A eso de las ocho con veinte de la noche escucho el auto de papá estacionarse, me levanto del sofá para recibirlo. Me percato que Seth no ha bajado corriendo a recibirlo como siempre lo hace. Por cierto, ¿dónde está?
Miro que se acerca a la entrada a paso lento, por lo que frunzo el ceño.
―Hola, papá ―lo saludo en cuanto entra por la puerta principal, se mira agotado pero igualmente me sonríe y me saluda.
―¿Qué hay, campeón? ―dice dejando su saco en la percha, las llaves sobre la mesita del recibidor junto algunos sobres.
―Nada, te llamé hace unas horas pero no contestaste, supuse que estaba ocupado pero no regresaste la llamada.
―Oh, lo siento ―se disculpa pasando a mi lado no sin antes darme una palmadita en el hombro―, sí, fue un día ajetreado, ¿está todo bien? ―continua para tomar un vaso con agua, para después preguntar preocupado. Está actuando raro, pero supongo que debe ser por el cansancio.
―Hum… sí, todo está bien ―respondo mirándolo como bebe su vaso desesperadamente―, sólo llamé para preguntar qué cenaríamos― cada vez bajo más mi tono, extrañado veo como rellena su vaso un par de veces más, como si no hubiera tomado agua en todo el día.
―Oh, hum… qué te parece… ―hace una pausa pensativo, me mantengo detrás de la encimera de pie, ¿por qué estoy tenso? De repente me mira fijamente, sin ninguna emoción en él, pero algo llama aún más mi atención, sus ojos en lugar de ser cafés son rojos― a tí ―termina diciendo, su voz suena casi demoníaca.
Retrocedo cuando comienza a rodear la encimera, miro como sus huesos comienzan a retorcerse, oh no, ¿es una Sombra?.
No me quedo para averiguarlo, salgo corriendo hacia mi habitación, ¿por qué hice eso?, al abrir la puerta la escena que presencio me deja congelado, encuentro a otro monstruo encima del cuerpo de mi amigo.
Todo da vueltas, ¿qué está pasando? Siento que voy a desmayarme cuando escucho golpes en mis oídos, el otro monstruo está subiendo las escaleras. Corro hasta la habitación de mi padre y me encierro ahí, muevo la cómoda que está a un lado de la puerta para crear una barricada contra los monstruos que hay afuera. No me doy cuenta que lágrimas han salido de mis ojos hasta que comienzo a ver borroso, las límpio para despejar mi vista, pero escucho algo detrás de mí, me giro rápidamente para ver de qué se trata, y ahí, en el suelo de la habitación, me encuentro con el cuerpo de mi padre, otra oleada de conmoción aparece, me acerco vacilante, un charco de sangre lo rodea, me arrodillo a su lado, escucho como la puerta es golpeada del lado del pasillo, pero ya no me importa mientras veo el cuerpo inmóvil de mi padre, la última persona de mi familia que me quedaba.
―No… papá ―consigo decir, llevo una de mis manos a su pecho, intentando sentir su corazón, pero está quieto, miro su cara, sus ojos cerrados.
Más golpes en la puerta, chillidos y gruñidos acompañando los impactos en la madera, y después escucho el mueble impactar en el suelo. Me levanto de golpe, no les temo cuando los veo parados en el pasillo, pero tampoco tengo esperanzas de salir de esta, chillan hacia mí y se abalanzan para atraparme.
Conforme se acercan la habitación comienza a tornarse oscura, como si el sol se estuviera poniendo.
La sombra salta sobre mí, lo miro a cámara lenta, permitiéndome ver cada detalle de sus ojos, su boca llena de dientes afilados y su lengua viscosa, y la textura de su piel asquerosa.
Antes de que me atrape todo se vuelve oscuro y siento mi cuerpo sacudirse, mis oídos captan un sonido agudo.
―Samuel ―escucho a lo lejos―, despierta ―dice sacudiéndo mi cuerpo para que abra los ojos.
Cuando lo hago, me incorporo de golpe chocando mi frente con la persona que me habla, ambos nos quejamos.
―Auch ―sobo la zona en mi frente que me duele.
―¿Estás bien?, te quedaste dormido en el sillón ―me dice papá igual sobando su frente. ¿Qué? ¿Me he quedado dormido?
―¿Eh? ―pregunto confundido, mirando a todas partes, todo está en orden. Retrocedo un poco en lo sucedido, Zander destruyó a las sombras y después arregló toda la casa, después se despidió de nuevo de nosotros y desapareció, Seth y yo entramos a casa, él comió y yo me recosté un momento en el sillón.
―Ah, sí, parece que me dormí aquí. ―Lo miro asintiendo, miro hacia la pared buscando el reloj, marca las nueve con diez minutos― ¿Vas llegando? ―pregunto desviando el tema.
