4- La curiosidad mató al gato.

1638 Palabras
Como no puedo con mi genio y mi curiosidad está al límite de lo posible, decido entrar al cuarto. Sólo voy a darle una mirada ¿Qué puede haber que yo no tenga que ver? Aunque conociendo a Ulises y sus perversiones, puedo esperar cualquier cosa. Sin darme cuenta mis pasos me llevan hasta la puerta de “ese” cuarto. ¡Qué casualidad! Yo sólo pensaba en esto y acá estoy. Y ya que estoy acá no puedo irme sin echarle una miradita. Una chiquita. Pongo la mano en el picaporte y giro la perilla como si estuviera por entrar a robar. Sin hacer ruido. Primero asomo la cabeza. No se ve nada fuera de lo común, así que meto un pie y después el otro y… ya estoy adentro. Tampoco es la gran cosa. A esta altura ya nada me sorprende. De pronto escucho un leve quejido de las maderas del piso -Lo que hace la curiosidad -¡Ay! ¡Por Dios! Ya te dije que no hagas eso. Me vas a matar de un infarto -¿No te dije que no entraras a este cuarto? -Sí. Pero la manera en que lo dijiste fue una invitación a que lo haga. Sabés que no puedo resistirme. -La curiosidad mató al gato. -No soy un gato, aunque si soy muy curiosa -Ya veo. Vamos. Salgamos de acá -Pero... -Nada. Salvo que quieras hacer uso del lugar. -¡Ni loca! Aunque… -Soraya. No me tientes. Vamos -Pero… Yo… De pronto frena sus pasos, se pone a centímetros de mis labios para decir con una sonrisa socarrona -¿Querés participar de una sesión de juego? –Interroga mientras veo en sus ojos la malicia -No. Ya me voy. Salgo del lugar y la puerta se cierra detrás de mí. Como ese cuarto está preparado para que no se escuche nada, cuando sus invitadas pasan tiempo ahí, no puedo escuchar nada de nada. Lo que me llena más de curiosidad ¿Por qué estoy tan intrigada en saber lo que hace? Es decir, sé lo que hace. No soy tonta, pero me gustaría ser una mosca para estar ahí adentro en el preciso momento que esta con una chica. ¿Pero qué digo? No soy una… una… No importa. Tengo mejores cosas que hacer. Saco de mi cabeza esos pensamientos pecaminosos e intento ocupar mi mente en otra cosa. ¿Qué mejor que llamar a mi papá para contarle lo que pasa con Bruno? Marco el número y espero respuesta. Pero nada. Llamo a mi mamá, tampoco contesta. ¿Dónde estarán? Seguro se fueron a algún lugar donde no hay señal. Entonces llamo a mi amigo Scott. -Hola linda. Tanto tiempo -Hola Scott ¿Cómo estás? -Yo bien, pero tu voz me dice que vos no. -Me separé de Bruno. Le pedí el divorcio. –Le largo sin pensar -¡Alto! ¿Cómo es eso? ¿No se acaban de casar? -Sí, pero es largo de contar -Ahora estoy con tiempo. Dale, te escucho Le relato todo lo que pasó con lujo de detalles. Increíblemente Scott piensa que algo no está bien y que lo que necesito es hablar con Bruno. Creo que no es el mejor momento. Tal vez en unos días, cuando mi cabeza esté más despejada. Cuando terminamos de hablar le entra la curiosidad sobre lo de amos y sumisas. ¡Pero qué perversos son los hombres! Sólo piensan en sexo. Y ahora que lo pienso me acuerdo que en este instante Ulises está en ese cuarto ¿Qué estará haciendo? No salió ¡¿Por qué me tenía que acordar de eso justo ahora?! Como ya no aguanto más, termino mi conversación con Scott para irme a dar un baño relajante, pero a mitad de escalera escucho el timbre. Bajo corriendo a abrir la puerta. -Yo voy –grita Ulises -Estoy más cerca. –Me adelanto y abro la puerta. Me encuentro con una mujer delgada, de mi altura, pelo rojo y labios del mismo color. Tengo que admitir que es… ¡¡¡Ufff!! Imponente sería la palabra correcta -Buenas noches. Busco a Ulises. -Hola Alma. Pasa. –Invita el dueño de casa -¿Algo para tomar? –Invito -No. Ella y yo vamos a atender unos negocios. -Veo su cara de lobo hambriento. Sí, claro. Negocios. Si esos dos van a hacer negocios, yo soy Miss Universo. Cierro la puerta y veo cómo se van por donde vino él. Ahora necesito esa ducha más que antes. Este hombre hace que mi mente se vuelva más perversa y mi cuerpo no puede no responder a eso. Esto es incitación al sexo. Sí. Sin ninguna duda. Tengo que hacer algo rápido con mi tiempo. En estos pocos días que estoy en la casa de Ulises me estoy volviendo desvergonzada, indecente y hasta con la mente más perversa. La ducha me relajó y traté de pensar en otra cosa que no sea imaginar lo que pasa en ese cuarto. Aunque no tuve mucho