Salimos del edificio con dirección hacia el coche, papá me dijo que ya se ha encargado de todo el asunto del hospital, que no me preocupara. Llegamos al coche, entrando al asiento del copiloto lanzo la mochila a los asientos traseros.
―¿Me dirás a dónde vamos? ―le pregunto algo intrigado, miro como se acomoda en su asiento, está muy emocionado como para tratarse de un simple desayuno.
―Iremos a desayunar a donde tu quieras, y después iremos a un lugar… —dice lo último ateniéndose a contar a qué lugar, creando suspenso—. Ya sé que no te gustan las sorpresas, pero… sé que esta te va a gustar.
―Bien, confiaré en ti ―digo resignado a que no me dirá nada más.
―Cinturón ―pide papá poniéndose el suyo, obedezco a su orden, no quiero volver de nuevo al hospital. Enciende el coche y salimos del estacionamiento de las instalaciones. En el estéreo se escucha la radio local emitiendo música variada, papá no puede evitar cantar una que otra canción que reproducen, yo le sigo el juego mientras nos desplazamos por las calles de la ciudad tiñéndose con colores cálidos a raíz de la pronta llegada de la primavera.
Hacemos una primera parada en un restaurante sencillo para tomar un desayuno antes de emprender hacia la sorpresa. Disfrutamos de nuestra comida, escuchando de fondo la televisión donde se transmite un partido de fútbol, hay muchas personas disfrutándolo para ser tan temprano; nos ponemos al día, o más bien mi padre me comenta datos que han pasado los últimos días: Keyla ha preguntado por mi estado cada que papá le pide algunos apuntes que necesito para realizar los trabajos que me proporcionaron, no pudo ir muy seguido a verme por sus clases y ensayos de la obra, la que se pospuso hasta el regreso de vacaciones, no me supo explicar muy bien la razón pero se alegra porque tendrán más tiempo para prepararse; hablamos un par de días por teléfono y me contó que enfrentó a Liam y sus leales amigos, negó las acusaciones que hizo ella, diciendo que ese día ni me toparon, y eso sí lo recuerdo, me fui cuando la campana de salida sonó, y aunque suene raro, le creo a Liam, nunca ha llegado a nada más que comentarios indeseables y molestos, un que otro empujón, pero nada para herirme tan grave, no veo razones para que quisiera hacerme un daño así.
Pagando la comida salimos del local y volvemos a la carretera, miro a través de la ventana y rápidamente llegamos a un área que reconozco, estamos del otro lado de la pequeña ciudad, miro la librería, una tienda de antigüedades, más restaurantes, pastelerías y locales variados, pasamos por el gran parque con sus árboles frondosos, dejando claro la estación actual del año. Se detiene y miro dónde se ha estacionado, estamos frente del refugio de animales de la ciudad, me sorprendo pensando en las posibilidades y la razón del por qué estamos aquí. Creo saber por dónde van los tiros y me pregunto por qué tan de repente.
―Llegamos a la sorpresa, vamos ―dice papá con una sonrisa muy extendida en su rostro, apaga el motor y me invita a salir del coche.
Yo no digo nada, mi cerebro aún está analizando la situación. ¿Adoptaremos una mascota? No he tenido muchos animales a mi cuidado que digamos así que estoy sorprendido y algo emocionado también. Una vez rescaté a un gato callejero, cuando mamá aún estaba con nosotros; le dimos de comer, lo aseamos, y lo cuidamos lo mejor que pudimos, lo nombramos “Tiger” debido a su pelaje atigrado, era de color café rojizo con sus rayas casi negras, era muy bonito y su pelaje era suave ahora que me pongo a recordarlo; pero al poco tiempo mis padres comenzaron a darnos cuenta que su salud no era la mejor, en una visita al veterinario les informaron que padecía de una enfermedad en estado avanzado muy grave, yo era muy pequeño en ese entonces como para entender la situación, parece ser que los anteriores dueños lo habían abandonado por la misma razón de su padecimiento, y para no hacerse cargo de su tratamiento y cuidado se les hizo más fácil el dejarlo por ahí, papá me contó, cuando tenía más edad para entender, que tuvieron que tomar una decisión, lo mejor para el animal fue dormirlo, ellos en ese momento inventaron que él tenía que regresar con su “mamá gato” que lo estaba buscando, recuerdo haberme puesto muy triste ya que lo quería mucho, pero me hicieron comprender que era lo mejor, y así se hicieron.
