Cuando Lucia finalmente despertó, seguía allí, los brazos de Sergio la envolvían, sus ojos negros fue lo primero que vió, se notaba lo preocupado que estaba por ella, mientras ella solo seguía perdida, sin entender lo que comprendía.
—¿qué sucedió? —preguntó apenas abrió sus ojos y llevó sus manos sobre su cabeza al sentir aquel punzante dolor repentino.
Sergio suspiró observándola con cuidado, peinando su cabello hasta llevarlo tras su oreja y sonriendo de lado sin mostrar sus dientes. De algún modo, aunque fuese evidente y Lucia no lo notase, Sergio la observaba como un infinito cielo lleno de estrellas, brillante y único.
—Te desmayaste, Lucia. Por suerte estaba allí, pude tomar tu cuerpo, ahora estamos en el pasillo, tu madre no lo sabe. —explicó muy rápido. —Pero creo que ahora era evidente, las náuseas eran más que nervios. —susurró.
Inmediatamente Lucia recordó el motivo de su desmayo, sintiendo otra vez como el aire faltaba en sus pulmones y aquel ataque de pánico respiraba en su nuca.
Sergio la ayudó a sentarse de regreso en el asiento, levantandola con cuidado de sus piernas mientras no despegaba su mirada de ella.
—Tranquila, respira poco a poco, está bien. Solo son los nervios y la impresión. —trató de alentar.
—Estoy embarazada, Sergio. —balbuceó ella mirando un punto perdido sin siquiera tener el valor de reaccionar. —Estoy embarazada de Pablo Santos, tu jefe, un hombre al cual no conozco. —lamentó.
Sergio no pudo evitar sentir aquel vacío una vez más, sintiéndose culpable del dolor que ahora sentía y remordimiento con el cual siempre cargaría.
—Es momento de ir al doctor, Lucia. Aunque todo ésto para ti sea demasiado, sabes que es parte del proceso para lograr el objetivo. Una vez el doctor te haya revisado, hablaré con Pablo, regresaré con el contrato y finalmente comenzaremos este proceso. —explicó. —Pero ahora, durante su desmayo, solo pude pensar... ¿Qué le dirá a su madre cuando el embarazo se comience a notar? ¿Quién será el padre? —preguntó. —O mucho peor... ¿Qué le dirá cuando el nacimiento llegue y no pueda ver el bebé nunca más? —insistió.
El rostro de Lucia demostró su incertidumbre, haciéndola pasar sus manos sobre su rostro con frustración.
—Me iré al infierno por todo ésto. —fue el único comentario que salió de sus labios. —Creo que tomé en serio vender mi alma al diablo... Considero que, Pablo Santos, su jefe, lo es.
Sergio tragó en seco, sabiendo que aún Lucía no sabía del todo la verdad, lamentando haberla involucrado demás y tener que usar una vida que crecía dentro de ella como un medio para un fin. Un medio que le permitiría a Pablo Santos, recibir lo que tanto quería; una fortuna de dinero, tanto como para vivir como un rey el resto de su vida.
Él se puso de pie intentando deshacerse de todo pensamiento que lo llevaría a sentir culpa, evitando así contarle la verdad a Lucia, siendo más que evidente aquel fino lazo que de algún modo había creado. Habría sido inevitable para él sentir cariño por aquella chica en ese trágico proceso.
La tomó del brazo, caminando lentamente fuera de allí, girando a verla cada que sentía que no se encontraba bien, y pensando lo hermosa que se veía incluso después de verla caer al suelo.
Estuvieron en silencio, Sergio entendía que ahora sucedían muchas cosas en su cabeza que la estaban abrumando, pero aún así, no tardó en observar cada movimiento que dió al entrar en el automóvil.
Ella ajustó el asiento, recostando el asiento sin cuidado, suspirando mientras posicionaba su cuerpo en posición fetal y demostraba una tristeza de la cual no era capaz de hablar.
Así condujo, observándola de reojo cada que podía, sabiendo que tenerla allí, aunque ella no lo supiera, era una distracción que no lograba controlar. Lucia era hermosa, estatura media, piernas definidas y un rostro precioso, tan preciosa que incluso en el día más lluvioso, más triste y más vacío, Sergio la encontró en el medio de la nada, siendo un foco de luz que lo atraería a ella rápidamente.
Al llegar a la clínica, aún Sergio continuaba sin siquiera saber que decir, o como afrontar aquella situación. Trataba de mantenerse frío, fingiendo que aquello no le afectaba del todo, cuando realmente le afectaba tanto o mucho más que a ella.
Cuando estuvieron con el doctor, rápidamente Sergio habló con él a solas, dónde no tardó en presentarse, hablar su sobre su jefe y la situación que se trataba, amenazando todo lo que podía pasar si tan solo hablaba un poco de eso. Teniendo que ser brusco como hace mucho no lo era, sacando un cheque en blanco con saldo ilimitado para su silencio, mientras dejaba un arma sobre su escritorio que Sergio llevaba con él de manera discreta.
El doctor entendió rápidamente, diciéndole que nada saldría de su boca, y que en su lugar, trataría aquel caso particular con delicadeza extrema.
Cuando Lucia entró, llenó una lista incalculable de datos, desde su nombre, apellido, descendencia y enfermedades, hasta las horas que dormía y el tipo de comida que frecuentemente solía ingerir.
Sergio siempre estuvo a su lado, trataba de ser distante, pero la verdad estaba lo suficientemente involucrado como para siquiera pensar en dejarla sola; para cuando el momento del exámen y la ecografía llegaron, entendió que era momento de marcharse, para su suerte, aquella chica por la cual su corazón había comenzado a latir con más fuerzas, le pediría quedarse, tomar su mano y ser su pilar en aquella situación que para ella seguía siendo aún completamente extraña.
El doctor los observaba, aún lleno de temor al conocer aquella parte de Sergio que aún Lucia no conocía, y que probablemente tampoco llegaría a ver, mientras realizaba la prueba profesionalmente y ambos llevaban los nervios de punta.
El alma de Lucia finalmente se apagó cuando observó la pantalla, no entendía nada, pero el doctor era claro y preciso, había embarazo, el objetivo se había logrado; sería madre con un hombre al cual no conocía.