¿Real?
Ella
Me doy cuenta de que ya es tarde por lo que camino a mi casa, pero me detengo cuando recuerdo a mi tío y todo el revoloteo de emociones se va, cuando lo veo en la entrada de la casa esperando sentado en el porche. No me ha visto así que decido regresar, observo mi mano que tiembla. Quizá puedo vagar cinco minutos más, doy vuelta dispuesta a regresar al bar, pero me lo encuentro fuera fumando, hablando con la camarera y es que tengo todo para envidiarle, ella es preciosa.
Alza la mirada y enarca la ceja en mi dirección en una clara pregunta, es como si supiera lo que me pregunta con solo un gesto. Pasó de largo ignorándolo creo que prefiero quedarme en la iglesia, si se lo pido al padre no será capaz de decirme que no mientras tenga una buena excusa, más está a punto de ser la última misa. Siento su mirada hasta que cruzó frente a él.
—Es peligroso para una mujer hermosa anda sola —me asusta cuando escucho su voz bastante cerca, comienza a caminar tras de mí.
—Debería cuidar mejor a la señorita — trato de sonar educada, sin mostrar mis emociones.
Ignoro el sentimiento de celos que no debería tener, pero a su vez estoy feliz de que me siguiera, aunque me pone de nervios su cercanía. Suelta una carcajada haciendo que tenga que hacer presión en las piernas, tengo un cosquilleo en mi entrepierna se siente bien, es como si necesitara hacer fricción para que la sensación no termine. No me doy cuenta de que me detengo hasta que su manos están en mi cintura, ejerciendo presión evitando que me mueva. Siento su aliento en mi nuca antes de que susurrara con voz ronca erizando mi piel.
—Creo que no entendiste Corderito, un lobo te está acechando —pega su cuerpo al mío, suelto un gemido y recargo mi cuerpo al suyo queriendo más contacto, mi trasero siente como su polla ya está erecto y listo.
Un recuerdo fugaz llega a mi enfriando las cosas, Hernán el hombre dulce que me espera mientras estoy aquí haciendo una escena, me alejo de golpe para darme vuelta y enfrentarlo, esto debe terminar aquí además de que me mira como si estuviera loca, puede que lo esté.
—Disculpe, pero tengo novio —veo como su deseo también se esfuma haciendo que el enojo llegue.
Se acerca amenazante de este modo podría jurar que me golpearía, pero algo en mi me dice que no lo hará así que le sostengo la mirada y alzo la barbilla, aunque por dentro estoy que no puedo con el miedo. Este hombre podría ser un matón de mi padre.
—Repítelo —Amenaza, siento mi piel caliente y mi zona baja no deja de palpitar.
—Tengo un —no termino de hablar por qué suelto un grito de sorpresa, cuando me doy cuenta de que estoy sobre su hombro, miró a todos lados.
Para mi suerte no estamos haciendo una escena.
—¿Podrías soltarme? —pregunto amable, ponerme histérica no ayudará y llamará la atención.
—No —determina para luego sentir como me da una nalgada sorprendiéndome, nadie en mi vida lo había hecho, bueno ya no es algo de lo que presumir.
Empiezo a moverme con la esperanza de que me suelte, pero solo ejerce presión para que no pueda hacerlo, siento su mano subir entre mis piernas dando leves caricias, suelto un suspiro deseando que suba más luego muevo la cabeza negando debo pensar en otra cosa, estamos saliendo del pueblo debería sentir miedo, camina unos metros metiéndose entre árboles hasta que sube unas escaleras para detenerse, me deja caer pasando a propósito por su cuerpo. Abre una puerta haciéndome pasar, no tengo tiempo ni de ver el lugar cuando ya está tomando mi mano guiándome por la casa hasta lo que es un cuarto, lo sé por la cama.
—No soy esa clase de mujer —afirmó dándome vuelta para enfrentarlo, aunque no lo sea si me lo pide podría serlo, pero ¿Qué me pasa?
La luz de luna es lo único que ilumina el lugar, tiene una mirada decidida así es como el temblor de mis piernas regresa. Se acerca observándome como si fuera lo más hermoso que ha visto y tengo ganas de decirle que no lo soy, podría conseguir una mujer de buena familia o hermosa hasta con mejor cuerpo de eso estoy segura, pero está aquí. Siento su mano acariciar mi mejilla, dándome cuenta de que estoy llorando, tantas emociones me abruman.
