—Kat, abre la puerta, por favor —suplica Ezra, desde el otro lado de la puerta. Lo ignoro y escucho el tintineo de las llaves y la puerta se abre. —¿Tienes una llave? —gruño con ceño fruncido. —Uh sí, para todas las habitaciones, llave maestra —dice, levantándola y mostrándomela. Le hago un gesto con los ojos. Pasa una mano por su cabello y suspira, apoyándose contra la pared a mi lado. —Querías saber, te lo dijimos. —Ellos son mis padres. Ezra suspira en voz alta. —Y si no lo son, no cambia nada. Todavía pueden ser tus padres. Te criaron dándoles ese título. —Sin embargo, hay lagunas en lo que dijiste, no tengo un lobo. Incluso dijiste que solo un lobo lunar tiene esas características, así que si eso es cierto, ¿dónde está ella? —le pregunto, girándome para enfrentarlo. —Hoy es n

