Después de burlarse de mí con promesas de querer besarnos más, Ezra cambió de rumbo y me mantuvo despierta casi toda la noche, viendo película tras película hasta que todas se funden en una. Quiero dormir, pero él me hace sentar en el sofá. Estuvo bien por un tiempo, pero mientras más tiempo pasaba en esa maldita cosa, más incómoda me sentía porque estaba atrapada ahí hora tras hora —Por favor, ¿podemos ir a la cama? —bostezo, necesitaba desesperadamente de descanso. Son las 10 p.m. y he estado despierta desde el amanecer, estoy aburrida de las películas. Aunque Ezra me dejara ver lo que yo quisiera, mis ojos estaban como lija. —Solo quédate despierta un poco más, hasta la medianoche —se queja, tratando de jalarme de vuelta al sofá cuando intento levantarme. —No, ya terminé. Me voy a l