—Yo tampoco soy ese tipo de hombre, pero no estoy dispuesto a dejarte ir —se agacha para besarme de una manera lenta —Solo por esta noche y si no quieres volverme a verme, no vuelvas —afirma cuando se aleja.
Hipnotizada por el momento comienzo a quitar de mis hombros el vestido dejándolo caer a mis pies, luego sigue un vestido delgado que retiró de la misma forma, hasta quedar en corsé y fondo con las medias más ropa interior, bajo su atenta mirada. Me doy vuelta y hago a un lado mi cabello, sin pensarlo comienza a desatar los lazos del corsé dejándolo caer y con ello dejando mis pechos expuestos, da besos en mis hombros, mientras da caricias en mi cintura parece tomarse su tiempo. Me da la vuelta para empujarme y caer sentada, procede a quitarme los zapatos. Comienza a dar besos en la parte interna de una de mis piernas hasta llegar a mi centro que siento palpitar no paró de hacer ruidos, en mi vida me había sentido así, siento que mi entrepierna está tan mojada que hasta mi ropa me delataría, debe ser un desastre, estoy a la expectativa de lo que hará. Me empuja para que quede recostada en la orilla de la cama y abre mis piernas para quedar entre ellas, se agacha quedando de rodillas sobre el suelo, primero pasa su nariz para luego pasar su lengua por mi centro y terminar por dejar un beso en el inicio de mi ropa interior robándome un casi grito. Se levanta para besarme, mis manos se dirigen a su cabello y jalarlo haciendo que suelte un gruñido, siento como si mi cuerpo ardiera.
—Más —me escuchó suspirar.
—Todo lo que quieras Ángel —susurra en mi oído.
Inicia un recorrido de besos, mordidas y lametones desde el inicio de mi oído hasta llegar a mis pechos, lo veo dejar una marca roja en uno de ellos para luego capturar con su boca mi pezón derecho mientras que su otra mano juguetea con el otro, mis manos acarician su espalda es cuando me doy cuenta de que él está vestido aún, intentó llegar a el broche de su pantalón, parece darse cuenta y se levanta para permitirme hacerlo mientras quita su camisa y saco, dejándome ver su pecho y abdomen, logró diferenciar cicatrices algunas se ven más recientes que otras. Voy a quitarle el cinturón cuando veo que en cada lado de su cadera tiene un arma, las retira dejándolas sobre el mueble que está aún lado de la cama. Con las manos temblorosas quitó el cinturón y es solo lo que sostenía a la prenda ya que cae dejando ver su pene que casi salta en mi cara.
—No creo que me entre —susurro horrorizada.
Suelta una carcajada mirándome divertido, aunque lo que llama mi atención es el brillo que tiene en la mirada. No tengo oportunidad de pensar en más cuando me empuja para recostarme y posicionarse mis piernas que se enredan en su cintura como si fuera algo cotidiano.
—Soy tuyo tanto como tú quieras —siento como poco a poco entra en mí, es como si esto fuera un ritual del que no estoy informada y eso me asusta.
—Creo que este momento no es para hablar —logro decir con un gemido.
—Estas hecha a mi medida, estoy seguro —entra de golpe haciendo que arquease la espalda y entierre mis uñas en su espalda.
Quizá hubiese dolido si no fuera por la humedad, pellizca mis pechos haciendo que jadee. Comienza mi coro de gemidos, así como el movimiento de entrar y salir de él, cada vez las estocadas son más rápidas y profundas siento mis piernas temblar, lo siento en todas partes que no sé cómo moverme o reaccionar y simplemente le permito hacer lo que quiera conmigo.
—Eres mía, ningún hombre te hará tocar el cielo como yo —Asegura cambiando a movimientos lentos, me escuchó quejar, trato de moverme, pero sostiene mis manos sobre mi cabeza —Volverás a mí una y otra vez por más, si no lo llegas a hacer te buscaré y tomate lo que es mío cuántas veces quiera —eso suena a una promesa, da una estocada dura, suplico, pero ni yo sé que.