Solo

2004 Palabras
Regresamos a la colonia Goblin y a diferencia de antes ahora si se hizo demasiado notorio un cambio respecto a las otras civilizaciones que había “salvado”. Apenas estar algo cerca pudimos ver a la distancia a toda la colonia fuera de sus casas, el sitio ya no era más un lugar “fantasma” y ahora todo estaba cubierto de vida, pudimos escuchar algunos gritos provenientes de algún sitio entre el bosque y algunos Goblins regresaban victoriosos cargando presas que habían cazado. Era evidente: su miedo se había ido. Con un poco de miedo pues no sabíamos si seriamos bien recibidos… Caminamos con la guardia en alto hacia el interior de la colonia donde aquel viejo Goblin de intelecto superior nos esperaba con una canasta repleta de bayas que nunca antes había visto. -          Creo que debemos agradecerte… - Dijo de forma tranquila a la vez que daba señales a otro Goblin para acercarnos aquella canasta. – Tu cuerpo es extraño. – Dijo rodeándome con mucha confianza y mirándome con una mirada penetrante y curiosa. – Nunca antes había visto a un elfo de las nieves, de hecho pensé que solo eran cuentos… -          Está equivocado. – Le corregí. – No soy un elfo de las nieves, entre nuestra r**a no existe algo como tal, solo soy un elfo común… -          Eres un elfo, sí. – Se detuvo un momento y continuó. – Pero te aseguro que uno común no eres. Esa espada que portas, ¿Puedo mirarla? -          … - Asentí con la cabeza y la desenvaine dejándola completamente a su vista. -          Es muy bella. – Aseveró. - ¿Dónde la encontraste? -          No lo hice… - Le respondí mirando mi propia arma con ternura, pues era el recuerdo de mi mejor amigo… - Fue un regalo de una persona muy especial para mí que ya no está con nosotros. -          Lo lamento. – Su voz parecía decaída y melancólica, algo muy extraño en los Goblins… -          ¿Qué eres tú? – Le pregunté intentando no ser ofensivo. -          Soy lo que vez. Un Goblin. – Se detuvo un momento y después se giró dándome la espalda. –  Ahora bien, si tú pregunta es más bien dirigida a la razón por la que puedo enunciar oraciones con facilidad y sin sonar “estúpido”. A diferencia de lo que todos piensan no todos los Goblins son tontos, hacemos muchos que poseemos estas capacidades, y créeme. No somos pocos. Tras esa última palabra se quedó completamente callado y después de unos segundos agitó su mano y se marchó hasta donde mis ojos ya no pudieron seguirlo. En este momento comencé a preocuparme un poco por Aka, pues tenía tiempo de no verlo, desde que se volvió a molestar cuando estábamos erradicando la maldición ya no lo había visto y Rojo se había ido hace un poco a buscarlo, lo cierto es que había olvidado la presencia de ambos, o en este caso la ausencia. Un poco preocupado, camine por toda la colonia intentando encontrar a estos dos pequeños, curiosamente no importa por donde caminara no podía verlos o siquiera escucharlos, la preocupación cada vez se apodero más de mi e incluso llegue a pensar que algo les había sucedido, los Goblins ya no son temerosos y escuchar a dos aves hablar podría hacerlos pensar que la maldición caería sobre ellos una vez más; pensando esto comencé a correr lo más rápido que pude por todos lados intentando verlos por algún sitio, pero no importa que tanto tiempo transcurriera no podía verlos por algún sitio. Completamente aterrorizado y envuelto en la preocupación me detuve en seco y mire hacia todos lados, quizás podía ver algunos Goblins juntos, si lo hacía es probable que estén atormentando a mis queridos colegas; justo a la derecha de donde yo me encontraba vi a varios Goblins en un círculo, rodeando algo y parecía que lo estaban amedrentando, con un poco de coraje por lo que mis pensamientos me mostraban y lo que mis ojos me hacían ver, no la pensé dos veces antes de irme sobre todos ellos con mi espada en la mano, al llegar los embestí con todo mi cuerpo y les gritaba para que se alejaran de lo que rodeaban sin siquiera mirar lo que había allí. Los Goblins ahora llenos de valentía me retaron levantando sus armas y gritando molestos, me rodearon e intentaron lastimarme pero cuando uno de ellos se acercaba lo suficiente por alguna razón mi arma me defendía y los empezaba a congelar, al ver lo que sucedía decidieron alejarse un poco y me lanzaban objetos para herirme aunque ninguno tuvo éxito, yo aun pensando en que estaban lastimando a mis amigos hice lo que no debí hacer… Con mi espada los atravesé a todos y el frio les arrebató su último aliento de vida, uno de ellos alcanzo a escapar pero no le di importancia, en este momento estaba más preocupado por mis amigos, gire la cabeza para verificar que estuvieran ver y en el suelo solo vi varios conejos inmóviles… Los Goblins no estaban atacando a mis amigos, simplemente estaban cazando para alimentarse y ahora han muerto por una estupidez que he causado. Unos gritos de guerra se escucharon provenientes del centro de la colonia y segundos después el suelo temblaba, aquel Goblin que había logrado escapar evidentemente fue a avisar de lo que hice y no importa que los haya salvado de una maldición haber matado injustificadamente a los suyos no me traerá cosas buenas… Sin más remedio simplemente hui, con la esperanza de que Rojo y Aka me alcanzaran eventualmente pues si me quedaba mi arma seguramente terminaría por lastimar a los demás, y no es algo que quiera… Corrí tanto como pude lejos de la colonia, afortunadamente yo era mucho más rápido que todos ellos, pero mi pecho pesaba demasiado las vidas que había