CAPÍTULO 30

3866 Palabras
—¡Por mi santa y grande v***a, Dylan, cálmate!— exclamó Michael tirándome un zapato a la cabeza. Lo esquivé, y después me tiró el otro. —¡HEY! —Perdona, cuando te tire la sartén procuraré tener mejor puntería. Quería dejar de actuar así, pero no podía evitarlo. Estaba a unas pocas horas de estar en mi cita con Thomas y sentía esta extraña emoción dentro de mí... No lo sabía. Tal vez quería a Thomas, tal vez todo este tiempo sentí algo por él sin darme cuenta... o tal vez simplemente había sido por los tres kilogramos de azúcar que me comí antes de llegar al departamento y estaba teniendo una infección estomacal, por lo que en ese caso probablemente acabaría en el hospital. Fuera como fuera, no paraba de saltar por los sillones como alguna especie de unicornio retrasado, y los chicos se empezaban a irritar. Y con irritar me refería a que Mike continuaba tirándome cosas, Ashton trataba de agarrarme para que dejara de brincar, Calum lanzaba maldiciones y Luke se golpeaba la cabeza contra la pared. Todo era bastante casual. —¡Voy a salir en una cita!— chillé dando una vuelta y cayendo en el suelo. Mike me tiró un jarrón—. Oye. —Yo no fui. —Digan la verdad, ¿quién dejó que comiera azúcar?— gruñó Calum pasándose la mano por la cara. Me reí corriendo hasta él y dándole un abrazo. —¡Voy a ir a una cita!— alargué felizmente otra vez. Mike me lanzó una lámpara—. ¿¡Qué rayos te sucede!? —¿¡Qué rayos te sucede a ti!? Ugh, Ashton, pásame un plato. —Solamente estoy feliz porque por fin saldré con Thomas, oh por... —Mi v***a. —...Dios. —¿Estás feliz por eso o porque te comiste más de mil kilogramos de azúcar, Dylan?— gruñó Calum poniendo los ojos en blanco. Fruncí el ceño. —Yo no comí azúcar. —Claro que sí— respondieron todos al unísono. Abrí mi boca fingiendo indignación. —No pueden probar nada. Cinco minutos después me hallaba sentada en el suelo del baño vomitando en la taza abierta del wc. Ugh, no volvería a comer azúcar nunca jamás en toda mi sagrada vida (sí volví a hacerlo). Noté que Luke se hallaba al lado mío sujetando mi cabello y Ashton acariciaba mi espalda, ambos mirándome preocupados y cuidadosos de que no me pasara nada. Sonreí. —Aw, ustedes son tan...— vomité otra vez—, tiernos. —Eres asquerosa— comentó Michael mirándome con una mueca. Volteé a verlo con mal humor y él sonrió. —No me hagas vomitarte encima. —¿Estás mejor?— me preguntó Luke. Volteé a verlo antes de vomitar una vez más. —¿Lo parezco?— dije dándole una mirada asesina. —Esto te pasa por comer tanto azúcar. Tu cuerpo no lo resiste, Dylan— suspiró abrumado Calum. —Ustedes no saben si mi cuerpo resiste el azúcar o no— contraataqué frunciendo el ceño. Los chicos se miraron entre sí y yo volví a vomitar—. De acuerdo, tal vez tengan razón. Oh, mira, este parece un dulce de Navidad. —Dylan— la voz de Michael se escuchó firme y clara mientras me daba vuelta y me tomaba por los hombros. Reprimí mis ganas de vomitar—. Thomas va a llegar en cualquier instante y tú vas a oler a vómito y no te va a querer ver de nuevo y va a huir de ti como yo lo quiero hacer ahora porque hueles asquerosamente mal y ahora yo quiero vomitar, así que mejor te arreglas, te lavas diez veces los dientes, te echas desodorante, vuelves a lavarte los dientes, te comes una menta, te tragas un chicle, te lavas la boca con jabón, te echas perfume en la lengua, y te vistes bonita porque pareces una vagabunda que no se ha bañado desde hace mil siglos. —Siempre tan tierno y considerado conmigo— solté con sarcasmo. —Exacto. Ahora, prepárate. Los chicos salieron del baño dejándome completamente sola y yo recurrí a lavarme once veces los dientes, solo para asegurarme, y pues, había que admitirlo, hasta yo sabía que olía terriblemente mal. Fui a vestirme con una blusa blanca y unos jeans y salí a la sala de estar para demostrarle a Mike que estaba lista. Él alzó la mirada junto a los otros chicos, hizo una mueca y alzó el dedo índice. —Sigue intentando. De seguro andaba con la menstruación hoy. Ugh, hombres. Me puse mi vestido n***o y unas zapatillas abiertas, junto a mi cabello tomado. Volví a mostrarle. —Chucky se puede vestir mejor. Me sentía levemente ofendida pero ya no sabía ni siquiera qué pensar. —¿Y ahora?