Sin algo más que hacer aquí salvo caminar, fui hacia la pared que se había abierto, lo cierto es que no sé cuánto tiempo habré caminado pero estoy seguro de que fue mucho tiempo y por un sitio que era únicamente roca con pequeñas líneas de agua que bajaban por la misma; espero que no me malentiendan, en este punto aún seguía demasiado preocupado por Rojo y Aka, pero me era imposible verlos y mucho menos saber si se encontraban bien, pero gracias al agua en la que me metí antes allá atrás, esta opresión sobre mi pecho se hizo mucho más llevadera y creo que esto fue para bien de lo contrario aun estaría allá tirado sin motivación o pensamientos de querer avanzar y terminar lo que quiera que sea esto en lo que estoy metido.
Hubo un momento cuando sentí algo extraño, por cada paso que daba me daba la impresión de avanzar como si fueran 10, regresaba y era como regresar igual 10 pasos, fue un sentimiento que me hacía pensar que la velocidad que llevaba no era la misma que veía, pues con cada paso todo se movía de acuerdo al avanzar mismo, sin embargo esa sensación no me era correcta y de hecho hizo que me mareara un poco y casi vomitara a causa de la desorientación que mi cuerpo estaba sintiendo; tras ese sentimiento llegue a lo que yo creo es el final de la cueva, aunque estaba dividida en dos caminos, supongo que es uno de esos momentos donde debes decidir… La cosa es que no importa cual elección obtenga el resultado me es incierto en ambas partes. Tome el camino de la izquierda sin pensar en lo que pudiera estar delante y justo cuando di algunos pasos escuche las voces de Aka y Rojo provenientes del otro pasillo, el de la derecha.
- Sé que estas molesto. – Decía con calma Rojo. – Pero no debes estarlo.
- ¿No? – Gritaba Aka. – Mira lo que nos hizo ese mago idiota… Tu y yo ahora somos unos monstruos que no pueden estar cerca de nada o nadie porque todo nos teme, si no hemos muerto a causa del hambre es porque quizás no debemos hacerlo… Pero si eso no nos mata te aseguro que aquellos humanos con antorchas que gritan que somos unas aberraciones lo harán…
- Sabes que Sádarak nos ayudará. – Le comentó Rojo aun con esa tranquilidad.
- ¡Nos ha abandonado!, ¡Entiéndelo ya! – Le gritaba demasiado molesto Aka, en la colonia de los Goblins cuando regresamos simplemente desapareció y cuando preguntamos todos nos querían ver muertos, diciendo que había asesinado a otros Goblins solo porque tenía ganas. – En este momento la voz de Aka se tornó un poco, entristecida y curiosa… - ¿Crees que alguien que mata por placer ayudara a seres como nosotros?
- Pero… - Intento interrumpirle Rojo.
- ¡Nada! – Se interpuso Aka subiendo más el tono. – Entiéndelo… El Elfo que conocimos desapareció.
- ¡Sigo aquí! – Grite fuertemente, pero justo como pueden imaginar no fui escuchado…
Tras esto las voces desaparecieron y, no la pensé dos veces antes de regresarme en mis pasos e ir hacia aquel otro lado de la cueva que era de donde las voces provenían, corría tan rápido que mis piernas se tropezaban ocasionalmente entre ellas y casi me obligaban a caer y en otras ocasiones dada la muy baja visibilidad chocaba con algunas paredes, al final pude ver la luz y salí casi disparado dándome cuenta de que la velocidad que veía y la que tenía era evidentemente diferente, parecía ser que ese sitio tenía algún hechizo muy complicado y raro para aumentar la velocidad de movimiento estando dentro; como dije salí disparado del hueco y termine en lo que era la zona de los Orcos, el paisaje es muy fácilmente reconocible por ser una zona muy árida con animales peligrosos y feroces y el problema más grande de todos… En esta zona los avistamientos de dragones son más comunes que en cualquier otra, solo espero no toparme con ninguno de ellos pues aun con mis nuevas habilidades dudo que sea capaz de derrotar a alguno.
Intente mirar hacia todos lados intentando encontrar a Aka y Rojo, pero el sitio estaba completamente solo, no había nada o nadie por ningún sitio circundante y a lo lejos no podía ver rastros de alguna civilización, o al menos eso pensé, al regresar la cabeza para mirar la cueva por donde había salido esta había desaparecido y detrás de ella un Orco mayor me miraba fijamente, los Orcos son seres territoriales que no dudan en enfrentar cualquier enemigo da igual quien o que sea, pero este me miraba con algo que jamás creí ver en uno de ellos… Lágrimas en sus ojos.