―Sí, día pesado, ya sabes ―dice tratando de parecer indiferente pero sus ojos cansados hablan por sí solos.
―Sí, ¿ya cenaste? ―me levanto del sillón para ir a la cocina por un vaso de agua, y recuerdo mi pesadilla, se sintió tan real.
―No, ¿tú tampoco? ―pregunta casi pareciendo molesto, volteo para darle una sonrisa nerviosa y negar lentamente.
―Bien, debemos arreglar eso ―se acerca a la alacena y busca― ¿se te antojan unos macarrones? ―pregunta sacando la caja con la sopa cruda.
―Claro, iré a darme un baño, fui a pasear con Seth hoy ―digo buscándolo con la mirada― ¿dónde está? ―pregunto cuando no lo veo por ninguna parte.
―Está atrás, lo saqué cuando llegué, yo me encargo de la cena, descuida ―responde buscando los ingredientes para prepararla.
―Bien, ahora vuelvo ―me dirijo a las escaleras a paso rápido, el recuerdo de la pesadilla regresa cuando voy subiendo las escaleras, la idea de que suceda me angustia.
Abro la puerta de mi habitación un poco temeroso, todo está en perfecto orden, le agradezco mentalmente a Zander, me acerco a la cómoda y busco ropa limpia.
Otra luz ha sido salvada.
──────────── ⊰ § ⊱ ────────────
Keyla me ha invitado a comer a su casa, planeando después hacer algo.
―Te toca ―dice acomodando las cartas que tiene en la mano.
―Bien, espera ―digo buscando una carta entre mi maso, hasta que escuchamos que tocan la puerta.
―Yo voy ―dice dejando sus cartas lejos de mi alcance.
―Pues es tu casa ―digo en todo de broma, ella entrecierra los ojos mirándome con odio fingido.
Vuelve después de unos minutos, con cara desconcertado.
―¿Quién era? ―pregunto al ver su expresión.
―Nadie ―responde sin mirarme y volviendo a su lugar.
―Ya, dime, ¿quién era? ―insisto creyendo que no quiere contarme quién era.
―Literalmente, no había nadie ―responde puntuando sus palabras, frunzo las cejas en respuesta.
―Que raro ―digo para continuar con el juego.
―No has- ―es interrumpida por el timbre de nuevo, nos miramos y ambos nos levantamos para ir a ver. Ella se asoma por la mirilla.
―No hay nadie ―murmura cuando se gira hacia mí, la hago a un lado suavemente para que me deje mirar. Abro los ojos cuando veo a una persona parada afuera, ¿viene a buscarme?
―Hum… que raro, ¿no? ―le digo cuando mi giro para mirarla.
―Sí, pero volvamos a jugar ―comienza a dirigirse de nuevo a la sala, mientras yo miro de nuevo por la mirilla, sigue ahí, es un chico y se ve desesperado.
―Ya voy, espera ―le murmuro a través de la puerta, espero que me haya escuchado ―Hum… creo que debo irme ya ―me dirijo ahora a Keyla, asomándome a la sala donde está.
―¿Qué? ¿Por qué? ―pregunta antes de sentarse en el suelo.
―Olvidé que papá me dejó unas tareas por hacer, lo siento ―le miento tratando de no parecer nervioso.
―Unas tareas, ¿he? ―pregunta curiosa, dudando de mis palabras.
―Sí, debo irme, nos vemos luego ―salgo corriendo antes de que pregunte más. Abro la puerta y casi choco con el chico que está parado afuera. Le hago una seña para que me siga rápido. Bajo las pequeñas escaleras para pasar por el jardín delantero y dirigirme hacia mi casa.
―¿Hola? ―pregunta el muchacho confundido por mi reacción.
―Aquí no ―respondo rápidamente mirando a una señora pasar por mi lado en la acera.
―¿Eres chico que ve fantasmas? ―pregunta sin hacerme caso, sólo asiento con la cabeza ante la descripción― Oh, Dios mío, eres real ―agrega, por un momento me sentí en un universo paralelo donde los humanos somos los que no existimos.
Llego rápidamente a la puerta principal y la abro, encontrando a Seth saltando frente a esta.
―Llegaste, llegaste ―canturrea saltando alegremente―, ¿y quién es él? ―se detiene y lo mira a la defensiva.
―Tranquilo, él es… ―lo miro preguntando su nombre con mi mirada.
―Alejandro ―dice rellenando el espacio vacío que dejé.
―Alejandro ―le digo a Seth para que se relaje.
―Oh, está bien ―el can se relaja moviendo la cola y sacando la lengua como un buen perro.
―¿No muerde? ―pregunta un Alejandro temeroso.
―No, es amigable ―le sonrío con confianza.
―Bueno, vengo por tu ayuda ―dice después de mirar por unos segundos hacia Seth.
