Me hicieron parir dos veces más, ni siquiera me dejaban ver a las niñas, lo único que sabía por lo que escuchaba decir, era que todas se llamaban Katrina, igual que yo, solo les cambiaban el apellido. Pensé que me tendrían en ese lugar para siempre, hasta que mi cuerpo no pudiera parir más, pero algo pasó y los planes cambiaron. —Ha llegado el momento de sembrar la carnada — Dijo el anciano unos días después de que parí. —Se hará como usted diga santo padre. Ya está todo listo. —¿Cuántos pequeños demonios tenemos en total? —Tenemos tres criaturas, serán criadas con familias dispuestas a colaborar con la causa. —Con eso será suficiente, ya podemos sacrificar a la madre. Al escuchar sus palabras temí por mi vida, aunque en realidad eso no era vida, vivir encadenada solo como una incub