éxito. Busco algo cómodo y bajo a la cocina a buscar algo para tomar. Me preparo unas tostadas y una chocolatada para ir a ver la tele. La película está muy buena. Hay mucha intriga, conspiración y engaños. Me tiene muy atrapada. Pero no tanto como para no escuchar que ya terminaron de hacer negocios. -Gracias. Nos vemos pronto chicas. Espero lo hayan disfrutado. -Claro que sí. Cuando quiera mi amo –Responden como robots. -Vamos, el taxi está en la puerta. Los veo salir en dirección al patio de entrada. Los sigo con la mirada. ¡Qué tal! Ahora hace negocio con más de una a la vez. Ulises las acompaña hasta el auto y espera a que ellas se vayan. Lo veo entrar y me hago la distraída. -Veo que lo pasaron muy bien. -De maravilla. -¡Qué bueno que alguien lo pase bien! -Vos también podrías pasarlo bien. Pero hasta que no entiendas que esto es sólo sexo entre dos personas sin compromiso, nunca vas a poder disfrutar de este mundo. -Puedo disfrutar cuando quiera. Sólo que ahora no estoy emocionalmente estable y esto puede ocasionarme confusión. Los momentos de debilidad hacen que la gente haga locuras y después se arrepientan. Además no me gusta el público. Lo veo sonreír y encaminarse a la cocina. Saca unas cuantas cosas de la heladera y se prepara un batido. Es muy obsesivo con su cuerpo. Se cuida con la alimentación, hace ejercicios y cuida su estética, tanto como una mujer. -¿Miramos algo? –Me dice de pronto. -Ok. Acomodados en el sillón disfruto de la compañía. Aunque sigo sintiendo mis sentidos a flor de piel. Tenerlo cerca. Rozando nuestra piel, con mis emociones vulnerables y mi mente perversa que no ayuda a sacar esas imágenes subidas de tono de mi cabeza, no me dan tregua. -Vamos a cenar ¿De qué tenés ganas? –Interrumpe mis pensamientos -Quiero piza. –Es el mejor sustituto para el sexo. Una buena piza con mucho queso. -¿La pido con algo en especial? -Sí, mitad napolitana, mitad con calabresa. -Parece que estás con mucha hambre. No le contesto, entiendo perfectamente a lo que se refiere. Es un tonto ¿O soy yo la mal pensada? Mientras disfruto de la piza conversamos de temas triviales. Me invita a tomar algo fuerte y sentarnos en la sala ¡Increíble! Dos sorbos de licor y me quedo dormida en el sofá. Siento las manos de Ulises que me levantan y me lleva hasta mi cama. Me tapa y se va. Abro un poco los ojos para asegurarme dónde estoy. Creo que es todo un caballero. Por lo menos conmigo. Un rayo de sol me pega justo en la cara, haciendo que me despierte. Desperezo mi cuerpo y salto de la cama. Hoy tengo muchas cosas que hacer. Primero hacer ejercicio, después desayunar y a continuación hablar con Bruno. Vuelvo de correr y no encuentro a Ulises por ningún lado. Seguro ya se fue a trabajar. Así que me preparo algo rápido para desayunar mientras le mando un mensaje a Bruno. Es mejor que llamarlo y crear momentos incómodos. Soraya: Hola. Necesito que nos veamos para hablar. Hay unos temas legales que quiero que arreglemos para el divorcio. La respuesta no tarda: Bruno: Al mediodía en el restaurant de siempre No respondo, es más que obvio que voy a ir. Lavo la taza y acomodo todo antes de ir a prepararme. Antes de ir a verlo paso por lo de Tamy. Quiero saber cómo va esa panza. La llamo para asegurarme que está pero no responde. Le mando un mensaje avisando que voy a verla. Al instante me responde que no está en la casa. Que más tarde me llama. Como no tengo algo mejor que hacer decido ir a visitar a Carla. Seguro se va aponer feliz de que la visite. Al ingresar al edificio los empleados me saludan con amabilidad. Claro saben que soy la esposa del gerente. Bueno ex, pero ellos no lo saben. Subo hasta el piso de mi antigua compañera para sorprenderla, pero la sorprendida soy yo. Como no la veo en su escritorio, miro a través del vidrio de la oficina de Ulises a ver si está ahí. ¡Y sí que está! Miro por la ranura para ver a dos personas, que, por la posición en la que alcanzo a ver, no están trabajando. Me incorporo. Miro para todos lados. No veo a nadie. Pienso en golpear la puerta y entrar sin esperar a que me den paso. Así descubro al perverso de Ulises haciendo lo que no debe en su oficina, y lo peor es que haya inducido a mi amiga a ese mundo de perversión. Me quedo analizando la situación.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR