilla y cuando levanto el rostro cae otra en mi frente.
— Rayos...
Me pongo la capucha de la sudadera y comienzo a caminar con más rapidez, las personas que estaban en la calle han desaparecido dentro de algunos de los locales para resguardarse de la inesperada lluvia, yo no puedo hacerlo, tengo que llegar a la iglesia por lo menos, ahí mis padres podrían ir a buscarme, pero la fuerza de la lluvia me toma desprevenida, el cielo radiante de esta mañana no dio indicios de esta pequeña tormenta. Un auto oscuro se detiene justo unos pasos por delante de mí, me pongo tensa y apresuro el paso, noto como un hombre sale, estaba a punto de correr.
— ¡Ey linda!.- abre un paraguas y rodea el auto, me detengo arrugando la frente ante esa voz conocida, lleva una gabardina negra, cuando levanta el paraguas logro ver su rostro, es el sujeto de la cafetería.— Hola, sabía que eras tú. ¿Quieres que te lleve a casa?
Me quedo pasmada unos minutos, miro su auto, ni siquiera lo conozco, no subiré con él.
— No gracias, solo voy a la iglesia.
— Está lloviendo mucho, te vas a empapar... deja que te lleve. - se acerca a donde estoy parándose muy cerca para cubrirme a mí también con el paraguas, levanto el rostro para verlo, es tan alto como el acosador, de solo acordarme de él me pongo de mal humor.
— Descuide, no quiero ser grosera, pero no lo conozco como para aceptar subir al auto con usted.
— Bueno, tienes un punto lo reconozco... nunca pudimos presentarnos adecuadamente - me tiende una mano cubierta por unos guantes oscuros.— mi nombre es Dominic McCarthy.
Miro su mano frente a mí, me revuelvo un poco incómoda, sería de mala educación dejarlo con la mano extendida, me limpio la humedad en mi sudadera y estrecho su mano.
— Mi nombre es Dania - él toma mi mano y de repente se inclina y deposita un ligero beso en el dorso, lo miro sorprendida.
— Es un gusto conocerte Dania, tienes un nombre muy bonito - me siento avergonzada de repente, sus ojos oscuros me observan fijamente, retiro mi mano de inmediato.
— Gracias... - saco el celular para observar la pantalla, casi me da un infarto cuando veo que son las cuatro con 3 minutos. ¿¡En qué momento el tiempo comenzó a andar tan deprisa!? - Tengo que irme, tengo que correr, no alcanzaré a llegar.
— Te llevo en el auto, será rápido... te prometo que no intentaré nada extraño.
Me debato en sí aceptar o no su propuesta, no es bueno confiar en extraños y aunque ya he visto varias veces a este sujeto no entra en la categoría de conocidos, supongo, pero ni corriendo lograría llegar a la iglesia, no quiero que mis padres se den cuenta de que me fui a otro lugar, solo lograré que me hagan más corta la soga que han permitido extender para mí.
— De acuerdo, ¿Podrías llevarme a mi casa por favor? - una sonrisa radiante se dibuja en su rostro.
— Claro
Abre la puerta del copiloto para mí, entro y en cuanto la cierra pongo el número de mis padres para llamarlos si algo se pone raro, él entra del otro lado, el paraguas lo manda a la parte de atrás y nos ponemos en camino, le digo en donde esta mi casa y comienza a manejar en silencio, estoy ansiosa, moviendo las manos y las piernas.
— Tranquila, te veo muy nerviosa, no te haré nada...- volteo a verlo, la verdad que él pasó a ser una preocupación secundaria.
— Oh no es por ti, lo siento, es solo que... se supone que tenía que estar en la iglesia y si se dan cuenta de que no estuve ahí... - no termino la frase, veo como él sonríe.
— Entiendo...
Una vez pasando la iglesia me siento más tranquila, ahora el sujeto a mi lado pasó a ser la preocupación primordial, no quiero que me vean con él, me regañarían por subirme en el auto de un extraño seguramente, cuando ya estamos muy cerca le pido que se detenga una casa antes.
— ¿Esta es tu casa?.- pregunta mientras observa la casa amarilla de los vecinos.
— No, es la que está más adelante, pero no quiero que mis padres me vean contigo... sin ofender, pero en cuanto les diga que no te conozco bien me regañaran por subirme en el auto de un extraño.
— Eres una niña buena de casa a lo que veo.
No sé que responder a eso, no sé si lo dice como un simple comentario o lo hizo con humor, de repente siento que el ambiente se está poniendo tenso, así que me giro para abrir la puerta.
— Si, eso creo... te agradezco mucho, tus próximos 3 cafés van por mi cuenta.
No me espero a que responda, en cuanto abro la puerta me encuentro con una mujer con vestido rojo sujetando un paraguas con una mano mientras la otra la tiene apoyada en su cadera, levanto la mirada solo para encontrarme con un rostro molesto... Mierda, es mamá