Capítulo 44

1426 Palabras

Javier Duarte  Aquella mañana, al llegar a la oficina, Paulina y Miriam iban saliendo... al registro civil. Como si yo no supiera que sus papeles serían tan falsos como ella. En realidad, creí que sería mucho más difícil enfrentarme a ella y no gritarle a la cara que sabía quién era y arrebatarle toda su energía hasta que no le quedaran fuerzas ni para respirar, ni siquiera para un latido más de su viejo corazón. Sabía que, incluso así, no la mataría. No obstante, muerta en su cuerpo, la enterraríamos en el cementerio católico local y allí, en un horrible sufrimiento, se quemaría, sin morir, el resto de su vida. O sea, siempre. Ese era el plan original. Junier y yo intentaríamos hacer que se fuera, pero si no lo hacía o ella daba un paso en falso, la tregua se acabaría y todo quedar

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