7 de Diciembre de 2018.
Daniel.
Estaba con Abigail encerrado en mi cuarto.
Lia nos había encerrado aquí atrayéndonos con mentiras. Tal vez en venganza de las veces que su hermana la había encerrado o dejado a fuera de su casa con Mateo. Lia me cae muy bien pero definitivamente con esto perdió muchos puntos, yo no tengo la culpa de las peleas con su hermana.
—Tengo que salir de aquí—dijo Abigail casi a la media hora de que nos encerraron.
— ¿Para ir a hablar con tu novio?— ¿qué? Seguía molesto.
Antes no le molestaba estar conmigo en un cuarto por horas y ahora misteriosamente sí. Además que no crea que con un beso todo se va a solucionar, y sumándole que fue un beso forzado por un estúpido juego.
No voy a mentir y voy a decir que si extrañaba besarla. De hecho ahora solo pienso en besarla y creo que en parte también es culpa del alcohol.
—No, para que tu novia pueda entrar—al parecer ella también estaba molesta.
—Sí es lo que quisiera pero lamentablemente estás tú—en cuanto dije eso se quitó su zapato y me lo aventó a la cabeza—. ¡Oye! ¿Tú sí puedes molestarme con Aaron pero yo no?
—Obviamente, así es esta relación de enemigos, Daniel.
— ¿Con beneficios?—aún me daba risa esa conversación. Era el título perfecto para la situación en la que antes estábamos, ahora no sé cuál es nuestra situación.
Somos muy idiotas.
—No desde que alguien está muy celoso para tener beneficios—me sonrió.
A veces sí podía ser muy cínica.
— ¿Tú?—borró la sonrisa de su cara.
—No, al menos yo sí admito mis celos. Pero tú no—se sentó en mi cama.
En serio molestarme era su pasatiempo favorito. Bueno, no la puedo culpar, también molestarla es divertido.
—Bueno sí, estoy celoso ¿y?—Daniel, por favor deja de hacernos esto. ¿Cuántas veces tengo que decirte que pienses antes de hablar?—. Pero tú me diste motivos.
Ay no, ahora estaba seguro de que me haría burla por los siglos de los siglos ante esta confesión.
—Yo no me he acostado con alguien más que no sea contigo, Daniel—dijo parándose en frente de mí.
¿Eso es un reclamo?
¿Qué insinúa que yo sí? Lo admito, he dormido con muchas chicas pero desde que estuve en una relación con Eve no lo hice por respeto a ella, luego eso terminó, alejó a las chicas de mí y empecé a dormir con Abigail. Desde ella nadie más se ha cruzado en el camino.
—Ni yo, Abigail.
— ¿Eve? Era tu novia hasta apenas unos días.
—Aunque fuera mi novia nunca pasó nada entre nosotros desde que empezamos a tener esta rara relación—ella parecía sorprendida, y es que si
fuera ella yo también me sorprendería de mí.
Yo soy el chico que prácticamente le rogó por sexo por no tenerlo en dos meses.
Claro que Eve lo había insinuado muchas veces pero siempre encontraba forma de evitarlo, simplemente no me apetecía hacerlo con ella.
—Es bueno saberlo—parecía contenta ante mi respuesta y se quedó pensando por un momento—. Escucha, esto de los celos estúpidos debe de terminar o seguiremos sin tener beneficios. Y eso a veces es horrible.
—Tienes razón.
—Nunca creí escuchar esas palabras de ti.
—Siempre hay una primera vez para todo. Bien, desde hoy no más celos ni peleas estúpidas—le extendí mi mano— ¿Trato?
—Trato—me dio su mano y yo jalé de ella para atraerla a mí y besarla.
La fiesta obviamente seguía abajo pero claramente este era nuestro momento. Más bien nuestra propia fiesta.
12 de Diciembre de 2018.
Estaba esperando a fuera de la casa de Abigail a que me abriera pero quien lo hizo fue Lia.
—Hola Dan, oye ¿qué vas a hacer en navidad?—Se hizo un lado para dejarme pasar, lo hice y cerró la puerta.
