Alessandro.
Me impresiona su persistencia en querer mantenerme alejado, ella es un enigma para mí, y sinceramente no quiero alejarme de ella, incluso ya me siento cómodo con sus desplantes y malas caras a mi persona; ella se para firme frente a mí, preguntándome que quiero para irme y la verdad es que no quiero nada... no me imagino alejándome, su cuerpo no me lo va a dar, y un beso solo desencadenaría una necesidad por ella, no soy tan idiota, ella es como una droga, una probada no será suficiente.
— Bueno... pon tus ofertas sobre la mesa y te diré si me interesa alguna ...- le sonrío, de una manera oscura que solo uso para los negocios, curiosamente ella no se mira para nada afectada, solo entrecierra los ojos y me analiza con cuidado.
— Mi cuerpo no está en negociación, tú dime que es lo que quieres y veré si está dentro de mis límites. - suelto una risa.
— Tratándose de una chica como tú, estoy seguro de que si te pido que me muestres la rodilla será mucho.- la palma de su mano se estrella con mi frente, al tomarme desprevenido la cabeza se me va para atrás y siento que se tensa la piel de mi cuello.
— ¡Deja de burlarte de mí!
— De acuerdo, de acuerdo lo siento... mal comentario, mejor dime... ¿Por qué ansías tanto deshacerte de mí?
— ¿Por qué te aferras tanto a acosarme?.- Ladeo la cabeza y la observo con curiosidad, la campanilla del local suena, me hago a un lado y aprovecho para pensar en una respuesta para ella, podría medio sincerarme con ella, si de esa manera consigo que ella responda a la mía; atiende a la mujer de al frente y cuando se marcha me pongo al lado de ella y hablo.
— Me resultas un enigma, una mujer muy difícil de comprender y siento que quizás la única razón por la que te persigo es... curiosidad. — Y porque mi ego herido me impide marcharme no sin antes conseguir lo que me propuse de ella, una sonrisa, que se sonroje y deje de verme con odio... no sé lo diré por la única razón de que quiero conseguirlo por mis propios medios, si ella lo sabe probablemente sea capaz de fingir para que me aleje.
Ella suspira pesadamente y cierra los ojos unos cuantos segundos, sus hombros se relajan y su aura hostil en mi contra se reduce tan solo un poco, cuando abre los ojos baja la mirada y habla.
— Me meteré en problemas si mis padres me miran con alguien como tú... no quiero ser prejuiciosa, pero solo date cuenta de que nos desenvolvemos en los lados contrarios de la calle, yo en una iglesia, tú en un prostíbulo. No tenemos nada en común, no hay manera en que nos llevemos bien de verdad. Convivir contigo sería jugar con fuego, yo no quiero dejarme envolver por tu oscuridad.
Medito la realidad que dictan sus palabras, me crea un agujero en el pecho.
¿Qué espero para marcharme?
Stefan ya me lo dijo
Darel ya me lo dijo
Ella... también.
Entre ella y yo no puede haber nada, quedarme cerca solo significaría arrastrarla a mi vida de pecado y apagar su luz con mi oscuridad... mi sentido común me dice que me largue, que esto se acabó y lo mejor es dejarla en paz, pero una parte aún mayor de mí y con más fuerza se niega a alejarse sin conseguir lo que quiero de ella...
— ¿Y sí...? Intento acercarme un poco más a la luz...
Ni siquiera yo puedo creer lo que acabo de decir, ella levanta ambas cejas sorprendía y me contengo de guardar mi propia conmoción para mí mismo, pero si lo pienso bien, no es mala idea, después de todo soy Católico de nacimiento, su iglesia es diferente creo, pero que más da... de esa manera podría acercarme a ella, no se metería en problemas con sus padres al ver que soy... "Un hombre de iglesia" o eso espero, y quizás solo así ella confíe en mí para bajar la guardia y regalarme una sonrisa por lo menos.
— ¿Qué...?.- sus palabras me regresan a la realidad, yo me encojo de hombros.
— Ya sabés, ir a la iglesia contigo... no tengo problema con ello, después de todo, soy Católico.
— ¿Tú?.- pongo los ojos en blanco.
— Si yo... no es tan difícil de creer, quizás no tengo una pinta impecable, pero no soy mala persona... solo, quizás una oveja descarriada que necesita encontrar el camino.
Ella se queda pensativa, la ira flamante de sus ojos se ha apagado, pero aún me observa con recelo... está dudando, y bueno, es válido, después de todo una muy buena primera impresión no le cause.
— ¿De verdad te interesa acercarte al señor o solo lo haces para acercarte a mí?.- ladeo la boca.
— ¿No pueden ser ambas?.- ella niega con la cabeza y suspira.
— Descanso pasado mañana... a las 3 pm hay una misa, mis padres no asisten así que podría ser un buen inicio si quieres.
— Sí... si quiero.- sus ojos verdes se unen con los míos, no pude contener la desesperación, la incertidumbre se arremolina en su mirada, que la aparta tan deprisa como siempre.
— Bien, nos vemos en la entrada de la iglesia a las 3 pm entonces.
— Si, ahí estaré.
Me encamino a la salida, no sin antes dejarle la rosa que había traído para ella en la barra al lado de su caja, ella la mira unos instantes antes de levantar la mirada en mi dirección, le sonrío ligeramente y salgo del local.
Entro al auto y me dirijo a casa, me siento... un poco emocionado, ¿Ir a la iglesia con una chica puede considerarse como una cita? Hace tanto que no voy a la iglesia, solo espero no quedarme dormido.
Llego a casa, estaciono el auto y al salir veo a Stefan dirigirse de mala gana en mi dirección.
— Tenemos problemas en la zona de Alexis, vamos. - lo sigo y me meto en el auto que ya espera por él.
— ¿Y ahora que pasó?
— Un político de por ahí está dando algunos problemas, está culpando a nuestra organización de cosas que no hemos hecho, yo si puedo mostrar mi cara en la sociedad así que vamos a ir a atender eso.
— ¿No sería mejor tener un jefe de zona que si pueda dar la cara a sus problemas?.- Stefan me fulmina con la mirada, desde que Renata tuvo que irse tiene un genio horrible.
— No vale ni la pena intentar explicarte algo que no entiendes... duraremos una semana ahí, así que quiero que estés atento y aprendas.
— ¡Una semana!.- no, no puedo irme ahora quedé con Dania. — No puedo irme por tanto tiempo, quedé con una chica de... - él se lleva la mano al rostro, acto que me hace callar.
— Déjate de cosas ¿Si? Las mujeres pueden esperar, dentro de unos cuántos meses tendrás que irte a otra ciudad a tomar tu puesto y no voy a ir a estarte salvando el trasero cada que lo necesites, me importan un cuerno tus planes, si no puedes con ello dime y te regreso a Italia en ese momento.
Como dije, Stefan no ha estado del mejor humor en este tiempo, ha vuelto a ser el mismo amargado y severo, su amenaza no es vacía.