— pregunté, saliendo con una blusa corta puesta, mis pantalones apretados y, bueno, me hubiera visto como una puta en vez de un palo andante si tan solo tuviera un poco de curvas, pero no tenía nada así que... solo era ver una tabla con ropa. Vamos, ni siquiera tenía tetas para rellenar el sostén, le tuve que poner confort. —Divina— exclamó Mike—. Aquí mandan las divinas, porque somos gasolina, gasolina de verdad. —Tienes que estar bromeando. Medio segundo después el timbre se escuchó, haciendo que Ashton soltara un grito, Luke se espantara por la reacción de Ashton, Calum abrazara a Mortimer y yo saltara en los brazos de Mike con pánico. Thomas. —¿Quién va a abrir?— dije con miedo. Todos nos miramos espantados entre sí, y ahí me di cuenta de lo ridículos que estábamos siendo. Vaya, pensé, es solo un chico... y mi cita y mi vecino y alguien condenadamente guapo y de todas formas si no lo veía en ese instante, lo iría a ver luego, así que daba igual. Suspiré. —Iré a abrir yo— dije resignada bajándome de los brazos de Mike. Caminé hasta la puerta y giré el pomo empezando a abrirla—. No es como que su cara nos hiciera dar un grito o algo de todas formas, además... ¡AH, SANTA MIERDA, ERES TÚ! —No reaccionas muy bien— resopló Ashton, y dejé que la puerta se abriera completamente para que los chicos la pudieran ver también. —Hola— sonrió Mireia. Ashton dio un paso hacia atrás—. ¿Qué tal? —¿Qué haces aquí?— solté tratando de no verla extraño, pero... vamos, prácticamente la ultima vez que la vi había tratado violarme y me había llamado gatita. ¿Cómo iba a reaccionar? —Bueno, verás, Dylan, sé que sonará extraño pero... ya lo sé todo— dijo emocionada. Un momento, ¿todo? ¿Lina, eres tú?—. Mi primo que trabajó en el bar ayer me dijo que se topó contigo y me contó acerca de que eras lesbiana. Y ya sabes...— coqueteó, acariciando mi brazo—, yo también lo soy, por si necesitas a alguien. ¿Es que no podía decir que era lesbiana en un bar sin sufrir las consecuencias luego? —Eh, gracias— dije con dificultad. —¿Puedo pasar?— preguntó. —Bueno, la verdad...— noté cómo un segundo después se hallaba sentada en el sillón sin zapatos y viendo televisión—. Claro, siéntete como en tu casa. —Gracias— respondió tiernamente sin captar mi sarcasmo. Me golpeé la cabeza contra la pared. Puta vida. —Oye, ya casi es la hora para tu cita— informó Mike levantándose del sofá. —¿Y?— dije sin importancia dejándome caer al suelo con la espalda contra la pared. Me tomó de los tobillos. —Pues sigues oliendo a vómito, así que te irás a lavar los dientes una vez más— contestó arrastrándome por el suelo en dirección al baño. —¿Qué? No. Me niego. Suéltame. ¡Auxilio!— exclamé agarrando el tobillo de Luke para sujetarme. El rubio bajó tranquilamente la mirada hasta donde yo estaba y su rostro se hizo de color rojo como un tomate. —Se sonrojó— se rió entre dientes Ashton. —Sí, porque recordó cuando la vio desnuda y le excita. Ahora, Dylan, suéltate— gruñó Mike finalmente golpeándome la mano para dejar de aferrarme al pie del rubio. Me dejé arrastrar rendida hasta el baño (no tan rendida, el suelo quedó con las marcas de mis uñas) y el algodón de azúcar me encerró ahí para que me lavara los dientes y me sacara el olor a vómito. ¡Por favor! ¡Ya me había lavado once veces! ¿Eran necesarias más? Fruncí el ceño y puse una mano cerca de mi boca antes de exhalar por la boca e inhalar por la nariz. Uh, joder, lo del perfume en la lengua no era mala idea. Luego de unos diez minutos de estar encerrada en el baño tratando de quitarme el olor a pescado muerto de la boca, salí dirigiéndome a la sala de estar, encontrándome con los chicos mirando seriamente a Thomas y a Thomas entre los cuatro viéndose curiosamente intimidado y tímido. Me detuve al notar que Mireia seguía ahí pero esta vez mirando la zona genital de Mortimer. Fruncí el ceño. Bueno, al menos con eso nos ayudaría a saber si era hembra o macho porque ya estaba confundida acerca de eso y lo dejaría asexual. —Hola, Dylan— dijo Thomas levantándose y caminando hasta mí. Le sonreí segura de mí misma y le di un beso en la mejilla. —Jeje hobmlea, Thunmans. De acuerdo, tal vez estaba muy nerviosa. —¿Cómo estás?