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Amor y Sangre

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Descripción

Katrina y Mihai Laurențiu, hermanos gemelos provenientes de una familia rica y poderosa que habita en un antiguo castillo medieval en Rumania, ambos padecen una extraña enfermedad que no les permite salir a la luz del sol.

Sus padres murieron al nacer ellos, quedando al cuidado de Lorenzo, el mayordomo del castillo y de Gertrudis, el ama de llaves, quienes se han encargado de su educación y de administrar su cuantiosa fortuna.

Durante su infancia, el amor de Katrina y Mihai es como la de cualquier pareja de hermanos, se cuidan y se protegen mutuamente, al grado de que sus compañeros en la escuela comienzan a rumorar que entre ellos, hay una sucia relación carnal, a lo que no hacen caso, puesto que no es verdad, no podría ser porque son hermanos.

Todo se trastorna cuando al cumplir la mayoría de edad, en una fría noche de tormenta los gemelos se quedan atrapados en un cobertizo.

El frío es congelante y se abrazan para darse calor, sin darse cuenta, se dejan llevar por las reacciones de su cuerpo y se entregan a la pasión.

El remordimiento los atormenta y deciden alejarse para evitar tentaciones.

El tiempo y la distancia solo les sirven para darse cuenta de que el amor entre ellos, no es amor de hermanos, pero no solo eso, Mihai descubre que siente una necesidad infinita de beber sangre humana.

Lorenzo y Gertrudis mueren en situaciones inexplicables y los gemelos descubrirán que el secreto que los une, es un secreto de Amor y de Sangre.

