Apenas decirle a Rojo que la última maldición era tristeza se asustó increíblemente e intento volar desesperadamente alejado de mí, pues lo más sensato era que me refiriera a él, al momento de volar coloque una pared de hielo en su paso lo que le impidió continuar el vuelo, fui por él lo tome en mi mano y lo abrace, me estaba despidiendo de él. - No me mates… - Dijo respirando con una frecuencia realmente elevada y completamente aterrorizado. - No lo haré. – Respondí seriamente a la vez que lo solté en el suelo. Me quité la ropa que recubría mi cuerpo y por el interior de mi justo donde el cuerpo de Aka permanecía una luz intermitente de color azul centelleaba lentamente. – La última maldición soy yo. - ¿Cómo? – Preguntó Rojo. - Todo esto que estamos
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