— preguntó viéndose animado—. ¿Lista para nuestra ci...? Luke tosió fuertemente interrumpiéndolo y al francés lo único que le quedó fue sonreírme otra vez a esperar que él parara. El rubio carraspeó, se aclaró la garganta, y nos sonrió con gratitud. —¿Lista para...? Y volvió a toser. —Deberíamos irnos ya— susurré rascando incomoda mi brazo. Él asintió y me guió hasta la puerta—. Nos vamos, chicos. Los veo luego. —¡Usen condón!— gritó Mike. —¡Mejor no tengan sexo!— dijo Luke. Y cerré la puerta. Suspiré. Estar con Thomas en el mismo lugar que los chicos no era buena idea, sino, más bien una peligrosa idea, sobre todo para mí. Era como juntar a Lina, a Aleisha, a Mireia y a la viejita psicópata en la misma habitación. Probablemente de ser así, no existiría ni siquiera la población mundial. Carambolas. Sin embargo no fue así, por lo que fui a mi cita con Thomas. Fue perfecta. Él fue tierno, atento conmigo y fue un total cursi francés que con cada palabra que decía sentía que iba a vomitar corazones en cualquier instante. Como cuando me dijo que era linda y yo no sabía qué responder a tal halago por lo que solamente dije que quería comer jamón. Facepalm, en mi cara, con una silla, de metal. Ni siquiera me gustaba el jamón. —¿Quieres pasar?— pregunté cuando abrí la puerta del departamento y noté todas las luces apagadas. Eran las diez ‪de la noche y de seguro todos los chicos ya se habían ido a dormir o qué sabía yo, tal vez a masturbar. Ugh, y lo sé, era temprano para ya volver de una cita, pero prácticamente me comportaba de una manera idiota y no quería hacerlo más. I don't wanna be an American idiot... Uh, esperen, vivía en Australia. —Seguro— dijo él encogiéndose de hombros con una sonrisa. Me hice a un lado para dejarlo pasar—. ¿Y los chicos? —Ni idea— dije encendiendo las luces y encontrándome a Mortimer dormido en el sofá al lado del gato violador. Lo señalé—. Y solo... ignora eso. —Vale— respondió frunciendo el ceño, y lo guié hasta mi habitación. Esperen, ¿debía llevarlo a mi habitación? ¿Y qué tal si me creía alguna clase de psicópata s****l? ¿Escaparía? ¿Correría? ¿Me violaría? ¿Qué carambolas debía hacer? Prácticamente nunca en mi vida había tenido una cita o a un chico en mi departamento. ¿Debí haberle ofrecido algo de beber antes? Aclaré mi garganta. —¿Quieres agua?— pregunté amablemente mientras estábamos todavía en el pasillo. —No, gracias. Joder, Thomas, muérete. Resoplé en silencio y me resigné. De acuerdo, tan sólo me tenía que mantener tranquila. Era sólo mi habitación, era sólo un chico, no me creería una psicópata s****l por eso, se veía completamente normal. Abrí la puerta de mi cuarto y me encontré a Mireia acostada encima de mi cama en ropa interior. Bueno, ahora sí me iba a creer una psicópata s****l. —Dylan— gimió ella viéndome mientras mordía su labio inferior. Hice una mueca—. Te necesito, bebé. Esto era como un show porno lesbico o alguna especie de cámara escondida, porque esto era verdaderamente extraño. —¿Qué pasa?— preguntó divertido y confundido Thomas al mismo tiempo que cerraba la puerta para dejarnos afuera en el pasillo—. ¿No me vas a dejar pasar ahora? Piensa en algo, Claire, vamos, piensa en algo. —La verdad no me gusta el jamón. Facepalm. Silla. De verdad. —¿Qué?— dijo extrañado. —¿No tienes sed?— canturreé fingiendo emoción acerca de... tomar agua—. ¡Vamos! ¡Yo sé que tienes sed! —¿Y qué tienes para beber? —Agua... —Paso. Ahora, ¿qué tanto me ocultas?— se rió dulcemente dirigiéndose a mi cuarto y abriendo la puerta. Me mordí el labio inferior. Santa Claus, digo, mierda. —¿Pero qué...?