Recordando a Tiger bajo del coche y escucho como se ponen los seguros, me acerco a papá, quien ya se encuentra frente a las instalaciones, parece un niño emocionado, me hace sonreír lo contento que se ve, a la vez que me contagia su emoción. Recuerdo que a él también le afectó lo sucedido con Tiger, cuando me contó la verdadera historia mencionó que le dolió tomar esa decisión pero que mamá lo hizo entender que si no fuera por eso el animal pudo haber seguido sufrido más esperando el mismo destino.
―¿Vamos a adoptar a una mascota? ―le lanzo la pregunta que rondaba por mi cabeza.
―Claro, ¿no te emociona? ―pregunta con su emoción a flor de piel, ensanchando su sonrisa.
Papá es un amante de los animales, y mamá también lo era, tanto que creo que lo heredé de ambos, pero soy consciente que se merecen mucho más que simplemente un lugar donde vivir.
―¿Por qué no lo estaría? ―contesto reaccionando a lo que está pasando, él está dispuesto a hacerlo, y yo contento de participar también.
―Entonces vamos ―dice para finalmente caminar hacia la entrada, con mis pasos detrás de él.
Justo al entrar al vestíbulo nos encontramos con un hombre mayor que desprende felicidad al vernos entrar, sentado detrás de un mostrador se levanta para recibirnos con una sonrisa, eso es amar su trabajo.
―Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlos? ―nos pregunta al llegar delante del mueble.
―Buenas tardes ―papá devuelve el saludo amablemente―, quisiéramos adoptar a un perro. ―Es directo con su petición, me paseo por el vestíbulo mirando algunas fotos enmarcadas colgando de las paredes que muestran a personas con animales que supongo han rescatado.
―Claro que sí, pero primero podría ayudarme llenando este formulario, por favor, es uno muy corto, si deciden adoptar a un amigo se le pedirá que llene uno más específico con sus datos. ―Le entrega a papá una hoja que contiene algunas preguntas, junto a un bolígrafo, mientras le explica por encima el proceso que deberá hacer.
Contestamos pregunta tras pregunta: cómo era nuestra casa, cual era nuestros horarios, entre otras; supongo que era para saber que el perro tendrá los cuidados y la atención necesaria para tener buena vida con su nueva familia.
―Listo ―dice papá mientras nos acercamos al mostrador donde se está Jerry esperando, según indica su gafete.
―Bien, pasen por este pasillo y giren a la derecha. ―Nos indica.
―De acuerdo, gracias, Jerry ―le agradece papá muy confiado. Caminamos por el pasillo, por la entrada por la que debemos entrar hay un cartel con la silueta de un perro, y al girar a la derecha nos sorprendemos.
El lugar es más grande por dentro que lo que aparentaba por fuera. En la gran habitación a la que entramos nos encontramos con muchos canes, que al darse cuenta de nuestra presencia reaccionan de distintas formas. Cada canino está en especies de corrales en lugar de jaulas, el lugar es parecido a un establo, a uno muy grande, con corrales de madera en varios pasillos; encontramos al personal alimentándolos y limpiando sus lugares.
―Buenas tardes, mi nombre es Kelly ―Se acerca una mujer a la entrada donde nos quedamos parados y se presenta igual de alegre y amable que el de la recepción―, Jerry me informó que buscan a un nuevo amigo canino.
―Así es, queremos adoptar a una mascota, y qué mejor que un perro ―le responde mi papá sonriente.
―Muy bien, si gustan seguirme, y si ven a uno que les guste me lo indican ―dice para comenzar a caminar a paso lento, dándonos tiempo de ver a los cachorros y adultos que hay en los corrales.
Todos aquí parecen amar su trabajo, Kelly no relaja su sonrisa de oreja a oreja, mientras los demás se centran en sus deberes, limpian las heces y rellenan los platos de los contentos huéspedes.
Paseamos por el gran lugar, todos son muy lindos, unos saltan para llamar nuestra atención y otros ladran al ver desconocidos, pero no llego a sentir una fuerte conexión con ninguno de ellos, pensándolo debería enfocarme en que a alguno de ellos podré darle un hogar y cariño, y lo querré sea como sea.
Después de pasar por la mayoría de corrales y de discutir si nos gusta y escuchar sus historias contadas por Kelly, me detengo al ver a un perro echado que llama fuertemente mi atención: es grande, casi todo su cuerpo es de pelaje n***o, su pecho y patas blancas hacen buen contraste, y el toque marrón destaca entre el n***o y el blanco.
