El frío de las esposas recorriendo el grosor de las muñecas, era una sensación que el Padre Damián jamás olvidaría. -Está usted detenido por la presunta violación de la paciente, tiene derecho a guardar silencio, todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra, si no puede costearse un abogado se le asignará uno de oficio. Esa frase era una de las preferidas del Padre Damián, los días en los que este no tenía que cumplir con sus obligaciones eclesiásticas, gastaba su tiempo en el bar de enfrente de la capilla o viendo series policiales. En más de una ocasión, el Padre Damián fantaseaba con la idea de ser el protagonista de aquellos capítulos. Le hubiese encantado ser el policía que arrestaba al culpable, para luego follárselo en el calabozo a cambio de su libertad, o ser él mismo el a