—No lo sé. Siempre me quedo con mis padres y las enfermeras a cenar en el hospital. No hacemos algo grande realmente.
—Bien pues estas invitado a nuestra cena de Navidad—dijo y fue corriendo hacía la cocina.
—Perdónala, ella ama la navidad—dijo Mateo siguiéndola a la cocina—. Oh y prepárate, en algún momento esto será un caos.
No entendía muy bien porque lo decía pero decidí subir al cuarto de Abigail ya que en ningún momento se había aparecido y como sus padres no estaban pues me tomé la confianza como si esta fuera mi propia casa.
Toqué a su puerta y una Abigail despeinada y en pijama me abrió y luego volvió a acostarse en su cama boca abajo. Algo me dice que está mal humorada.
— ¡Odio ser mujer!—gritó contra su almohada. Yo pasé a su cuarto cerrando la puerta. Soy un genio y entendía la indirecta sobre que tiene el periodo.
— ¿Eso significa que me debo de ir?
—Claro, porque solo vienes para acostarte conmigo—dijo ofendida y me lanzó su almohada. Yo suspiré y me acosté a lado de ella.
—Vete—dijo acostándose de lado para verme y fruncirme el seño.
—No—ella solo gruño y se dio la vuelta.
Y yo la abracé, nos acomodamos en una posición muy melosa. De cucharita, le llaman. Es algo que yo nunca había hecho con nadie.
— ¿Qué haces?
—No arruines el momento.
Y poco a poco se fue quedando dormida.
Abigail.
Daniel y yo habíamos despertado hace rato y ahora estábamos hablando como dos personas normales de nuestro futuro.
Claro que no éramos normales y un 40% del tiempo queríamos matarnos y otro 60% solo pensábamos en tener sexo. Casi nunca platicamos cosas personales.
—Entonces, ¿qué es lo que te espera terminando la escuela?—le pregunté.
—México.
— ¿En serio? ¿Con tus padres?
—Sí. No, probablemente tenga que buscar donde quedarme y estoy tratando de conseguir una beca para cubrir todo eso.
— ¿Y por qué no me habías dicho pedazo de idiota?—le di un golpe en el hombro.
— ¿Por qué tendría que decirte?—le di un zape.
—Porque yo también regresaré a México, estúpido.
Y era cierto, había decidido vivir con Lia ya que mis papás nunca estaban y podía convivir más con mis primos.
— ¿Qué? Espera, no me digas que vas a torturarme con tu presencia en el mismo país otra vez—lo miré mal.
Mi presencia es lo que cualquiera desearía.
—No sabías de mi presencia cuando estábamos en otro país. Además espero que no en el mismo estado así me desharé de ti.
En realidad no quería que estuviera muy lejos de mí. Ya me acostumbré a sus estupideces y no me las puede quitar nada más porque sí.
Lo he visto a él más en todas las vacaciones que a Clío y Eve porque siempre están ocupadas haciendo no sé qué.
—Para tu suerte aún no sé qué estado—dijo mientras jugaba con mi cabello
y yo le di un manotazo—. Hay tantas buenas universidades para lo que quiero.
—Pero, ¿qué carrera? Digo, tú ya sabes que voy para arte dramático o si no quedo para comunicación pero tú nunca me has dicho nada.
— ¿No es ni un poco obvio?—negué con la cabeza.
—Gastronomía.
Ok, sí era muy obvio solo que no me había fijado. Y es que sí sabe cocinar muy bien, sobre todo sándwiches.
Tengo hambre.
Una parte de mí, más bien todo mi ser quería que se fuera a vivir cerca de mí. Tal vez no en la misma ciudad pero si lo suficiente cerca.
Ay no, que cosas piensas Abigail, los sándwiches que hace no son suficiente razón para quererlo cerca.
Seguimos hablando de otras cosas hasta que el ruido de la puerta de abajo nos sacó de nuestra burbuja con sonidos de muchas pisadas y risas estúpidas.
Sí, había llegado la época del año.
***