Por más que me esfuerzo no le entiendo muy bien a esta cosa, el celular tiene bastantes funciones... ¿Para qué tanta cosa? Lo único que ocupo es hacer llamadas y quizás la cámara es otra de las cosas que me parecen útiles, fuera de ahí quién sabe para qué sean los demás iconos de colores.
— Wow… tienes el modelo de celular más reciente y mejor del mercado.- la voz de mi compañera me hace levantar la cabeza y observarla, tiene la mirada fija en el aparato en mi mano.
— ¿De verdad?.- le digo ahora yo miro el celular. — Mi padre me lo regaló ayer, la verdad no sé de esto, nunca he tenido un celular.- ella sonríe dejando ver sus perfectos dientes blancos.
— ¿Tu primer celular? Pues cuántos años tienes.
— 21.- ella aparta la mirada de su celular y abre mucho los ojos.
— ¿¡Qué?! ¿¡Y es tu primer celular!? En donde vivías, ¿bajo una roca?.- me encojo de hombros y también sonrío.— Ven te enseñaré lo básico para usarlo.
El nombre de ella es Dulce, ya nos habíamos presentado, pero no habíamos tenido la oportunidad de conversar tanto, principalmente porque el tiempo libre ella lo aprovechaba para ir al baño o en su celular, me explicó como hacer una llamada que es lo que más me importaba, como usar la cámara y guardar contactos nuevos, lo demás sobre uso de r************* y juegos no me interesa tanto.
— Ey... guardaré mi número aquí, así puedes mandarme mensajes cuando gustes... ahora que ya tienes un celular puedes darle tu número a ese galán que viene seguido a buscarte.
Arrugo la frente y me separo un poco de ella para verla, sus ojos oscuros tienen un toque de picardía en su mirada... "Ella no está hablando del acosador ¿verdad...?"
— ¿Quién?.- le pregunto con inocencia, ella pone los ojos en blanco y sonríe.
— Ese hombre de traje lleno de tatuajes, es tan guapo, desprende peligro en cada poro de su piel, santo cielo, podría apostar lo que fuera que es estupendo en la cama, no entiendo como es que no le has hecho caso, sé que las relaciones sentimentales son una mierda, pero ese hombre no esta nada mal para algo casual de una sola noche.
Levanto ambas cejas y siento que se me corta la respiración, Dulce posiblemente tiene unos cuatro años más que yo, me sorprende que nuestros pensamientos sean tan, diferentes, ella me tiende el celular con una gran sonrisa, lo tomo y guardo en el bolsillo trasero de mis pantalones, me observa paciente, espera que diga algo, pero la verdad hablar de ese sujeto no me apetece.
— Ya sé quién dices... la verdad es que no me interesa, no soy de cosas de una sola noche... ¿Me explico?.- ella levanta ambas cejas, sorprendida, atrapo mi labio inferior temiendo ser juzgada por mi forma de pensar.
— Oh... si, claro, entiendo, eres de rosas, citas y anillo ¿No es así?, es totalmente válido, por lo que veo nadie te ha roto el corazón. - ahora su mirada cambia a una de pesar, miro nerviosa a otro lado, me siento fuera de lugar y sinfonía en este momento.
— ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?.- ella se aleja y se para frente a su caja, su postura parece desganada, pasan pocos segundos para que responda.
— A veces, después de tantas decepciones y heridas el corazón se va apagando, dejas de creer y buscar el amor perfecto, te convences a ti misma de que algo así no existe, por lo menos no para ti.- en su tono de voz se filtra una tristeza tan grande que hace que mi corazón duela por ella, pero de pronto voltea a verme y su bonita sonrisa se ensancha. — Espero que no te pasé algo así, aunque creo que es inevitable que nos rompan el corazón por lo menos una vez, pero si eso de flores y citas es lo que buscas ese hombre no es para ti.
— Lo sé, así que todo tuyo si quieres.- ella levanta ambas manos y niega con la cabeza.
— No, no... yo sé cuando una batalla está perdida y no tendría sentido tratar de acercarme a ese hombre, tú eres su presa... tiene el ojo en ti.- cielos que alguien más me lo diga y se dé cuenta es aún peor.
— ¿Cómo me deshago de él?.- ella sonríe mientras tiene sus ojos fijos en el celular.
— No puedes... si ese hombre es como creo, solo hay una manera de alejarlo y es dándole lo que quiere.
La campanilla de la puerta suena y crea un incómodo silencio de repente, mi compañera Dulce creo que se da cuenta de que me encuentro un poco aturdida y no es para menos, la idea de no poder deshacerme de ese hombre a menos que... me acueste con él es... abrumador.
De pronto el contacto con algo suave en mi mejilla me hace volver a la realidad, los pétalos de una rosa me acarician la piel, retrocedo de inmediato y sigo el camino del tallo hasta unos nudillos tatuados, cuando mis ojos llegan al rostro ya tengo mala cara.
— Buen día, pequeña fiera, te traje esta rosa como agradecimiento por impedir que la policía viniera por mi ayer. - Aprieto los labios, escucho una risita a mi lado y veo como Dulce se aleja con la mirada fija en el teléfono, golpeo la rosa con la mano para alejarla de mi rostro, él solo sonríe y se la acerca para olerla, la imagen me resulta tan... no lo sé, no sabría describirlo, aparto la mirada y me cruzo de brazos.
— No lo hice por ti... lo hice por mí, no quería meterme en líos en mi trabajo, mucho menos tener que lidiar con la policía por tu culpa.
— Aja, si claro...
Su sonrisa me molesta, comienza hacerme sentir extraña y en verdad odio eso... no lo quiero cerca de mí, mientras más pasa el tiempo comienzo a… Tolerar más su presencia, y no quiero.
¿Qué pensarán mis padres si me miran conviviendo y siendo amiga de alguien como él?
No quiero ni pensarlo, él tiene que irse de mi vida, Dulce dijo que solo había una manera de deshacerme de él y era dándole lo que quiere, la otra vez dijo que no quería acostarse conmigo, pero en el fondo siento que eso es lo que quiere y no puedo dárselo, pero... quizás hay otra manera.
— No podemos estar así. - Él arruga la frente y me mira con curiosidad. — Dime que es lo que quieres de mí para que te alejes.
Su rostro se torna un tanto más pensativo, parece molesto, su mirada ha perdido el brillo de la picardía y jugueteo que siempre hay en ellos y se tornan oscuros, sus pupilas envuelven una mirada más pesada.