El porpósito de mi magia

2184 Palabras
Apenas estar unos metros por el interior de la colonia de los Goblins el ambiente cambio drásticamente, todo estaba en completo silencio, las pequeñas chozas, algunas al ras del suelo algunas otras sobre los arboles solo mostraban algunos ojos curiosos que se asomaban por pequeñas rendijas para mirar que había por fuera; mirándonos en este caso a nosotros que recién llegábamos. Un Goblin estaba escarbando cerca de un árbol pocos metros de lo que parecía del el centro de la colonia sin habernos visto o escuchado, a propósito yo pise una pequeña rama para hacernos presentes y apenas hacerlo aquel pequeño Goblin se reincorporó rápidamente y tropezándose comenzó a correr gritando completamente horrorizado, trepo por uno de los árboles y quería subir hasta su choza pero la puerta no se abría, era como si otro Goblin por el interior hubiera atrancado la puerta y no le permitiría pasar, yo le hice señales al Goblin que nos acompañaba (pues parecía haber perdido el miedo con nosotros) y este subió por el mismo tronco yendo hasta donde se encontraba el otro, le dio algunas palmadas en la espalda y parecían dialogar a lo lejos, pero no escuchaba que decían. El Goblin que corrió al principio giro su cabeza y me miró fijamente y al hacerlo su mirada de quedo completamente clavada en mí, la verdad es que fue algo incómodo pero no quería moverme o hacer movimientos “innecesarios” para no asustarlo nuevamente, después de unos segundos mirándome bajo del árbol de un gran salto y cayó en sus 4 extremidades muy bruscamente “a pesar de tener una maldición que les infunde miedo extremo, este salto fue muy valiente”, dije en voz baja de modo que solo Aka y Rojo pudieron escucharme, a lo que ambos asintieron; les pedí que se escondieran detrás de mí, pero ninguno de los dos podía tocarme más, entonces mejor decidieron volar hacia las ramas de los arboles solo por si acaso manteniéndose lejos de la vista de ese Goblin que bajo de aquel salto. -          ¿hielo? – Preguntó aquel Goblin intentando acercar su mano hacia mí pero siéndole imposible pues escasos segundos antes de establecer contacto su mano comenzaba a congelarse, aunque curiosamente ahora no se asustó. - ¿Eres un mago de hielo? – Me cuestionó. -          Si. – La verdad estaba sorprendido por la forma en que este Goblin hablaba, parecía tener una comprensión del lenguaje mucho más profunda que los demás, lo que me hacía pensar que quizás era más listo que los otros. – Lo cierto es que soy un mago de agua, pero parece ser que puedo controlar el hielo gracias a esta arma. – Únicamente señalándola pues si la sacaba creo que se volvería a asustar este hombrecillo. -          ¿Has venido a liberarnos? – Dijo en un tono que rogaba por ayuda. – Hace tiempo un humano vino y dijo que podía ayudarnos, nuestro pueblo se vio envuelto en una pelea que no pudimos ganar en una tierra distante con las Hadas, huimos para refugiarnos pero el odio y sed de venganza nos obligaba a ir ocasionalmente y con el paso del tiempo nuestros números se vieron comprometidos, nos estábamos extinguiendo… Aquel hombre llego y dijo que podría ayudarnos pero a cambio perderíamos algo, en ese momento no entendimos a que se refería entonces con tal de sálvanos accedimos a que nos diera su ayuda. El mago conjuro un extraño hechizo y después de hacerlo simplemente se fue, ninguno de nosotros vio un cambio, pero el cambio no fue inmediato, a los dos días el miedo se comenzó a apoderar de nosotros ya no buscábamos peleas innecesarias y el miedo nos mantuvo a salvo, fuimos capaces de sobrevivir pues el miedo supero la ira y ganas de vengarnos pero con el pasar de los días este miedo se fue apoderando más y más de nosotros hasta convertirnos en lo que somos ahora… Una r**a que teme al aire mismo o al sol si nos es mostrado detrás de los árboles y no lo habíamos visto antes. El Goblin se quedó pensando un momento y después continuo sin mirarme y regresando su mirada hacia un sitio en concreto al Oeste. -          En aquel sitio un árbol