Javier Duarte Golpeé su vidrio y ella alzó la vista con un profundo dolor en sus ojos. Por un momento sentí lástima por ella. ―Algún problema ―consulté cuando abrió su ventanilla. ―No sé lo que pasa, no enciende. Miré el tablero y el ícono de gasolina estaba encendido. ¿No había llenado su estanque? ―¿Usted no sabe que los vehículos andan con bencina? ―pregunté sin poder evitar una cuota de ironía en mis palabras. Ella miró el indicador e hizo un gesto de frustración. ―Muy simpático ―comentó. ―¿Que dice? ―Era un problema de ella y ¿me culpaba a mí? ―El estanque estaba lleno al venir, y mire ahora. No puede ser. Alguien vació mi estanque mientas estaba en la oficina. ―¿Quién cree que pudo ser? ―Alguien que quiere darme una lección o un susto para que abandone la isla, ¿