¿Por qué siento como que me llama? ¿Por qué no reaccionó como los otros? Cuando se levanta para mirar hacia nosotros puedo distinguir en su hombro derecho una cicatriz, pero no una cicatriz cualquiera o accidental, más bien parece que estuvo planeada dada su forma, casualidad o no, tiene el mismo símbolo que apareció en mi hombro de la nada, y quiero saber más.
―Oh, este amiguito de aquí es un Boyero de Berna, tiene 3 años de edad. ―Kelly nota mi interés en el can y me da información―. Puede llegar a ser un perro tranquilo, independiente y sociable, a su vez que muy activo, y es por esto que necesita altas dosis de actividad física, es protector y muy juguetón ―continúa explicando, mi padre la escucha con atención mientras que yo analizo al can sentado que me regresa la mirada―; por su tamaño sus cuidados puede llegar a ser complicado de llevar, pero si están dispuestos a llevárselo les daremos recomendaciones sobre ello.
―¿Por qué tiene esa cicatriz? ―le pregunto después de escuchar la descripción.
―Si te soy sincera, no lo sabemos, ya lo tenía cuando lo encontramos, se veía muy mal, casi moribundo, suponemos que se lo hizo su anterior dueño ―dice con pena reflejada en su rostro por el infortunio del perro.
Lo pienso un momento, parece como si ese símbolo me impulsara a llevarlo conmigo, a mantenerlo cerca de mí. Miro a papá sonriendo, diciéndole con la mirada que ya tomé una decisión y quiero saber su opinión, él se muestra de acuerdo.
―El nuevo integrante de la familia ―digo mirando al can, y este, como si me hubiera entendido, sacude su cola de lado a lado.
―¡Bien!, ―Kelly no oculta su alegría de que lo llevaremos con nosotros―, pero hay un proceso que debemos seguir, ¿de acuerdo? —dice dirigiéndose a mi padre.
―Sí, está bien ―le responde comenzando a seguirla de regreso por el pasillo.
―Yo… creo que me quedaré aquí en lo que haces todo, si puedo ―le pido antes de que se alejara más. Él le da una mirada como preguntando si es posible que me quedara ahí, ella le asiente con una sonrisa para decir:
―Está bien, además las primeras recomendaciones es convivir con el perro antes de llevárselo, ―Kelly autoriza mi petición―, pero debo pedirte que te quedes de este lado del corral para evitar inconvenientes ―agrega con mirada un poco más severa.
―De acuerdo ―respondo indicando que entiendo su orden.
―Bien, ahora regreso, ¿sí? ―me indica papá con su típica voz de preocupación.
―Sí papá, no iré a ningún lado, aquí estaré ―le digo para que se tranquilice un poco.
―De acuerdo ―murmura dándome un golpecito juguetón en el brazo, y con eso se marchan.
Me siento en el suelo, por lo reluciente que se ve sé que está limpio, frente a frente con el perro, en su mirada puedo ver felicidad mientras se acerca a la puerta de madera que lo mantiene en un área sólo para él y se sienta un poco inquieto.
―Hola amigo, te irás con nosotros hoy. Seguro has esperado a que alguien te adopte, y el día ha llegado, espero que estés feliz ―le digo, sabiendo que es raro que le hable a un animal que no puede contestarme, pero estoy sólo así que qué más da.
―Sí, sí, sí, estoy muy emocionado ―Escucho una voz masculina muy cerca de mí, pero no precisamente del exterior.
¡¿Qué carajos?! Volteo a todas partes para ver de quién proviene esa voz, creyendo que es alguien que me ha escuchado y ha respondido en forma de burla, pero los que permanecieron en la habitación están muy lejos o metidos en sus asuntos.
¿Acaso… el perro había hablado en mi mente? No, debe ser sólo mi cerebro jugando chueco.
―Sí, yo te he hablado ―Vuelvo a escuchar la misma voz, miro hacia el perro, en sus ojos veo simpatía, abre su boca y veo su lengua mientras respira y mueve su cola. ¿Pero qué…? Niego ante lo que estoy presenciando mirando a través del pasillo y entre los corrales queriendo pensar que pudo haber sido uno de los presentes, pero continúan sin prestarme ninguna atención. Ya pasaron varias horas desde que tomé mis medicamentos, ¿alguno de ellos provoca alucinaciones?
—¿En serio- ―empiezo en un susurro, algo aturdido― me has hablado tú? ―le pregunto incrédulo, esperando que no contestara y que fuera una cosa extraña de mi mente. Él asiente con su cabeza y yo parpadeo perplejo ante su acción.
