Ese hombre, quien luego se enteraría que se llamaba Diego, le besó los senos de una manera deliciosa, le chupó los pezones, suave y duro, mientras no dejaba de acariciarle las nalgas, ella seguía moviéndose sobre su pene, a veces, él intentaba introducirlo dentro del tanga, pero rápidamente Claudia se levantaba y lo acomodaba nuevamente entre los dos, aplastándolo con su pubis, era una sensación tan placentera, ambos estaban en un momento muy alto de excitación; Diego le pidió que fueran a un cuarto privado, Claudia le dije que no sin su esposo, él insistía que eso era lo que Alberto quería, que por eso los había dejado solos. Siguieron tocándose y besándose hasta que llegó una pareja que se metieron el jacuzzi; y en seguida llegaron dos hombres, uno de los cuales era el señor que inicial