mágico apareció, sabemos que es mágico pues basta verlo para darse cuenta, todo su tronco, hojas, ramas, todo. Está recubierto en hielo de una tonalidad morada, al darnos cuenta de su aparición pensamos que la maldición que aquel humano nos había impuesto estaba “atada” a aquel árbol pero no importa que tanto pensáramos en ir a derribarlo, nos es imposible. Ninguno de nosotros puede salir más de 3 horas lejos de nuestra colonia; los que lo han hecho han muerto de miedo (literalmente) o siendo devorados por alguna criatura depredadora que ahora ve en nosotros comida fresca lista para ser degustada… -          Entiendo. – Le dije tranquilamente y antes de continuar, me interrumpió. -          No creo que lo hagas, pero solo tengo que mirarte para saber que no eres alguien normal, en momentos normales debería estar completamente aterrado por verde, sin embargo me da tranquilidad y seguridad mirarte, de hecho siento como si parte de la maldición desapareciera solo por estar cerca de ti… Te pregunto una vez más. – Agarro aire e intentando de nuevo tocar mi mano concluyó. - ¿Puedes ayudarnos? -          … - Yo me quede en silencio un momento, algo me atrae a esta ciudadela, lo es desde que ayudamos a los enanos y creo que en parte la situación es que debo ayudarlos, pero,  ¿podré? – No sé si pueda ayudarlos, pero creo que puedo intentarlo… Espere aquí, iré hacia aquel árbol que menciona y veré si hay algo que pueda hacer por ustedes. Al decirlo aquel sujeto asintió con la cabeza y camino hacia aquella choza en la cima una vez más, esta vez la puerta le fue abierta y tras cerrarla ya no vi a ningún Goblin más, todos se habían escondido de nosotros y no nos permitían verlos de nuevo, les grité a Aka y Rojo para que me acompañaran, creo que es peligroso llevarlos conmigo, pero estoy seguro que todo será peor si se me ocurre dejarlos aquí, pues por sus características estos Goblins podrían herirlos pensando que son alguna clase de demonios. -          ¿Qué encontraremos allá? – Preguntó Aka. – Escuchamos toda la conversación pero pensar que hay un árbol completamente de hielo es absurdo. -          Hermano. – Le comentó Rojo. – Míralo. – Refiriéndose a mí. – Desde que comenzamos a hablar debiste darte cuenta de que las cosas, ¡No son normales! Y como puedo asegurar que el mismo mago que nos dio el habla, es el mismo que esta “ayudando” a otras razas, empiezo a sospechar que esto, nosotros 3 juntos, no es una simple coincidencia. Esto que dijo Rojo, no lo había pensado, pero tampoco me sorprende mucho, la verdad cada vez es más extraña esta situación, resultar que soy un mago capaz de romper maldiciones, y lo más curioso de todo es que acabo de descubrir mis habilidades hace no más de 1 semana, por lo que ser capaz de tanto en tan poco tiempo, la verdad es que deja más dudas que respuestas… Seguimos caminando por mucho tiempo y después el clima se comenzó a tornar más frio, ¿Cómo lo supe si es que se supone que yo ya no siento frio?, bueno eso es porque Aka lo dijo… “Está haciendo frio”, así de simple. El paisaje también se volvía poco a poco diferente y de pronto entramos en un sitio donde estaba nevando, el suelo era completamente de arena y por encima de nosotros solo había nubes que dejaban caer nieve la cual curiosamente no se acumulaba en el suelo, al frente de nosotros se encontraba un solo árbol que se meneaba con el danzar del aire y absolutamente todo estaba hecho de hielo y exactamente como lo dijo aquel Goblin, su tronco, hojas y ramas eran de un tono morado; nos acercamos hasta estar básicamente frente de él y un ligero pero notable sentimiento de miedo se apodero de nosotros, y sin siquiera percatarnos nos transportamos a un sitio completamente diferente, era un enorme y desolado desierto cubierto completamente por nieve en vez de arena el cielo estaba despejado y la luz de la luna se asomaba justo al centro, y aquel árbol se encontraba delante de nosotros, por la parte de atrás del mismo parecía haber algo que no alcanzaba a ver correctamente, fuimos hacia allí y vimos