— susurró confundido viendo a la chica recostada. Hice una mueca y él volteó a verme—. ¿Tú...? —¡No soy lesbiana!— chillé con pánico sin saber qué más decir. —¿Qué?— soltaron al mismo tiempo, Thomas extrañado y Mireia horrorizada. —No soy lesbiana— reiteré, y escuché unas risas casi inaudibles afuera del cuarto. Fruncí el ceño. ¿Qué hacían los chicos aquí? —No le dijiste eso a mi primo— se quejó Mireia sentándose en la cama y recogiendo su ropa. Suspiró—. Como sea, en otra ocasión será, bebé. Nos vemos luego. Me guiñó un ojo antes de irse moviendo de un lado a otro las caderas. Thomas la observó y yo le observé el pene. —¿Qué haces?— dijo incómodo al darse cuenta de qué estaba mirando. Negué con la cabeza y cerré la puerta. —No es nada— mentí sonriéndole. Si debía ser sincera solamente quería saber si al ver a Mireia en ropa interior se le pararía su amigo o no. Tal vez era muy pequeño. O era gay. —¿Y... qué fue todo eso?— preguntó incómodo pero tratando de no reír. —Oh, no, yo... Ugh, no es lo que parece— balbuceé. —Te creeré, supongo— dijo sentándose en mi cama. —Gracias. Es que, simplemente no era mi intención que vieras eso. No soy una psicópata s****l ni nada, es sólo que...— noté cómo se sentía incómodo y sacaba lo que lo hacía sentir así de debajo del colchón, sacando ante mis ojos el vestido de cabaret que había olvidado ocultar. Me quedé en silencio observándolo—. Esto tampoco es lo que parece. —Estás loca— espetó antes de salir del dormitorio. —¿Qué? ¡No! ¡No tanto! ¡Espera! ¡Thomas!— exclamé mientras lo seguía y veía cómo se encerraba en el baño. Genial, ¿ahora qué? ¿Habían más formas de meter la pata? Medio segundo después Mike se acercó a mí y dejó un sobre blanco en mis manos. —¿Pero qué es esto?— pregunté confundida alzando la mirada, pero él ya se había ido. Suspiré volcando los ojos. Estos chicos eran tan jodidamente extraños. ¡Dios! ¡Hombres tenían que ser! —¿Entonces si no es lo que parece, qué es? Me di la vuelta y Thomas estaba parado frente a mí, serio. Demonios. ¿Cómo carambolas le explicaba que todo hasta ahora era mera coincidencia? "No, es que te juro que no dejé a Mireia entrar al cuarto y el vestido de cabaret es de mi mejor amiga y te estaba viendo el pene sólo para ver si se te paraba o no". Sí... creo que iba a improvisar. —Bueno, um, verás... —¿Qué es eso?— su pregunta me tomó desprevenida. Miré a mi alrededor alterada y no había ni siquiera una mosca. —¿Qué cosa? —El sobre... Tiene mi nombre— destacó quitándome el objeto de las manos y abriéndolo. Esperé a que me dijera qué era porque ni yo tenía idea. Pero se limitó a abrirlo, leer el papel que había en él y ver qué más había adentro. Después... Bueno, después se echó a correr lejos del departamento. —¡Thomas!— exclamé desconcertada. Recogí el sobre y saqué lo que había en su interior. ¿Pero qué carambolas era...? Ay no—. ¡Thomas, espera! Corrí hasta la sala de estar y vi cómo Thomas se subía a la mesa para después brincar y llegar rápidamente a la puerta. Ladeé la cabeza. Bueno, habría sido mucho más rápido si tan sólo la hubiera rodeado y... ugh no, me estaba distrayendo del tema. —¡Thomas!— grité molesta tratando de detenerlo. —Alélate de mí— exclamó tembloroso abriendo la puerta. —¡Espera! ¡No es lo que parece!— insistí siguiéndolo. Me tiró un jarrón a la cabeza y siguió corriendo—. ¿¡Por qué mierda todos me lanzan cosas hoy!? ¡Oye, espera! Me dirigí a la puerta, la abrí y miré a Thomas mientras yo todavía llevaba las dos cosas que había en el sobre que me había pasado Mike. Tomé una bocanada de aire. —¡Thomas, te juro que no soy una psicópata s****l!— exclamé saliendo del departamento y viendo cómo él corría desesperadamente escaleras abajo, tan sólo para escapar de mí, mientras que yo sostenía en mis manos el famoso vibrador color rosa y un contrato de sadomasoquismo al estilo de Christian Grey. Suspiré, dando media vuelta sobre mis talones y encontrándome a los chicos tirados en el sofá, observándome junto a Mortimer, el gato violador y nuestra vecina la lesbiana. Fruncí el ceño. ¿Desde cuándo estaban ellos aquí? —Oímos a Thomas huir y vinimos a ver qué pasaba— explicó Michael encogiéndose de hombros. Hubo silencio. —Hola. —¡Acaba de huir de mí! ¿¡Por qué!?