―Claro, ¿cómo puedo ayudarte? ―lo miro atentamente.
―Verás, cuando morí digamos que no me despidieron ―dice nervioso.
―¿A qué te refieres? ―frunzo mi ceño confundido
―O sea, en mi familia cuando un integrante muere se lleva a cabo un ritual de despedida para encontrar el camino fácilmente ―comienza a explicar, yo sólo asiento mostrándole que comprendo― y, por alguna razón, a mí no me hicieron uno, así que creo que con eso debería trascender, ¿no? ―finaliza dudoso.
―Bien, entonces lo que necesitas es que haga ese ritual por ti ―digo para confirmar mi misión, y él lo hace asintiendo la cabeza― ok, ¿y qué se necesita? ―pregunto buscando algo con qué anotar.
―Veamos… cuatro velas blancas, sal, mucha sal, agua, una superficie de tierra, y rocas ―
―Bien… ―digo― ¿debe ser en un lugar específico?
―Bueno… hay un gran árbol del que se ha estado hablando ―comenta tímidamente.
―Ah, sí, lo conozco, ¿quieres que sea ahí? ―digo recordando a Sebastián y Nerea.
―Sí es posible sí ―pide suavemente.
―Ok, deja tomo unas cosas y nos vamos ―le pido mirando el reloj en la pared, tres y media de la tarde, es buena hora.
―Está bien ―accede tranquilo.
──────────── ⊰ § ⊱ ────────────
Salimos de casa, en el camino llegamos a una tienda para comprar las velas, sal y botellas de agua, puse todo en la mochila y me monte en mi bicicleta para ir otra vez hasta el “gran árbol”, Seth viene corriendo enfrente de mí, vamos por el camino del bosque que encontramos para llegar al punto.
―Y, cuéntame sobre este ritual ―le pido al ente que viene flotando a mi lado.
―Es una despedida que se lleva a cabo en mi familia, en mi comunidad de donde soy originario más bien, para apoyar a los fallecidos en su camino hacia el más allá, claro que lo hacen sin saber muy bien cómo es esto de… estar muerto ―me comenta sin mirarme, probablemente pensando en su familia, yo sólo asiento con la cabeza.
―Oh, qué interesante, y ¿cómo se hace? ―pregunto comenzando a adentrarme en el proceso.
―Deberás hacer un rombo de sal donde sus puntas den hacia cada punto cardinal, poner las velas en cada una de sus puntas, posicionar una roca en un punto medio entre cada vela y verter agua encima de ellas ―me dice el proceso que debo realizar, de momento suena fácil. Me quedo en silencio por unos segundos esperando que continúe pero no lo hace.
―¿Y eso es todo? ―pregunto confundido.
―Ah, y debes recitar un mantra mientras haces todo el proceso, ―Agrega, asiento indicando que me diga cuál es, pero lo veo dudar―, es… ―se detiene a pensar, confundido―, es…
―¿No lo recuerdas? ―pregunto preocupado, deteniéndome también.
―Me recuerda a alguien ―murmura Seth, le lanzo una mirada amenazadora, diciendo que no es el momento.
―Yo… no ―dice desorientado, sus cejas juntas.
―Ok, eso es un problema ―digo pero intento sonar tranquilizador― encontraremos una solución, ¿de acuerdo? ―le digo dándole una sonrisa.
―Está bien. ―Retomamos el camino hasta llegar al área donde ayudé a los hermanos.
―Estamos aquí, hay que comenzar ya ―digo en cuanto llegamos―, ah, pero el mantra ―digo para mirarlo, recuerdo que cuando Nerea me tocó un especie de vínculo me indicó lo que ella quería.
―¿Puedes tocarme? ―le pido.
―¿Cómo? ―pregunta confundido.
―Sí, toca mi mano ―digo estirando mi palma.
―Bien ―dice dudoso mirando mi mano, se acerca tímidamente y toma mi mano.
De repente todo se oscurece, siento que caigo y rápidamente me detengo, enfrente aparece una anciana, rodeando a un cuerpo tendido en el suelo, formando un rombo de sal alrededor de él, rocas y vertiendo agua, está haciendo el ritual, y está murmurando algo que no alcanzo a entender, me acerco para escucharla mejor y mirando cómo hace cada cosa que tendré que recrear yo.
―Dale la felicidad, la luz y la paz. Que él, habiendo pasado por la muerte, participe con todos los santos de la luz eterna. Perdónale sus pecados para que alcance junto a Ti la vida inmortal en el reino eterno ―termina de recitar lo que parece una oración, cuando termina de decirla una vez vuelve a empezar para repetirla, de repente desvía la atención hacia a mí, como si me estuviera viendo.
Siento un fuerte tirón acompañado por una sacudida, y de repente estoy frente a Alejandro de nuevo.
