II

2927 Palabras
No, no sé cuándo escuché la alarma. No sé ni cómo. Pero me desperté a las prisas. Encendida y veloz me arreglé lo suficiente para irme al colegio. Ya iba un poco tarde. Conducía de vuelta a aquel instituto, sin ninguna intención o instinto de que me gustara la sensación. Pero en fin, no fue nada menos que corto el viaje de casa a la escuela. Llegué, trotando para no llegar más tarde, y bueno. Lo logré, en realidad llegué apenas. -Buenos días alumnas, hoy comenzaremos con una pequeña lectura. Macbeth. Estaba en el programa que recibieron sus padres. Por ende lo deben de tener así que vamos. Capitulo uno. Michelle, usted inicie por favor. La chica comenzó a leer y yo pude sacar todas mis cosas sin sentirme observada. El pase de lista y el propio libro de Macbeth. Se detuvo y me miró. -continúe Michelle. La incité a proseguir. Tomé el libro y encontré rápidamente la pagina en la que todas se encontraban. Comencé a caminar entre las filas, Michelle se detuvo de nuevo. -gracias, prosiga usted ahora Esther. Esther era una de las nuevas amigas de Luca. Esa chica era de las que más aprendía en mi clase y por eso no me desagradaba tanto. Terminó de leer y de nuevo m puse frente a la pizarra. -de acuerdo, con lo leído en la obra... necesito que anoten las palabras del inglés antiguo que no comprendan y busquen su significado. Después de ello, haremos otra vez la lectura pero ahora con el pequeño cambio de palabras para mejor comprensión. Tienen veinte minutos. Tomé asistencia con la mirada y así pude observar a ese imán llamado Luca Edelstain. Su mirar tan pulcro observaba el diccionario de forma compleja, y frunciendo el ceño analiza la palabra con precisión. Parecía un ángel a plena luz de día. ¿Qué se puede decir? Una idea loca atravesó mi mente al escuchar cuchicheos por mi aula. Y era tal grado que instintivamente me puse de pie. -saben que no me gusta ese comportamiento. No en mi clase, no conmigo. No en mi escuela. No advertiré más pues las instrucciones, las reglas desde la primera hora fueron establecidas. Por ello, les asignaré asientos. Mi voz se escuchó bastante tosca y grosera sí. Miré a la chica de ojos enigmáticos y su manera de agachar la mirada me envolvió. Y una humedad, grande invadió mi desesperada entrepierna. -Zoller, en el primer asiento de la fila de la puerta. Rodgers, el último de la fila frente a mi escritorio... Fui diciendo nombres. -Edelstain, frente al escritorio. Fuller, enfrente a la pizarra. Cruise, detrás de Edelstain. Y finalmente, Sixtos detrás de Fuller. Ahora sólo tienen diez minutos más para finalizar la actividad. De lo contrario, chicas no calificaré y será una firma menos en el cuadernillo de evaluación. Así que silencio. Todas las chicas tomaron sus asientos en completo silencio. Ya me había acostumbrado que ninguna de mis alumnas me respondiera en réplica. Y aproveché esto para tener un mejor panorama de la estudiante nueva. -saben que si tienen dudas se pueden acercar, o puedo ir yo. Pero deben levantar su mano y me acercaré. Todas tenían la mirada baja. Y me quedé sentada observando y leyendo la biografía de Shakespeare. Cinco minutos habían pasado, miré el reloj. Y cierta alumna carraspeo. Levanté la vista y Edelstain tenía la mano arriba. No lo pude evitar y me acerqué, a paso firme y ella me miraba extrañada y a la vez algo temerosa y eso me producía cierto o algo de intriga. Del saber qué sentía. De qué piensa. Y sus enigmáticos ojos me observaban con curiosidad e interés además de cierta intimidación. Me posicioné cerca de ella, dejando que mirara parte del escote que traía hoy. Pude olfatear el aroma natural de su cuerpo. Un dulce perfume. Digno de una niña inocente y tierna. -diga Edelstain. Musité al ver cómo sus ojos bajaron a mi escote y velozmente después subieron a mis ojos. Traté de no sonreír, pero no pude evitarlo. Y me reí muy cerca de su oído. Observé su reacción y toda ella se había tensado. Coloqué mi mano sobre su hombro y volví a decir. -¿diga Edelstain? Su sonrojado rostro intentaba ocultar lo rojo de sus mejillas y una sonrisa delicada apareció en sus labios. -profesora, quería decirle que esta palabra no la