La mujer miró hacia atrás del capitán donde vio, con gran emoción, a Jean Pierre. Sin pensarlo, corrió a su encuentro y se colgó de su cuello. ―Te dije que iba a ver tu regreso, querida, no sabes lo orgulloso que estoy de ti. ―Gracias, gracias, gracias ―repitió insistente mucho rato. Jean Pierre la apretaba, esa chica era todo corazón y no merecía ser maltratada por nadie, mucho menos por los de su misma clase y familia. ―Ya, mi querida, sabes que todo estará bien, tienes todas las posibilidades de ganar. ―Con ustedes de mi lado, claro que venceré, con y por ustedes. ―Mi querida, agradezco cada día a Nikolai por haberte enviado conmigo, por haberte conocido, por haber vivido mis últimos años contigo. ―Yo también lo agradezco, papá, no sabes cuánto bien me hiciste. ―Escúchame