―¿Estás bien? ―pregunta preocupado.
―Sí, sí, hay que comenzar ―le digo quitándome la mochila para sacar todas las cosas ―Seth, busca rocas grandes, ¿sí? ―le pido.
―¡A sus ordenes! ―dice fuerte para salir corriendo a buscar.
―Bien, hum… ¿dónde es el norte? ―digo tomando la bolsa de sal entre mis manos, miro el árbol y algo me dice que ese es el norte.
―¿Podrías recostarte en medio? ―le pido recordando la visión que tuve de la anciana.
―Claro ―dice sin más para obedecer. Dando una respiración profunda me dispongo a comenzar.
―Dale la felicidad, la luz y la paz. ―Comienzo a verter la sal en el suelo de tierra―. Que él, habiendo pasado por la muerte, participe con todos los santos de la luz eterna. ―termino de formar el rombo y me dirijo a buscar las velas― Mierda, no tengo fósforos ―murmuro recordando que no compré fósforos para encender las velas.
Me detengo pensando en qué hacer hasta que siento una imponente presencia, me giro y ahí está Zander.
―Wow ―escucho que murmura Alejandro al ver al Arconte.
―Continúa, yo me encargo ―dice con una sonrisa acompañada de un asentimiento de cabeza, yo también asiento entendiendo que él encenderá las velas.
―Perdónale sus pecados para que alcance junto a Ti la vida inmortal en el reino eterno ―continúo donde me quedé posicionando las velas en cada vértice de rombo dibujado. Zander, con un movimiento de manos, las enciende, bastante impresionante.
―Dale la felicidad, la luz y la paz ―comienzo a recitar para ir por las rocas y ponerlas entre las velas.
―Que él, habiendo pasado por la muerte, participe con todos los santos de la luz eterna. ―tomo las botellas de agua y comienzo a verterla por encima de las rocas.
―Perdónale sus pecados para que alcance junto a Ti la vida inmortal en el reino eterno ―finalizo mojando la última roca. Repentinamente una luz comienza a emanar de Alejandro, para después este comenzar a flotar en la misma posición que se encuentra, ¿ha funcionado? Sí, está pasando igual que con Nerea, parece que está siendo abducido por extraterrestres.
Nos quedamos viendo lo que sucede, yo suelto una sonrisa emocionado porque ha funcionado, he salvado otra luz.
Alejandro baja lentamente hasta estar dentro del rombo de sal. Abre los ojos y se incorpora pero no puede salir de la figura.
―Hum… ¿puedes romper el rombo? ―pregunta confundiéndome, pero caigo en cuenta pronto.
―Ah, claro ―me acerco para romper la marca de sal, había un mito que decía que los seres interdimensionales no podían cruzar una barrera de sal, y parece que lo acabo de desmentir.
―Me siento muy bien ―dice el muchacho con una sonrisa aliviada.
―Me alegro mucho ―digo orgulloso, con una sonrisa que él me regresa, corre hacia mí y me abraza estrechamente.
―¡Muchas gracias! ―exclama― De verdad, muchas gracias ―ahora escucho que su voz se entrecorta, me hará llorar.
―No es nada ―digo parpadeando para alejar las lágrimas, se separa del abrazo y adopta su actitud tímida de nuevo.
―Ah, ten ―dice sacando algo del bolsillo y poniéndolo en mi mano.
―Gracias ―digo recordando lo que me dijo Sebastián, miro la moneda que ha dejado en mi palma y le sonrío.
―¿Eres un ángel? ―le pregunta a Zander sorprendido.
―Sí ―le responde sin más con una sonrisa, frunzo mi ceño por la respuesta que le dio.
―Increíble ―le dice más sorprendido, para después mirarme a mí―, entonces, es todo, supongo ―dice vacilante.
―Sí, ya puedes descansar ―digo contento.
―Gracias, adiós, Samuel ―se despide con otro abrazo―, adiós, Seth ―se atreve a acercarse y acariciar su cabeza―, adiós, ángel ―se despide de Zander con una sacudida de mano, este sólo asiente con la cabeza dándole una sonrisa tranquilizadora.
―Adiós, Alejandro ―le digo con una sonrisa algo triste.
Veo como la luz lo enfoca y comienza a desaparecer, dejando unas partículas de luz en el aire.
―Otra misión cumplida ―dice Seth sentándose a mi lado y recargando su cabeza en mi pierna.
―Bien hecho, Samuel ―me felicita Zander poniéndose a mi lado y pasando uno de sus brazos por mi hombro, dándome un abrazo de lado.
―Apareces para salvarme, gracias ―de repente me pongo nervioso ante su cercanía, pero le agradezco sinceramente.
―No hay de qué ―me sonríe para guiñarme un ojo después, haciéndome sentir las mejillas calientes. ¿Qué pasa conmigo?