¿Qué carajos? ¿Qué carajos? ¿Qué carajos? Su movimiento de cabeza puede ser casualidad ¿no?, no una respuesta. ¿O en verdad me está hablando un perro? No, imposible. ¿Acaso tomé analgésicos de más? ¿Me estoy volviendo esquizofrénico? ¿Qué sigue?, ¿que las palomas me hablen?
Me le quedo mirando un poco perturbado por la situación, a lo que él suelta un fuerte ladrido que me hace saltar del susto y salir de mi conmoción para después cuestionar:
―¿Por qué te ves sorprendido? ―Escucho su voz curiosa dentro de mi mente, ladeando un poco su cabeza esperando que responda, pero me he quedado sin habla.
―Porque… ―Logro empezar a soltar palabras― lo estoy, nunca un perro había contestado a mis palabras, ni nunca ha hablado ¿sabes? ―digo con mis ojos muy abiertos―. ¿Cómo haces eso? ―le pregunto confundido.
―No lo sé, simplemente hablo y parece ser que tú puedes oírme, así que, genial ―dice tranquilamente para soltar más ladridos no tan escandalosos, yo intento mantener la calma para no llamar la atención de los demás.
―No, no es genial ―respondo en susurro arrugando mis cejas―. Es… extraño. ―
―Bueno, depende de cómo lo mires, para mí es genial que me entiendas, así puedo decirte que tengo hambre, y no quiero croquetas de perro ―me habla tan cómodamente y yo sigo sorprendido.
―Hum... ―Dudo un poco antes de soltar la primera pregunta que tengo―, ¿qué significa ese símbolo? ―finalmente pregunto sobre lo que creo que puede tratarse de una marca.
―No lo sé, lo único que recuerdo es a mi anterior dueño, no era bueno conmigo, así que decidí escapar pero él me encontró y… después de eso no recuerdo qué me pasó, pero Kelly dijo que estaba medio moribundo, ellos me salvaron, fin ―Bien, eso no me da respuestas, pero me hace sentir un poco de empatía por él, dándome cuenta que no es malo y no debería asustarme, tampoco puedo evitar pensar en lo que me pasó.
―¿Y cómo es que la tengo yo? ―pregunto en voz baja, cuestionándomelo más a mí que al perro que tengo enfrente.
―¿También la tienes? que extraño… ―Se queda pensando unos minutos, compartiendo silencio―, pero parece que es lo que nos permite poder hablar ¿no? ―Se escucha felicidad en su voz. Todo esto es muy raro, la última semana ha sido muy rara en realidad.
―Supongo ―Concuerdo con él, me tallo la cara un poco cansado, conforme más lo pienso no es tan malo poder escucharlo. ―y dime, ¿quieres ir con nosotros? ―le pregunto por curiosidad, manteniendo mi tono discreto.
―¡Pero claro! ¿Por qué no quisiera ir con ustedes y tener una familia? ―dice con emoción moviendo su cola y soltando otro ladrido― Apuesto a que la comida será más deliciosa que la de aquí, esas croquetas, puaj ―dice moviendo su cabeza hacia abajo mientras abre su boca fingiendo vomitar, el sonido de arcada hace que uno de los cuidadores más cerca volteé a verlo.
―¿Está todo bien? ―me pregunta un poco preocupado.
―Hum… ―Miro al perro y este me mira tranquilo con su lengua de fuera―, parece que sí ―respondo al hombre, él solo asiente y, creo que ha terminado su trabajo porque se retira de la sala.
Río un poco por los nervios y por el comentario del can, se nota que es ocurrente.
―Créeme, cuidaremos de ti. ―Le sonrío a pesar de la confusión que ha creado en mí. Dudoso meto mi mano entre las tablas para darle a entender que quiero acariciarlo.
―¿Eso es una promesa? ―Se acerca entrecerrando sus ojos, se detiene un momento y me huele la mano para después pasar todo su cuerpo por la madera y volver para poner su cabeza debajo de mi mano, me río por su acción y lo acaricio detrás de las orejas.
―Bueno, haremos todo lo posible para que estés cómodo con nosotros ―digo entusiasmado―. Me siento raro hablando con un perro. ¿A ti no te parece extraño todo esto? ―le cuestiono esperando que sepa algo.
―No lo sé, soy un perro, yo le hablo a los humanos todo el tiempo ―dice indiferente disfrutando de los mimos, mueve su pata en muestra de disfrute, riendo más me detengo―, pero nunca me responden, ahora veo que es porque no me entienden. ―Se sienta de nuevo al darse cuenta de lo que le sucedía con los humanos.