- ¿Qué sucede? – Pregunté manteniendo mi distancia.
- … - El orco no me respondió, bajo la cabeza; algo que nuevamente ningún orco haría y después se arrodillo en el suelo mostrando su cuello, era evidente. Me estaba pidiendo que le arrebatara su vida.
- Levántate. – Le pedí amablemente y al ver que no parecía ser una amenaza me acerque lentamente a él. – No pienso quitarle la vida a un ser inocente.
- ¿Inocente? – Preguntó sin levantar la mirada y con una voz muy gruesa y ronca, pero que demostraba un gran sentimiento de culpa. – Los Orcos dejamos de ser inocentes cuando guiados por la ira destruimos y aniquilamos a los humanos… En este momento todos nosotros estamos buscando redención y descubrimos que la única forma de obtenerla es ofreciendo nuestras vidas a cambio de aquellas que quitamos, sabemos que esto no los traerá de regreso… Pero es el castigo que merecemos.
Al terminar de hablar hizo su mano hacia mí, tomo mi espada (algo que no pensé pudiera lograrse, pues no lo había logrado nadie) La saco y la puso frente de si con la empuñadora incitándome a agarrarla.
- Ya te dije que no lo haré. – Le repetí. – ¿Conoces algún lugar donde haya hielo en esta zona? – Nada pierdo intentando saber si quizás ellos también tienen alguna maldición… No creo que sea coincidencia que haya llegado a este sitio, más bien sé que no es una casualidad.
- ¿Cómo lo sabes? – Preguntó muy asombrado. – Cuando los Orcos intentaron salir de la ciudad a buscar su muerte todo se convirtió en hielo apresándolos allí, solo unos pocos logramos escapar por estar fuera de la misma…
- ¿Dónde queda? – Lo suponía… Otra maldición ha sido impuesta a ellos y al haber sido aquel humano el que lo hizo no comprendo cómo es que en un desate de ira no los extermino… Estoy seguro que es capaz de algo así, aun en este momento no entiendo cómo piensa ese sujeto ni lo que pretende.
El Orco un poco escéptico sobre mi pregunta decidió rendirse en su intento de obligarme a acabar con él y me indico la dirección caminando delante de mí, no hubo conversación de ningún tipo y tampoco intentos de acercarnos más de la cuenta, de hecho todo fue muy pacifico algo que podría parecer normal para cualquiera que lea esto, pero lo cierto es que la palabra “paz” no es lenguaje de un Orco, especialmente dentro de sus tierras, basta y sobra que fueron ellos quienes exterminaron a la r**a humana y ahora parece que sufren las consecuencias de sus actos… Solo me hace pensar que Vivian en un estado de culpa que los orillo a querer terminar con sus propias vidas.
Estuvimos caminando por algunas horas y después al frente pude ver el reflejo de la luz del sol sobre algo, entre más nos acercábamos podía ver que era una ciudad completamente congelada, justo como aquel Orco me lo había dicho y no fueron necesarios muchos pasos dentro del “limite” para que mi guía se congelara justo como el resto, yo continúe caminando sin darle importancia pues sabía que si deshacía la maldición todos volverían a la normalidad. Una vez dentro de la ciudad únicamente se hacía presente el sonido del aire girando por las esquinas de los edificios completamente congelados y por la calle varios Orcos cubiertos por una gruesa capa de hielo que por la vista parecían haber estado huyendo al momento justo de ser cubiertos por ello (lo cual se juntaba con la historia que aquel Orco guía me dijo al inicio)
Aquí la cuestión es que no sabía cómo iba a destruir esta maldición, todo parecía muy normal y a diferencia de las otras veces ahora no fui impulsado a un “mundo” o sitio diferente donde habitara algún animal mágico que guardara esa maldición, pensé en lo más evidente y desenvaine mi espada y la clave en el suelo intentando comprobar si solo haciendo eso mi arma absorbería todo el hielo del reino y los liberaría pero nunca puede ser tan fácil… Un crujido se escuchó algo retirado de donde yo me encontraba y nuevamente las voces de Aka y Rojo resonaron por el lugar.
- Vamos hermano… Tenemos que sobrevivir.
- ¿Qué caso tiene? – Respondió aun molesto Aka. – No quiero vivir en un mundo donde no soy bienvenido.