encuentro. Creo que es bastante antigua porque no aparece en este diccionario. Habló mirando a mis ojos esta vez. Y algo en mi quería ser observada por ella. Asentí y me acerqué más a ella para poder observar el diccionario. Busqué por algunos segundos, y volví a asentir. -de acuerdo no está. Miré, acompañeme a mi oficina tengo un diccionario de análisis de obras de Shakespeare. Se lo prestaré. Quería una excusa, una excusa para darle una impresión diferente de mi. No quedarme como una perra o una mierda. Caminé a la puerta y ella detrás de mi. La dejé ir primero. -espere allí. Jóvenes no hace falta decir que quiero compostura. Una queja por ruido, un comentario por desorden. Les dejaré escribir un un ensayo como tarea de análisis del contexto de las obras de Shakespeare. Me giré hacia mi alumna que esperaba con quietud por mi. Caminé delante de ella y moví mis caderas un poco más que de costumbre. Disimulando obviamente. Llegamos a mi oficina. Y le di el pase. -le agradecería Luca que me ayude a buscar. Es un diccionario de pasta amarilla, algo desgastada. Ella asintió sin mirarme está vez. Eran escasos días de conocerla, sino es que uno solamente. Y yo tenía un deseo, sí deseo de tenerla. ¿Será despecho? ¿Por Will? ¿Qué será? La chica en un instante se detuvo y miró una fotografía mía con Will esquiando. ¡Mierda! Se dio cuenta que me percate de su curiosidad y miró a otro lado. Sentí una necesidad de excusarme con ella. Y una confianza desconocida para mi. -es mi ex pareja. No es apropiado que diga nada de esto. Debí deshacerme de todo eso pero simplemente no he tenido tiempo con el regreso a clases. Solté en su dirección y sus ojos se encontraron con los míos. -no se preocupe. Yo no diré nada a nadie. Musitó la chiquilla con una sonrisa. -¿quiere tirar la fotografía? Preguntó y yo asentí. -bueno creo que puedo ayudar. Si me la da yo la tiraré en un basurero o la rompo y la tiro por el retrete de la escuela y no sabremos nunca dónde terminó. Se encogió de hombros soltando una risilla increíblemente genuina y tierna y carajo, una sonrisa angelical. No pude rehusarme y se la entregué. -Luca le estoy entregando algo muy secreto para mi. Le pido que no lo divulgue. Estoy confiando en usted. Algo que nunca haría con mis estudiantes. Le dije con sinceridad, algo en sus ojos pudo haberse iluminado o quizá eran unas figuraciones mías. Tomó la fotografía como si fuese su mayor responsabilidad y la puso dentro de su mochila. -ni una palabra a nadie, lo juro profesora. Soy mujer de palabra. Le sonreí sintiendo apoyo y solidaridad. Y una pregunta mortal salió de mi garganta. -¿tiene novio Luca? Ella miró a mi dirección con los ojos abiertos cual cacerola. Un rojo intenso cubrió sus mejillas y una sonrisa avergonzada se colocó en su cara. -yo... yo nunca he tenido novio. Un sentimiento de alegría me invadió. -sería muy inoportuno de mi parte preguntar el porqué ¿verdad? Ella negó con la cabeza y se limitó a decir. -no creo que me gusten los chicos después de todo. Encogió los hombros y una felicidad brotó en mi. Y con una amplia sonrisa, me permití tocar su hombro nuevamente. Para divisar mi diccionario en lo bajo de un estante. Me incliné por el y la dejé observar mis glúteos unos segundos. Pude notarlo por el reflejo del reloj de mi oficina. -Listo, aquí tiene. Vamos de vuelta a clase. Volví a darle el pase y sus caderas se movían de manera cadenciosa y muy rítmica. Me di el lujo de verla a detalle por detrás y ese genuino y delicado trasero me llamaba. Caminamos unos cuantos metros más y llegamos. Le abrí la puerta del salón de clase y las chicas estaban en total quietud. Me dirigí a mi escritorio, aún no terminaban y les di unos cuantos minutos más. Sencillamente porque Edelstain los había ganado por ellas. Devolví la mirada a la biografía y de vez en cuando levantaba la vista para observar a mi clase en orden. Y de cuándo en cuando podía darme el lujo de ver a esa chiquilla que sin darse cuenta mordía el lápiz ansiosa y arrugaba la nariz. Haciéndola ver completamente sensual e inocente al mismo tiempo. Con una lindura que parecía de otra galaxia. Creo que sintió mi mirada y me observó detenidamente