Lo primero que hice cuando Aka me lanzo fuera del castillo fue correr, tan lejos a donde el no pudiera verme y que con esto se detuviera de intentar atacarme, pero claro que no puede ser tan sencillo… Aka ahora era mucho más rápido de lo que ya era antes y a falta de conciencia me atacaba sin siquiera lograr hacerle entrar en razón.
- Hermano, ¡Detente! – Le gritaba repetidamente Rojo, quien nos perseguía intentando detener todo esto. - ¡Hermano, por favor! – Pero sus palabras eran en vano pues Aka parecía ya no estar entre nosotros
- ¡Cuidado! – Le grité a Rojo quien no tuvo tiempo de reaccionar.
Por suerte yo sí, pues Aka se había regresado donde él y volando en línea recta intento atravesarlo con su pico, cree tan rápido como pude una barrera de hielo justo enfrente de Rojo la cual se vio fácilmente atravesada por Aka, Rojo cayó al suelo y se quedó inmóvil pues creo que jamás hubiera pensado que su propio hermano le haría daño; lo cierto es que yo tampoco.
- ¡Rojo, vete! – Grité a lo lejos, pero Rojo no se movía. - ¡Rojo! – Grité una vez más y lance una bola de hielo justo a su lado para hacerlo entrar en razón con el impacto.
- ¡Es mi hermano! – Me respondió tras haber reaccionado, segundos después de que la bola cayera.
- ¡Vete! – Grité con más fuerza creando una segunda barrera pero que recubría el cuerpo de Aka, el cual la picoteaba velozmente destrozándola para alcanzar a Rojo. – Rojo, ¡Entiende estas en peligro! Trataré de regresar a tu hermano a la normalidad, pero ¡Vete, maldita sea!
Ante la consistente negación de Rojo a irse no me quedo más remedio que ir por él, lo tome y lo subí a mi hombro para después correr al mar abierto, después de todo creo que si llego allá mi ventaja será demasiado alta al poder controlar el agua y el hielo. Aka logro salirse de su prisión, haciendo un chillido que me lastimo los oídos y resquebrajo el hielo en varias partes, volvió una vez más a hacer aletear sus alas rápidamente y posterior a ello giro en sí mismo con una rapidez realmente elevada, su cuerpo comenzó a crear un remolino de aire el cual iba llevando consigo trozos de hielo el cual a su vez se iba esculpiendo formando astillas pequeñas y tras unos segundos se detuvo en seco y aleteo nuevamente ahora hacia nosotros lanzando todas esas pequeñas astillas a nosotros; varias de ellas se clavaron en mi cuerpo pues aun creando otra barrera de hielo aquellas astillas la atravesaron fácilmente, sin opción y aprovechándome de mi supuesta inmortalidad, abrace a Rojo echándome al suelo cubriéndolo por completo para que las astillas no lo fuesen a herir.
- ¡Hermano! – Gritaba desconsolado Rojo, sin poder hacer algo para tranquilizarlo.
Las astillas terminaron de volar hacia nosotros y yo retorciéndome de dolor me levante comprobando que Rojo se encontraba a salvo y cerrándole su pico con mis dedos para que dejara de hablar, pues era inútil… Sé que fue un poco grosero hacerlo, pero preferiría que la atención de Aka se centrara en mí y no en él. Me encontraba considerablemente lastimado aun y por alguna razón mi recuperación utilizando hielo del entorno era un proceso considerablemente lento ahora. Aka por su parte estaba entero y completamente “sano” Voló nuevamente hacia mí y sin detenerse choco contra mi pierna izquierda atravesándola y arrancándomela, de mi herida en vez de sangre solo salía agua con una tonalidad ligeramente azulada, casi como el color del cielo común.
Tome mi pierna e intente pegarla con mi cuerpo nuevamente utilizando la misma agua que salía de mí, congelándola y aunque funciono la verdad es que no era lo mismo… Aka regresaba volando hacia mí y entendí que aquello que quería evitar era inevitable, cree nuevamente una barrera de hielo pero ahora la hice considerablemente más gruesa, Aka choco contra ella y quedo clavado, apenas hacerlo envolví su cuerpo con tiras finas y repetidas de hielo amarrándolo a la placa de hielo que había atrapado su golpe, tome mi espada y antes de clavarla en su iracundo cuerpo Rojo se interpuso entre nosotros.