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Capítulo 1
Lorenzo (Rumania) — ¡Buenos días doctor! ¿Qué noticias me tiene? —El procedimiento de clonación ha sido un éxito, los productos nacieron esta mañana. —¿Los productos? Yo sólo le pedí uno. —Las muestras de sangre que trajo eran de dos individuos diferentes, uno masculino, y uno femenino, así que supusimos que debíamos reproducir un embrión con cada muestra. ¿Desea que desechemos alguno? —No doctor, seguramente, ese era el deseo de mi señor. —¿Cómo los llamaremos? —Katrina y Mihai, Laurențiu.    Diecisiete años después —¡Katrina date prisa, tengo un examen a primera hora y no quiero llegar tarde! —No me presiones, si quieres puedes irte, yo iré en mi auto. —Sabes que no me gusta que vayas conduciendo sola, eres muy distraída y excedes los límites de velocidad. —¡Eres un exagerado hermanito! Aunque no lo reconozcas, conduzco mejor que tú. —Pues mientras estudiemos en el mismo instituto, no permitiré que te vayas sola, es mi deber de hermano mayor cuidarte y protegerte. —¿Y cómo sabes que eres el mayor? Te recuerdo que nacimos juntos. —Porque es obvio, soy más maduro que tú. —Lorenzo, dile a mi hermanito que deje de ser tan sobre protector, ya en un mes cumpliremos la mayoría de edad y él cree que seguimos en el vientre materno. —Señorita Katrina, el señor Mihai tiene razón, usted es el tesoro más preciado de esta familia, tiene que dejar que la cuidemos como tal. —¡Ash está bien! Creo que se lo dije a la persona equivocada, estoy segura de que si nuestros padres vivieran, me darían la razón. A pesar de sus réplicas, Katrina disfrutaba inmensamente pasar el mayor tiempo posible con Mihai, era su única familia de sangre, desde que nacieron solo se tenían el uno al otro y a pesar de que Lorenzo, el fiel mayordomo de la familia siempre los había tratado y educado con mucho cariño, no dejaba que sus sentimientos, sobrepasaran la barrera de “señores y empleado” Katrina tomó su bolso y se colgó del brazo de su hermano, sentir su cuerpo junto al suyo, le provocaba un calor que la hacía sentir no solo protegida, sino también muy amada. Llegaron al instituto y descendieron de su lujoso auto, las miradas de sus compañeros no se hacían esperar. Recargadas en el barandal, Florin y Crina, las chicas más populares del colegio, los miraban con recelo. —¿Ya viste? Ya llegaron los hermanos estrambóticos —dijo Crina con envidia en sus palabras. —Tienes un mes para conseguir que Mihai se fije en ti, si es que quieres que te invite al baile de graduación, no creo que se atreva a llegar al baile con su hermana —dijo Florin con malicia, en el fondo disfrutaba las rabietas de su amiga, por no poder hacer que Mihai, la mirara siquiera. —Lo estoy dudando, llevo años tratando de que se fije en mí, pero creo que la hermana lo tiene totalmente embrujado. —No digas tonterías. ¿Crees que entre ellos haya algo? ¡Qué asco! ¿Te imaginas una relación incestuosa con tu hermano? —Sí, qué asqueroso sería y yo creo que hasta ilegal. —Tenemos que hacer un plan para que te invite al baile y no creo que nadie se atreva a invitar a Katrina, es tan…insignificante. —Yo todavía no entiendo cómo es que son hermanos gemelos, él es guapísimo y ella, bueno ella es diferente. —También me pregunto lo mismo, solo se parecen en el color de piel, y ambos tienen ese rojo intenso en los labios, pero por lo demás, son totalmente diferentes. —¡Hola Mihai! ¿Podemos hablar un minuto? Tengo algo importante que decirte —, dijo Crina cuando los gemelos pasaron frente a ellas. Katrina se detuvo un momento, no podía evitar sentir celos cuando las mujeres prácticamente se lanzaban a los brazos de su hermano, pero sabía que iba a llegar el momento en que él, finalmente se decidiera a tener una novia y entonces ellos dejarían de ser inseparables. —¿No tenías un examen muy importante a primera hora hermanito? Me obligaste a salir de casa con prisa. Mihai sonrió, le encantaba ver el rostro de su hermana cuando se ponía celosa, era la cosa más dulce que había visto en su vida. —Lo siento Crina, mi hermana tiene razón, tengo prisa porque debo presentar un examen. —¿Te puedo ver en el almuerzo? — preguntó la chica con su sonrisa más seductora, logrando que a Katrina se le retorciera el estómago de coraje. —Sí claro, te veo en el almuerzo —Contestó sin dejar de mirar los ojos acusadores de su hermana y siguió su camino. Como todos los días, se aseguró de que Katrina entrara en su salón de clases y él se dirigió al suyo, habían decidido tomar materias por separado para tener un poco de independencia, pero la verdad es que disfrutaban hacer todo juntos. Katrina tomó su lugar y sacó un libro para leer mientras iniciaba la clase, siempre era la primera en llegar al salón porque Mihai se aseguraba de que siempre llegaran a tiempo. —¿No crees que ya deberías dejar respirar a tu hermano? —Preguntó Florin quitándole el libro de las manos. —¿Y tú no crees que te deberías meter en tus asuntos? —Vamos Katrina, no te enojes, pero es la verdad, Mihai ya está bastante mayorcito y además es demasiado guapo como para que le niegues la oportunidad de que las chicas se le acerquen, después de todo, tú no puedes darle lo que Crina le daría. Katrina sabía que estaba hablando de sexo, y sí, ella ya sabía eso, muchas veces se había preguntado si su hermano ya había tenido sexo alguna vez, ellos pasaban la mayor parte del tiempo juntos, pero Mihai solía salir por las noches sin decirle a nadie a dónde iba, ni siquiera a ella. —No pierdas tu tiempo Florin —dijo Crina con tono de burla —seguro que “la monja” pretende tener a su hermano para ella, es asqueroso, pero hay gente enferma en el mundo. Katrina se puso de pie y le arrebató su libro a Florin, se tragó sus palabras y salió del salón, se dirigió al baño y se lavó la cara, tratando de evitar que se notara que estaba llorando, aunque le doliera, sabía que tenían razón, tarde o temprano ella y Mihai, iban a tener que aprender a volar por separado y por mucho que le disgustara la idea, él iba a terminar enamorado de alguien como Crina. Buscó en su bolso su protector solar, se había lavado el rostro y tenía que cubrirse de nuevo, tanto ella como su hermano compartían una extraña enfermedad, eran alérgicos a los rayos del sol y sólo podían exponerse usando un potente protector que un laboratorio especializado hacía para ellos. Se cansó de buscar en su bolso y no encontró nada, se maldijo por la estupidez de no haber puesto el tubo de crema en el bolso, por un momento pensó que si se mantenía dentro del edificio, no tendría ningún problema, pero en cuanto abrió la puerta del baño, se percató de que el pasillo estaba iluminado por los rayos del sol que entraban por los amplios ventanales. —¡Ahora sí que la jodiste Katrina! —Se riñó a si misma por haber olvidado algo tan importante para su salud. Buscó de nuevo en su bolso, no podía llamar a Mihai para que le buscara la crema, pero podía llamar a Lorenzo para que le enviara una. Se dio de topes contra la pared al darse cuenta de que tampoco estaba su móvil y estaba metida en un gran problema. Recordó que cuando tenía doce años, se rebeló contra el uso del protector solar y en un berrinche salió corriendo al jardín exponiendo su piel, en cuestión de segundos su rostro y sus brazos se llenaron de llagas. Gertrudis el ama de llaves y Lorenzo pasaron noches cuidándola hasta que sanaron sus heridas y Mihai lloraba con ella al verla sufrir por el dolor. Suspiró profundamente y se sentó sobre el retrete, no le quedaba más remedio que esperar a que alguna chica se apareciera por el baño, para pedirle que le prestara el móvil, o que le avisaran a Mihai para que le llevara la crema. Lo malo es que las clases acababan de comenzar y corría el riesgo de tener que esperar al menos dos horas, antes que se apareciera alguien por ahí. Sacó un libro y comenzó a leer, disfrutaba mucho de leer poesía y novela romántica, ella pensaba que era un alma vieja en un cuerpo joven, no le gustaba hacer nada de lo que hacían las chicas de su edad, al contrario, se aburría escuchando sus conversaciones frívolas sobre moda y música escandalosa que ella no soportaba, ella prefería la música clásica, el cine y siempre pensaba que debía haber nacido en otra época. Pasaba el tiempo y nadie entraba en el baño, abrió un poco la puerta para ver si había cambiado la posición del sol y nada, por el contrario, era cada vez más intenso.

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