mientras yo la desviaba poco a poco para regresar a ella. Y como nunca lo habían hecho a lo largo de mi carrera, me sostuvo la vista. Y algo en mi, algo en lo profundo de mi estaba atraída por ese comportamiento. Y algo en mi se enfurecía por ese comportamiento. Era complejo. Levanté las cejas cuestionándola y ella negó con la cabeza para seguir buscando. Y así lo hizo, y aquella falda azul que llevaba por uniforme se había subido un poco por lo que se removía en la silla. Y miré sus piernas alargadas llegando a un final donde se unían las dos que desgraciadamente no se miraba. Sentí llamas, lumbre y fuego. Esa chiquilla no tenía idea de lo sensual y jodidamente linda que era y eso, eso se exponenciaba a la infinita potencia. Me removí ahora yo en mi asiento. Para quitarme ese calor abrasador que tenía dentro. Rozando mis piernas y cruzándolas para poder sentir presión. Y un magnetismo de nuevo, me hizo dirigir mi mirada a ella... y agradezco haberlo hecho. Su ropa interior estaba a la vista. De color lila y algo pequeños. Mi boca se convirtió en un océano de querer probar aquello tan ingenuo e inocente. E indudablemente lo quería. Y eso me volvía loca, pero debía controlarme. Por mi, mi carrera. Mi futuro, su futuro o lo que sea. Debía comportarme. Trague saliva. -Bueno alumnas se acabó el tiempo. Los cuadernos los quiero aquí, los calificaré en casa. Mañana leeremos con las palabras buscadas el capitulo de la obra. Por ahora, dejare una sencilla tarea. Quiero que avancen con Hamblet. Contextualicen la obra, busquen todo el entorno y lo quiero enviado por correo para hoy a la media noche máximo. Si lo envían después de esa hora, el trabajo valdrá dos puntos menos a su calificación. Todavía tenemos diez minutos. Así que ya no hay más por ver. Pueden retirarse. Buen día. Las chicas casi como cohetes fueron saliendo del salón. Tenían un periodo libre después. Las amigas de Luca le dijeron que irían a la cafetería y ella asintió diciendo después, que las alcanzaría más adelante. El aula estaba completamente vacío a excepción de nosotras dos. Camino con la mochila en los hombros y me puso el diccionario en el escritorio. -gracias, me sirvió de mucho profesora. Le sonreí de vuelta y cortésmente. A paso apresurado intentó salir del aula sin evitar tropezarse con el escalón de la puerta. Cayéndose estrepitosamente. -¡Auuuuuch! Gritó con dolor. Me levanté de prisa y aunque me causó algo de gracia me limité a reír. -tranquila linda, deja te ayudo. La ayude a sentarse en el escalón y mire un rasguño ensangrentado en la rodilla. Estaba algo grande. Y cuando vislumbré su rostro y aquellos ojos tan grandes. Pude ver unas ganas de llorar y alguna que otra lágrima asomándose. Mi corazón se encogió, no pude sentir más ternura por esa criatura. -ya preciosa, sólo es un rasguño. Le dije bajando su media para evitar que se manchara de sangre. -venga vamos a mi oficina de nuevo, aun no llega la enfermera de sus vacaciones así que me tocara limpiar eso. Sujeto su brazo y camino con ella con lentitud, paso a paso. Y sus quejidos se escuchaban. Y aunque alguna que otra lágrima estaba en su mejilla. Y cuando por fin habíamos llegado a la oficina la senté sobre el escritorio y fui por el botiquín. Bajé su media sintiendo un nudo en la garganta de ansiedad. Algo me sucedía con ella y era ese inconmensurable deseo que hacia que brotara de mi. -tranquila, vamos a limpiar esto y pondré una bandita. Le sonreí y sus gestos de dolor eran adorables, unos pucheros de niña consentida que de verdad parecía una flor de lis. -Profesora me duele mucho... Musitó removiéndose y teniendo espasmos. Asentí y proseguí con demasiado cuidado. Algunos gemidos de dolor fueron pronunciados por su boca y una corriente eléctrica recorrió mi espina. Sacudiendo mis instintos. Miré sus ojos y sus pupilas se encontraban dilatadas. Dios, sí que llegaba a ser absolutamente hermosa. -Listo, ya está limpia tu herida. Solo fue un rasguño. Le dije mientras me ponía de pie. -gracias... Murmuró algo rara. -mmh... ¿profesora? Interfirió nuevamente. -dime -¿podría quedarme algunos minutos aquí? Es que me da algo de vergüenza salir con la cara