- ¡No! – Gritaba yo, pues solo me hacía pensar que se había dado por vencido y se había resignado a perder la vida antes de ganarla. - ¡Por favor no!, ¡Pelea Aka! – Gritaba fuertemente, pero no podían escucharme… Quizás todo esto es solo imaginación mía y en realidad nada está ocurriendo, probablemente mi mente quiere verlos pero al no hacerlo solo me hace escuchar conversaciones que en el fondo pienso que es lo que ocurre.
Aquel crujido se volvió a escuchar y la tierra comenzó a temblar levemente, como si algo realmente gigantesco estuviera caminando guiado por mis gritos desesperados. Yo me quede callado y quieto esperando que lo que quiera que fuera aquello simplemente se detuviera y alejara, pero no sucedió en cambio se acercó hasta que pude verlo de frente, un enorme dragón de hielo me miraba fijamente y en el centro de su pecho una luz de color verde sobresalía de su pálido color de piel, la bestia rugió con fuerza y acto seguido escupió fuego blanco de su hocico el cual por fortuna no me hizo sentir nada… Pues parece ser que el hielo no me afecta ya.
- Otra criatura con sentimiento de culpa. – Dijo aquel imponente dragón dirigiéndose a mí. – Y no solo eso, sino que además controla un arma legendaria, jamás pensé que mis viejas escamas llegarían a ver este día. Bienvenido seas a la ciudad de la culpa, Amo del Hielo.
- … - Yo solo me quede callado, pues su voz me estremecía y sus palabras resonaban hasta el fondo de mi alma.
- ¿Qué quieres de este sitio? – Preguntó tranquilamente y después se echó a reposar.
- Liberarlo… - Dije con un poco de duda, y sin poder sonar confiado no importa que tanto lo intentara.
- ¡jajaja! – Rio fuertemente aquel viejo dragón. – Entiendo, no me sorprende que el Amo del hielo busque hacer eso, sin embargo dudo que puedas lograrlo.
- ¿Amo del hielo? – Le cuestioné.
- ¿No lo sabes? – Me preguntó. – En tu cadera descansa “Hugrion” Una de las 5 armas legendarias que solo son ofrecidas a los reyes absolutos de los diferentes elementos: Agua, Tierra, Aire, Fuego y Electricidad, y no sabías su procedencia… Aunque curiosamente en tu caso ha aportado la forma de Hielo, que es ampliamente conocida por erradicar las maldiciones y hacer descansar a las almas… ¿Qué eres?
- ¿Un elfo? – Respondí a modo de pregunta, pues no sé de qué habla.
- Eso fuiste. – Comentó seriamente. – Pero ya no más, después de todo no percibo vida en tu interior, o muerte en tu exterior. ¿Qué eres?
- No lo sé… No puedo estar muerto de lo contrario no estaríamos teniendo esta conversación… - Dije intentando no sonar sarcástico.
- Con esa arma si podrías, pero antes de ello necesitas saber que eres, Amo del hielo. – Finalizo haciendo mucho énfasis en esa última frase.
- ¿El amo del hielo? – Dije confundido… No creo que sea tan simple.
- Es un avance, pero no. Si eres el amo del hielo, pero no solo eso, sino ahora te has convertido en aquello que manejas.
- ¿Hielo? – Esto tiene cada vez menos sentido.
- … - El dragón asintió con la cabeza y volvió a escupir una vez más aquel fuego helado hacia mí. – Es imposible que el hielo hiera al hielo. – comento con un toque de burla. – Ya no eres un ser vivo, aunque no logro entender cómo es que eso ha sucedido, los anteriores dueños de esas armas mantuvieron sus formas, pero por alguna razón tu no. Pero en fin, creo que vienes a deshacer la maldición de este sitio, ¿No es así?
- Si, ¿Cómo puedo hacerlo? – Le pregunté sin mirarlo a los ojos.
- Lo sabes. – Respondió y se levantó. – Si quieres lograr erradicar la maldición de esta tierra deberás destruir lo que la contiene, y sé que sabes que es.
- Tu…
El dragón solo me miro y asintió con la cabeza diciendo una última frase: “Pero a diferencia de las otras bestias contenedoras, yo no pienso dejar este mundo por una acción noble, esta r**a no merece ser perdonada después de lo que ha hecho” La verdad es que tiene razón, pero no importa lo que piense esta arma me obliga de alguna manera a querer salvarlos… ¿Por qué?