arrebatado por un error estúpido me oprimían de una forma horrible y me hacían pensar que mi camino debía terminar allí, llegue a pensarlo más de una vez y ocasionalmente también pensé en simplemente quedarme detenido esperando a que aquellos Goblins simplemente me acuchillaran y terminaran con esta vida que parece más una maldición que una vida, la cual comenzó al momento de perderlo todo… Llegue a un lugar extraño, varios árboles parecían rodear a uno solo con un tronco muy grande, al girar y ver la parte de atrás del árbol pude ver un hueco por donde cabía perfectamente y el cual me ayudaría a ocultarme, pero apenas entrar todo se volvió oscuro, sentí como mi cuerpo estaba cayendo pero mis ojos solo veían oscuridad, de pronto el suelo me abrazo con su duro cuerpo y me di el golpe de mi vida, sentí que todo mi cuerpo se había fracturado y me era imposible moverme, pude escuchar como mi piel “tronaba” con cada movimiento pues el hielo del que parecía estar hecha, se resquebrajaba con cada acción, me quede allí inmóvil, sin sentir dolor, al menos no físico lo único que me dolía era mi mente, estaba solo una vez más y ni siquiera podía levantarme o hacer algo para intentar remediarlo. Mis ojos comenzaron a acostumbrarse poco a poco a la oscuridad y una cueva se comenzó a hacer presente, varios metros delante de mi había un cumulo de agua, que bailaba ocasionalmente y no fue hasta que lo vi que pude escuchar el sonido de las gotas de agua que caían del cielo, viendo que mi cuerpo parecía estar ahora hecho de hielo o de algo parecido… y tenía agua delante, pensé que quizás para “curarme” la clave era aquello, en mi mente imagine el agua viniendo hacia mí, esta curiosamente me hizo caso y poco a poco comenzó a cubrir mi cuerpo hasta que esté la absorbió, gane movilidad una vez más y al levantarme solo podía abrazarme a mí mismo, completamente abatido y sin un solo pensamiento de querer continuar con esta “travesía” -          ¿Qué te sucede? – Preguntó una voz dulce y que me relajaba simplemente con su tono. – No es común ver a un ser como tú en un sitio como este. – Afirmaba la voz. - ¿Que eres?, Pareces un elfo pero a la vez pareces estar muerto, y hasta donde sé, los elfos no tienen esa capacidad de vivir en muerte. La voz se quedó callada y después una figura de una mujer muy bella se presentó delante de mí, solo con mirarla la verdad es que no podía decir cuál era su r**a, no parecía algo que hubiera visto antes, su cuerpo era parcialmente invisible, era únicamente como “humo” que se presentaba ante mí y avanzaba caminando por el sitio, su rostro por otro lado, era completamente visible demostraba a una persona de orejas pequeñas, una de ellas puntiaguda como un elfo y la otra redondeada como un humano, una nariz pequeña, ojos de color miel y una piel tan oscura que se confundía levemente con el entorno en el que me encontraba, su rostro era el más hermoso que había visto en toda mi vida, pero me daba la impresión de que quizás solo era algo de mi imaginación… Pues ninguna historia, leyenda o libro especificaba la existencia de un ser así. -          Supongo que en este momento te cuestionas sobre lo que soy. – Afirmo la mujer dejándose ver con más claridad, su cuerpo dejo de verse en esa forma de humo y demostró toda su figura frente a mí. – Lo cierto es que mi r**a no tiene un nombre, o al menos no uno que ustedes nos hayan dado, pues puedo afirmar con toda seguridad que has sido la primera criatura de la superficie que ve a uno de nosotros. -          … - Yo no podía más que verla sin emitir algún sonido… -          Mi nombre es Lahmíne, y puedo ver en tu alma que sufres, tanto que esa arma que portas ha tenido que transferir su propio poder para mantener a tu cuerpo con vida, pues tu alma misma quiso dejarlo hace mucho, y curiosamente fue para salvar a otra criatura. Qué acto tan noble. – Finalizo con un poco de sarcasmo. -          ¿Qué eres? – Pregunte completamente confundido. -          ¿Acaso no me escuchaste? – Replico con algo de decepción. – Te he dicho que tu especie o cualquier otra de allá arriba, no nos han puesto un nombre, da igual que te diga que soy, ¡No entenderás que soy! – Al terminar de decir esto, rio levemente y después, solo de sus pies volvió a aportar aquella forma de humo y avanzo hacia el lago. – Ven, mete tus piernas en esta agua, te ayudará. Yo no supe a qué se refería, pero como dije antes su voz me hacía sentir enormemente tranquilo, no importa que su actitud no fuera la mejor de todas… (Aunque tampoco era grosera) Apenas mis pies entraron en contacto con el agua está comenzó a moverse violentamente y se tornaba de tonalidades muy diferentes: Morada, azul, roja, amarilla y verde; cada vez más rápido hasta que termino por mezclarse con todos ellos y se volvió completamente negra. Al adquirir este color el peso en mi pecho despareció, me tranquilicé rápidamente y el error que cometí aunque aún seguía allí, ya era en menor medida a como era antes. -          Eres un elfo con serios problemas… - Dijo aquella bella mujer de piel oscura. – He visto a muchas criaturas caer aquí y has sido el primero que ha logrado tornar esta agua de esa tonalidad… Creo que debes irte. Simplemente me corrió así sin más y al decirlo señalo hacia un lado, un hueco en la pared se abrió mostrándome el camino que debía de seguir y antes de que pudiera siquiera agradecerle a esa mujer, esta desapareció sin dejar rastro. -          Adiós. – Escuche al final, para no verla nunca más.
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