hinchada. Me reí de su comentario, pues simplemente lo dijo con tal ingenuidad que en serio hacía carcajearse de la nada. -de acuerdo. Todo el tiempo que necesites bonita. Me giré nerviosa, pues sus hermosos ojos me miraron expectantes. Busqué algún punto fijo en la puerta. Algunos minutos en silencio, escuché su nariz. -¿Necesitas algún pañuelo? Musité. -Sí susurró con cierto grado de vergüenza. Le di el pañuelo a esa criatura que parecía que había recibido un golpe mortal. Vaya ternura que provocaba. -gracias... Infirió nuevamente. Le sonreí inquieta. Verla así de sonrojada y avergonzada me causaba cosquilleo. Y no puede ser, soy una mujer de 27 años. ¡Por Dios!, no puede emocionarme así una niña. Giré mi cuerpo una vez más, rebuscando mi sentido común. Rebuscando mi cordura. Traté de pensar en otra cosa, llenar mi mente con pendientes para apresurarme. -Bueno Edelstain, quédese el tiempo que necesite. Pero cierre la puerta cuando se vaya. Me sentí una maldita por hablar así, pero ¿qué más debía hacer? Salí prácticamente corriendo de mi propia oficina por miedo a pensar más allá de lo que son las cosas. Esto me desestabiliza. No soy esta persona, no soy este tipo de profesora. Carajo, no puedo creer que haya estado todo este tiempo pensando en una chiquilla que no tiene nada que ver con absolutamente nada de lo que he pensado de ella. Pensamientos tan poco decentes, tan poco éticos. Tan absorta en mi pensamiento que no me di cuenta que la directora estaba a unos pasos de mi. -Profesora Aaronson, qué gusto verla. -lo mismo digo directora Gertrude. Debo continuar, tengo que conseguir café. Dije antes de reír. -Vaya, ande que todos necesitamos de ese momento con urgencia... Habló ella entre risas. Continué mi paso, apresurado y distraído. Por fin había llegado al aula de profesores, mierda. Puse la cafetera. No había café. Odio este momento. Donde no puedo recaer a los vicios del alcohol como salvación a esta desesperación. Mataría por un escocés. Tendré que ir a la cafetería por un estúpido café o algo con cafeína. Caminé de nuevo por los malditos y eternos pasillos, interminables con estos zapatos. Debo mantener mi mente en otra armonía para continuar sin pensar en aquella niña con ojos raros... De vuelta a ella, mierda. No funciona una sola mierda de lo que intento y eso no está bien. Maldita suerte. Y gracias al cielo llegué a la estúpida cafetería. Las alumnas haciendo su típico e irritante bullicio. Ignorar es lo que sé hacer, pedí el maldito café mordiendo mis molares. Con la mandíbula y el cuerpo tenso pude finalizar de comprar el café. Me sentía completamente ofuscada y tenía ganas de golpear a la primera persona que se me pusiera enfrente. Me senté en las bancas del salón donde juegan baloncesto y tienen gimnasia las chicas. Tomé el celular, está permitido si estoy fuera de clase y comencé a revisar los correos y mensajes. Encontrando una imagen en particular en i********:. Una de una chica que me tiene tensa y preocupada, odiando a mi misma a causa suya. Luca... se tomó una fotografía con su rasguño de la rodilla en mi oficina, "herida mortal, atendida apropiadamente ;)" como pie de página. Y un comentario le seguía de una chica que no me parecía que asistiera aquí. "Qué suerte que se cumplen tus metas". Pero, qué extraño comentario. Todo esto me estaba causando de nuevo un maldito maremoto de sensaciones, cuando de repente se sube otro comentario como respuesta... "No tienes idea de cuánta suerte Caro, pero que de verdad corren... las personas y las lágrimas. Me dolió jajaja :)" Adolescentes y sus comentarios, tuve que cerrar todas esas aplicaciones, debía centrarme, centrarme en lo mío. Un grupo de chicas estaba entrenando, moviéndose de un lado para otro. Con la jodida entrenadora Patricia. Esa maldita es una profesora que de verdad irrita. Su voz chillona se escuchaba en todo el recinto y las ganas de gritar que se callara me ganaban. Pero debía comportarme. Esa chica me tiene mal en este maldito momento y aunque sea solo pasajero debo hacerlo más y más corto. Que sea cosa de dos días. No más, para mañana esto debe finalizar.
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