Alessandro.
En cuanto el avión privado llegó al aeropuerto aproveché que Alexis llegara con nosotros para escapar de Stefan. Al salir tomé un taxi para ir directo a la cafetería, me siento ansioso, algo nervioso y lo más difícil de creer en mí, tengo miedo.
No es la primera vez que dejo plantada a una chica y la verdad es que no quería hacerlo en esta ocasión, pero por causas de fuerza mayor tuve que marcharme, no me apetecía una pelea con Stefan, y ahora tengo pánico de que Dania me rechacé aún más que antes, que piense que solo estaba jugando con ella y temo no volver a tener sobre mí esos bonitos ojos verdes profundos y brillantes como una esmeralda, aunque sea solo para regalarme una mirada molesta.
El camino se me hizo eterno, pero no serviría de nada quitar al conductor de su lugar y yo comenzar a manejar como un demente, desde hace una semana el tiempo transcurre a una lentitud alarmante y justo ahora más que otras veces. Cuando por fin llego a la cafetería le pago al chófer y salgo como una bala del auto, cuando casi llego a la puerta sale un hombre de gabardina negra con su total atención en la pantalla de su celular, no me detengo a verlo mucho, especialmente porque es el hombre que me está haciendo competencia para acosar a Dania al parecer, no me apetece pelear hoy, solo arrugo la nariz cuando paso a su lado y me llega de golpe el aroma floral de su ropa...
Cuando abro la puerta ella está ahí en su lugar de siempre, el sonido de la campanilla la obliga a levantar su mirada, lleva el cabello recogido en una coleta con unos mechones sueltos a los lados, cuando su mirada se une a la mía logro ver algo que me causa un extraño entumecimiento en el pecho, hay una pizca de dolor y decepción, que ella como toda una profesional se encarga de barrer esas emociones para solo dejar lugar a esa ira ardiente que al parecer solo yo logro encender en su interior, trato de controlar mis nervios mientras me acerco con fingida despreocupación hacia ella.
— Hola, fiera... ¿Me extrañaste?.- me recargo al lado de ella para no interferir con los clientes que vayan a llegar, ella deja de verme como si sus ojos la fueran a dejar en descubierto ante algo que no quiere que yo vea.
— Ni un poco, de hecho ya hasta me sentía aliviada al pensar que no volvería a verte...- su voz es fría, quema como el hielo, me causa una opresión en el pecho... Renata una vez me dijo que hay momentos en los cuales ser payaso solo empeoraba la situación y creo que esta era una de esas situaciones, suelto un suspiro y me preparo para hablar con total seriedad.
— Oye, Dania, yo lamento mucho haberte dejado plantada...
— No deberías disculparte por decir una mentira deliberadamente, obviamente no pensabas venir; no sé que se supone que conseguías mintiéndome ¿Engrandecer tú de por sí enorme ego al pensar que estaría ahí esperando por ti?
Me perturba darme cuenta de como parece conocer mis más sucios pecados y ruines acciones, si, en algún momento llegué hacer eso solo, por la razón que ella acaba de mencionar, engrandecer mi ego al saber que las tenía a la palma de mi mano, que estarían ahí esperando por mí tanto tiempo como fuera necesario y que sin importar que dijera ellas accederían con tal de ganar tiempo conmigo, pero juro que esta vez no fue la misma situación, arrugo la frente y miro al techo.
"¿Será acaso una señal divina?", después miro a la mujer que tengo al frente fingiendo que es más interesante acomodar las servilletas que el que yo me encuentre a un lado de ella.
— No mentí, te lo juro por lo que quieras... solo que ese mismo día mi primo me dijo que teníamos que salir a un viaje de negocios y bueno, no tengo tu número no tenía manera de avisarte, de verdad lo siento mucho.
Ella se mueve incómoda, pasando el peso de su cuerpo de un pie al otro mientras supongo que se debate en sí seguir peleando conmigo o tomar el camino de la paz, pero cuando sus ojos se deslizaron en mi dirección y me recorrió el torso con la mirada me di cuenta de que había elegido seguir en guerra conmigo.
— No importa ya, pero si de verdad quieres acercarte al camino del señor como dijiste puedes ir a la iglesia por tu cuenta.- mis hombros caen al instante, no digo que ya había tenido un gran avance con ella, pero después de tanto había logrado convencerla de... que aceptara hacer algo conmigo, lo poco que había avanzado lo volví a retroceder.
Me llevo la mano al rostro y me froto la mandíbula con desesperación, no me daré por vencido tan fácil, no sin conseguir lo que quiero, de otra manera no estaré tranquilo. Está bien, la regué, pero puedo remediarlo... espero, es que con esta mujer nunca se sabe.
Lo más inteligente que puedo hacer es dejar las cosas como están, por ahora... pero volveré.
Rodeo la barra para quedar frente a ella, porque quiero esos hermosos ojos molestos sobre mí antes de marcharme, apoyo los antebrazos en la barra y me inclino al frente acercándome a ella, puedo percibir mejor su aroma y arrugo al frente de inmediato... ese aroma floral... lo acabo de oler hace un momento.
Sin disimulo olfateo el aire para llenarme de ese aroma, Dania arruga la nariz y me observa desconcertada, pero no hay lugar a dudas es el mismo aroma... ella y ese idiota ¿Por qué huelen igual?
Algo que jamás había sentido me invade de nuevo, es algo tan primitivo y extraño que no hace más que calentarme la sangre al pensar en ese idiota... y ella.
Miro a Dania que por primera vez la mirada que me dirige es tranquila, pero yo no puedo estar más alterado, sin despedirme me doy la vuelta y salgo del local, mientras en mi cabeza no dejan de azotar los pensamientos en torno a mi pequeña fiera y aquel sujeto... no pienso quedarme con la duda de nada.