Javier Duarte Mientras tomaba desayuno con Paulina y Miriam, mi mente viajó a la noche anterior, cuando me enteré de toda la verdad. Después de reunirnos en el Caleuche para consultar a los muertos de si sabían o no algo de Paulina Salazar y de asegurar estos no conocerla, me fui a la Casa Mayor. Pregunté al invunche, pero también dijo no saber nada. Para todos era una mujer normal, común y silvestre. Convencido de que todo era producto de mi imaginación, volví a casa. Ariadna no había querido hablar conmigo y en ese momento no me importó. Pensé en Paulina, en su negativo efecto sobre mí y en que a pesar de eso, no pude dejarla sola cuando me necesitó. ¿Por qué? Esa hubiera sido la oportunidad perfecta para hacer que se fuera, no obstante, allí estuve, con ella y para ella. Sacudí la