— chillé sentándome en el sofá. —Tal vez porque te ves un poco psicópata con el vibrador rosa y el contrato de sado— explicó Calum. Lo volteé a ver molesta—. No me golpees. —Dylan, tranquila ¿sí? Tal vez ni siquiera fue su intención huir de ti. Tal vez sólo estaba apresurado en irse a casa—me explicó Luke tratando de calmarme. Lo miré. —Él vive al lado. Y de nuevo el silencio incomodo que prácticamente solo aclaraba que definitivamente Thomas había huido de mí. ¡No podía creerlo! Los hombres ven a una chica vestida de puta, encuentran a una lesbiana recostada en su cama casi desnuda, se dan cuenta de que tiene un vestido de cabaret, la pillan mirando su pene, la ven con un vibrador y un contrato de sadomasoquismo, ¡y de inmediato piensan que la chica es una acosadora s****l! ¿Qué ocurre con este mundo? De acuerdo, la verdad era como ver a una prostituta y decir que es virgen. —Yo creo que ya debo irme— dijo Mireia levantándose y tomando su bolso—. Ya hice lo que tenía que hacer, así que... hasta luego, chicos. Sonrió, me dio un violador beso en el cuello y se fue meneando las caderas. Alcé una ceja volteando a ver a los chicos. —¿Ya hizo lo que tenía que hacer?— cuestioné. —No sé de qué hablas— dijo rápidamente Luke. Me reí negando con la cabeza y asentí. —Y... ¿cómo estás con esto?— me preguntó preocupado Ashton. —¿Con qué?— pregunté confundida. —Oh, no lo sé, tal vez se refiere a que cómo estás con el hecho de que Thomas ahora te cree una acosadora y una psicópata s****l que quería hacer que firmara un contrato para ser tu sumiso, y ahora cada vez que te vea querrá escapar de ti— sonrió Michael. Lo miré seriamente y él me miró también. Cinco minutos después me hallaba siguiéndolo por el departamento con la sartén. —¡POR MI SANTA Y BENDITA v***a, NO ME GOLPEES CON LA SARTÉN!— le di un duro golpe en la cabeza—. Oh, por... ¿por qué hiciste eso? —¿Te recuerdo el jarrón? —Muérete. —Tú primero. —Palo andante. —Cabello bipolar. —Flujo abundante... AY POR TU v****a, BAJA LA SARTÉN. —¿Mi v****a?— solté extrañada dejando el arma en el suelo. —¿Su v****a?— repitieron Ashton y Calum achinando los ojos. —¿Por qué todos lo decimos así tan dudosos? Espera... ¿No tienes v****a?— exclamó asombrado Michael. —Créeme que sí tiene— respondió Luke. —¿Qué? —Nada— dijo tornándose rojo de cara. Michael le sonrió. —Eres un libro abierto. Abierto. Muy, muy abierto. Abiertísimo. —Mike, ya entendimos— murmuró avergonzado el rubio. —Súper abierto. Abiertote. Ya sabes, Dylan, está muy abierto por si quieres. —Eres desagradable— me reí sacudiendo la cabeza. El pelirrosa se encogió de hombros con arrogancia. —Lo sé. Despeiné mi cabello y volví a dejar la sartén en la cocina, ahora regresando a la sala de estar con mi mirada baja y mis manos en mis bolsillos. Vi a los cuatro chicos que habían parados frente a mí. —¿Estás mal por lo de Thomas, verdad?— preguntó Luke mirándome inseguro. Asentí. —Sí, no es nada, solo... No esperaba precisamente que escapara— confesé, y ellos me miraron con comprensión antes de que Mike se abriera de brazos. Así que prácticamente él también estaba abierto, eh. —Abrazo grupal— dijo con tono de ternura. Abrí mis ojos de golpe y me hice un paso hacia atrás. —No. —¡Abrazo grupal!— lo apoyó Calum, ambos acercándose a mí junto a Luke. —No. Aléjense. —Me molestaron por años con lo mismo así que sufrirás tú también. ¡Abrazo grupal!— dijo Ashton uniéndose. Los miré con horror y no fui capaz de decir que no otra vez, ya que en menos de lo que pensaba, me hallaba abrazada entre los cuatro. Suspiré. —Ashton, deja de tocarme el trasero. —No me arrepiento de nada.  
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