Sonrío por su pensamiento sacudiendo la cabeza, aún con el pensamiento de si de verdad estoy teniendo una conversación con un animal.
Pasan los minutos y ni me doy cuenta, yo continúo conversando con el canino, me cuenta cómo lo rescataron y su estancia en el refugio, por mi parte trato de no reaccionar mucho con su historia y comentarios y siendo discreto con los míos y mis palabras; al poco tiempo llega papá a mi lado junto a Kelly y me callo para que no piensen que estoy loco por hablarle al perro, aunque es común que las personas le hablen a los animales ahora que sé que me entiende y me puede responder me siento extraño haciéndolo.
―Listo, podemos irnos, hijos ―dice papá en broma, mostrando la correa de arnés que trae consigo al can. Sé que le emociona mucho la idea de tener una mascota, aunque me desconcertó que precisamente me trajera después de lo sucedido, también me emociona tener una mascota, una que habla, pero la curiosidad que siento por esa marca que ambos tenemos me hace querer llevarlo conmigo y descubrir qué significa.
―De acuerdo, ven, chico ―Kelly llama cariñosamente al perro, abriendo la puerta del corral sin dejar que este salga corriendo para ponerle la correa―. Confío que ellos te tratarán y cuidarán muy bien ―le dice pasando sus patas entre los agujeros de la pechera y abrochándolo en su lomo, dejando unas caricias en éste antes de levantarse, el perro muestra su felicidad con movimientos de cola rápidos. Ya listo abre la rejilla y el can sale disparado hacia nosotros jalando un poco por la correa a Kelly, de verdad él está contento.
―¡Soy libre de nuevo, ahora tendré una familia de verdad! ―Ellos solo escuchan ladridos, pero yo oigo sus palabras y río con ternura hacia él.
Lo tomo de la correa, él salta a mi alrededor enredándome con la misma correa que lo mantiene atado. Me dirijo a la salida con mi padre y Kelly siguiendo mis pasos, los demás perros le ladran al que llevo por el pasillo, me pregunto ¿por qué no puedo entenderlos a ellos pero al que acabamos de adoptar sí? ¿Qué lo diferencia de los demás?
―¡Adiós a todos, me voy con mi nueva familia! ―supongo que se está despidiendo de los demás perros, mientras estos continúan ladrándole, unos saltando de emoción y otros como con enojo.
―¿Qué te dicen? ―le pregunto con curiosidad de qué tanto le dirán.
―Ah, las opiniones son variadas, pero la mayoría son felicitaciones de haber conseguido un dueño ―comenta sin más para continuar caminando a mi paso, entendiendo los delicados tirones que le di para que fuera despacio.
―¿Y los que no felicitan? ―cuestiono mirando a los perros a los lados.
―Bueno, están molestos de que no fueron elegidos ―dice causándome un poco de pena, quisiera llevarme más de uno, pero comprendo que es toda una responsabilidad cuidar de ellos―, pero no es mi culpa, amigos ―les dedica lo último a ellos pasando por enfrente de los corrales casi llegando a la puerta.
―Hora de irnos, amigo ―le susurro al salir de la gran espacio y girar hacia el pasillo que da al vestíbulo, alejándome un momento de papá y Kelly―. Iremos en coche, no te molesta ¿verdad? ―le cuestiono pensando que puede que no le guste viajar en coche.
―Claro que no me molesta, ya he ido en coche y me encanta sacar la cabeza por la ventana y sentir el viento en mi cara, te sorprendería saber todo lo que llego a oler con cada ráfaga de viento, quedarías loco ―ladra, mostrando fascinación en las palabras que escucho.
―Ya nada me sorprendería después de esto ―digo entre pequeñas risas y nos dirijo hacia la salida―. Anda vamos. ―Cuando llegamos a la recepción Jerry nos saluda, nos felicita y agradece por haber adoptado a uno los canes que cuidan. Nos despedimos de Jerry y Kelly agradeciendo también que nos hayan ayudado amablemente.
Papá abre el coche, abro la puerta trasera en cuanto quita los seguros para que mi nuevo amigo suba― Quieto ahí ―le ordeno para que no se mueva mucho durante el viaje a casa, él obedece sentándose―, buen chico ―lo felicito acariciando su cabeza, él muestra que le gusta. Me voy de copiloto, bajamos un poco la ventana trasera para que el perro pueda sacar su cabeza por ella y sentir el viento, y lo que ahora sé, los diferentes olores que trae consigo.
Los misterios no dejan de aparecer desde ese accidente, me pregunto, ¿qué sigue ahora?