- No. – Dijo mirándome fijamente y abriendo sus alas indicándome que no avanzaría.
- Tu hermano no es él. – Dije señalando a Aka el cual forcejeaba para liberarse.
- Sigue siendo Aka… - Respondió entre sollozos y lágrimas pues lo que tenía que suceder era algo que ninguno de los dos querría.
- Recuerda lo que las maldiciones son y la única forma de erradicarlas… - Comenté intentando empujar a un lado a Rojo gentilmente para… eso.
- ¡No! – Gritó una vez más y se resistía a ser removido de allí. - ¡Que tu hayas perdido a tu familia no significa que yo deba perder a la mía!
- ¡Él es mi familia! – Grité molesto por su comentario. – Después de que todos mis amigos murieran ustedes dos siempre estuvieron conmigo, ¿crees que quiero hacer esto?, ¡Claro que no!, lo hago justamente porque no quiero que Aka sufra, ¡Míralo!
Rojo regreso la mirada a Aka quien intentaba moviéndose muy bruscamente liberarse y cuando sus miradas se cruzaron algo cambio nuevamente en Aka, este gano aún más fuerza que antes y haciendo esfuerzo logro comenzar a quebrar los hilos de hielo que lo retenían, rápidamente tome a Rojo y lo lance tan fuerte como pude en el aire para que volara lejos y justo cuando me disponía a clavar mi espada en Aka para terminar su sufrimiento, este se soltó y corrió a un lado hasta quedar detrás de mí, posteriormente volvió a levantar vuelo y de alguna manera pude ver lo que planeaba… Todo paso lentamente, el voló en línea recta intentando atravesarme por donde estaba mi corazón y justo antes de que cruzara al otro lado comencé a juntar tanta magia como podía en mi cuerpo y con ello toda el agua que había a mi alrededor se acercó a mí y me cubrió por completo haciendo mi piel mucho más gruesa e imposibilitando que Aka escapara de mi interior, Rojo al ver lo que estaba sucediendo voló rápidamente de regreso a mí y golpeándome con sus alitas me repetía tristemente que dejara salir a su hermano, ambos sabíamos que si no salía… Moriría y lamentablemente en este momento es algo que debe suceder, para que Aka pueda descansar esto debe suceder.
Ni siquiera intente decirle estas palabras a Rojo, pues cualquier intento de justificar lo que estaba haciendo seria completamente inútil, más aun cuando estaba hablando de su propio hermano, las únicas palabras que de mi boca pudieron salir fueron:
- Perdóname.
Rojo dejo de golpearme y cayó al suelo, silbando una melodía que solo denotaba tristeza, dolor, angustia y enojo. A partir de ese momento Rojo no volvió a mirarme a los ojos, pero tampoco se alejó de mí, algo me decía que entendía la razón de lo que había sucedido pero aun así no estaba listo para perdonarme, y de hecho no quiero su perdón, no lo merezco; si hubiera tenido tiempo estoy seguro que podría haber encontrado otro camino, un camino el cual nos llevara a un sitio donde los tres nos encontráramos juntos. Por muy tétrico que parezca el cuerpo de Aka quedo dentro del mío y a medida de las horas pasaban iba volviendo a la normalidad poco a poco, pero aun y cuando su cuerpo había regresado a ser aquel pequeño enojón de antes, no podía sacarlo de mi interior y aunque lo hiciera el ya no se encontraba con vida entre nosotros.
Mi cuerpo se comenzó a iluminar con un tono rojo, de mi estómago una luz subía lentamente hasta que salió de mi boca, una esfera de luz roja flotaba frente de mí y avanzaba lentamente hacia el castillo de hielo, Rojo al ver esa escena simplemente se limitó a seguir aquella luz, que podríamos decir de alguna manera era el último recuerdo de su hermano, cuando llegamos al castillo aquella luz justo como podría imaginarse se “subió” a su respectivo trono y al hacerlo el último de ellos se iluminaba justo como lo había hecho antes el rojo…
- Ya solo queda una maldición. – Dije a Rojo. – Es la de la simboliza la tristeza y se donde encontrarla.