a un único elefante, enorme y majestuoso que se encontraba echado mirando hacia delante y al fijar la vista hacia donde el también miraba, nos dimos cuenta de la maldición… Todo por delante era un enorme cementerio, miles y miles de huesos de elefantes se encontraban delante de nosotros y algunos c*******s de los mismos que parecían haber perecido hace no mucho tiempo. -          Más criaturas que comparten el habla. – Dijo el Elefante dirigiéndose a Rojo y Aka. – Es triste poder hablar y no tener a nadie con quien hacerlo… Pero la verdad es que es más triste que seas inmortal y ver a tus seres amados morir frente de tus ojos, la muerte no respeta a nadie y por alguna razón de un momento para otro simplemente dejo de mirarme, y se concentró en los que me rodean. – Se quedó en silencio unos segundos y continuo. – Aunque si he de ser sincero algo me dice que no soy lo que parezco ser, me veo como un elefante, pero no recuerdo mi vida, mi nacimiento, mis amigos, ambiciones o siquiera mis logros. De un momento a otro simplemente me vi aquí en este enorme sitio y frente de mi todas esas personas que al verlas iguales a mí, siento que son mis amigos… O bueno, lo eran. -          Eres una maldición. – Dijo con su encanto y delicadeza Aka. – En realidad no existes, o al menos no como tal. -          ¡Hermano! – Le gritó Rojo intentando obligarlo a callar, pero en esta ocasión pensé que sería bueno que Aka hablara, por lo que intenté tomar a Rojo, pero al no poder hacerlo por el frio que les causaba, este simplemente se alejó. -          ¿Por qué me detienes de decir la verdad? – Replico un poco molesto Aka, pues era otra de las tantas veces que Rojo quería callarlo. – Simplemente digo lo que veo, y lo que creo que se, este elefante esta echado allí triste y desolado porque aquellos huesos son de sus seres queridos, ¡pero ni él lo sabe!, y es que no puedes saberlo. – Ahora dirigiéndose al Elefante. – Una maldición ha sido impuesta sobre otra r**a y esta maldición ha creado este mundo y a ti junto con él. Al terminar de hablar simplemente voló lejos de nosotros pues cada que mencionaba algo que le recordara a aquel mago solo lo hacía enojar más, por lo que mejor se fue. -          ¿Soy una maldición? – Se cuestionó a sí mismo el Elefante. - ¿y qué es lo que causo?, ¿tiene que ver con esto que observo frente de mí? -          En parte si… - Le respondí de forma que no fuera muy rudo. – La persona que te creo, pensamos que quiso ayudar a unos seres, pero esta ayuda se salió de control y ahora ellos sufren… quizás igual que lo haces tú, la diferencia es que ellos saben la razón y tú simplemente conoces la razón del momento más no la razón antes de ello. -          ¿Qué puedo hacer? – Me preguntó aquel enorme elefante. – Espera, no me respondas creo que lo sé. – El Elefante camino lentamente hacia donde yo me encontraba y simplemente poso su pata delantera izquierda sobre mí, al hacerlo el enorme animal se congelo instantáneamente demostrando una leve sonrisa en su rostro y una gotita de agua cayo de sus ojos evaporándose apenas toco el suelo, en cuanto esto sucedió yo aparecí en aquel viejo castillo de hielo, ahora me encontraba dentro de él y justo frente a los asientos que vi antes, el segundo comenzó a iluminarse justo como lo hizo el primero antes y tras esa iluminación una pequeña luz color morada salió del asiento y voló levemente permaneciendo “sentada” en aquel trono, al terminar regrese al mundo ordinario y según comprendí faltaba solo un paso más… Saque mi espada y la clave en el suelo, al hacerlo mi arma empezó a absorber todo el hielo de la zona, la nieve que caía de las nubes ceso y aquel árbol cubierto por completo de hielo se fue derritiendo dejando un hermoso manzano, completamente vivo y lleno de manzanas las cuales tenían un sabor realmente increíble, creo que la segunda maldición ha sido rota, pero esto no acaba aquí… Creo que tengo que regresar con los Goblins pues algo me hace pensar que aún hay algo allá atrás.
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