Al funeral asistió mucha gente, al ser un hombre tan mayor y agradable, muchas personas lo querían y sintieron su muerte, sobre todo por la forma en que ocurrió. La mamá de Loreto, hija del difunto, era la que más sufría; Loreto, otro tanto; en cambio, Miriam, se mantenía serena. ―¿Cómo te sientes? ―preguntó Paulina al verla tan calmada. ―Mal, pero creo que hice todo lo que pude por él y solo tengo que cumplir su misión. ―¿Qué quieres decir? ―Quiero decir que debemos acabar de una vez por todas toda esta estupidez de la guerra fría, ellos no respetan nada ni a nadie, ¿por qué nosotros sí? ―Miriam. ―Paulina, si tú no me ayudas, lo haré yo, pero Mateo Catrilef, su hermano y todos sus secuaces deben morir. ―Lo sé, pero no es momento de actuar. ―Es que para ti no es nunca el mom

